Opinión

MORELIA
La izquierda en México
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 20 de Junio de 2007
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Pocas cosas son capaces de originar tan disímbolas interpretaciones como el etiquetar a algo o a alguien como de «izquierda» o de «derecha». Efectiva-
mente los términos izquierda y derecha son usados como conceptos políticos, pero por loros que repiten lo que oyen y por aquellos a quienes les agrada la obsolescencia y la confusión. Su ubicación en el espacio político es sencillamente una metáfora, fijada en 1789 en la votación de la Asamblea Constituyente francesa. Se acuñó el término “izquierda” en referencia a los representantes de las ideas republicanas y democráticas, que solían ocupar los asientos ubicados justo al lado izquierdo de la sala. La derecha, por el contrario, era el área que ocupaban los monárquicos.
Esta disposición de los votantes en el espacio físico, posteriormente pasó a metaforizar el republicanismo revolucionario en el siglo XIX en Europa, rebasando a los indefendibles Robespierre, Saint Just, Marat y Dantón. En la transición del siglo XIX al XX, su uso quedó ligado a los movimientos de carácter socialista y, a partir de marzo de 1919, cuando Lenin organiza la III Internacional, su uso queda ligado con la definición del comunismo.
Pero eso es historia, en la actualidad la lucha social se ha convertido en lucha partidista y la lógica electoral es la lógica del mercado, donde, mediante el voto, los ciudadanos eligen de entre diversas opciones posibles. Y en este contexto, ¿a quién representan los políticos si no a sí mismos o, en el mejor de los casos, a los intereses de su grupo, tribu o facción?
Hoy, la verdad, decirse de izquierda o de derecha no significa ni garantiza nada. Sólo es cascajo vacío bajo el cual cualquier demagogo puede transitar con engaños.
En todo el mundo, y México no es la excepción, cuando se hable de la «izquierda» hay que hablar en plural pues con esa denominación existe una variopinta cantidad de prácticas, posiciones, ideas y tradiciones que difícilmente tienen un denominador común.
Hay que recordar que, bajo la etiqueta de izquierda solían designarse las posiciones que, hipotéticamente, y recalco lo de hipotéticamente, luchaban por la justicia social, que supuestamente anteponían los principios al pragmatismo, que hacían de la democracia un compromiso y no una coartada. Y ahora que vemos que desde esas «izquierdas» se realizan actos de refinada corrupción, cuando lo que les importa son exclusivamente los resultados inmediatos, cuando vemos que se aceptan a conocidos delincuentes por meras razones electorales, y cuando en nombre de una inexistente ideología de izquierda se mantienen prácticas clientelares que trafican con el interés de las personas, en estos casos resulta evidente que hay una absoluta incongruencia con el concepto.
Cuando nos encontramos con el despropósito de que pretenden ser de izquierda políticos tan alejados del respeto a la democracia como Bejarano, López Obrador, Ímaz, Leonel Cota, Batres, Graco Ramírez, Fernández Noroña, conjuntamente con viejos y nuevos caciques del PRI como Monreal, Guadarrama, Núñez, Camacho, Ebrard, Socorro Díaz y estructuras tan impresentables como la CNTE, evidentemente hay una gran confusión conceptual, o una criminal hipocresía. Nada que ver estas gentes con las trayectorias y definiciones políticas de Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo o Alejandro Gascón Mercado, entre otros dirigentes de una ya inexistente izquierda.
Y en el caso concreto de Michoacán, sinceramente me pregunto, ¿alguien pensará que son de izquierda los insignes precandidatos perredistas a la gubernatura del estado? Revísenlos, hay empresarios, policías, oportunistas, arribistas, pero ¿de izquierda? ¿Quién?
La izquierda mexicana hace tiempo abandonó su tradición y ahora aparece dominada por el lumpen cesarista, esa izquierda y varios intelectuales de medio pelo se hundieron con gusto en el lodazal del populismo obradorista, es la izquierda que instaló el plantón en el corredor Zócalo-Periférico, es la izquierda fascista, agresiva, intolerante e iletrada que protesta contra la Ley del ISSSTE con acrítica obediencia, es la izquierda que inspira a los limitados amanuenses y los incultos calumnistas que pretenden defender lo indefendible. Son, en definitiva, los nuevos sans culottes de un nuevo y mesiánico Robespierre tropical.
En el fondo, la violencia de la izquierda mexicana es una aceptación tácita del colapso de su ya escaso pensamiento crítico. Si esa izquierda no tiene más argumentos que la mentira, la intolerancia, la cerrazón y la agresión verbal o física como forma de responder a las ideas de los adversarios, entonces esa izquierda se ha quedado sin argumentos y no puede representar una opción.
El vacío ideológico de esa izquierda ha sido llenado con los delirantes editoriales del «periódico objetivo», con las fantasías que manejan sus columnistas para consumo y deleite de sus resentidos lectores y con los desfiguros de Fernández Noroña, fiel intérprete de López Obrador. Y lo preocupante es que ellos representan, de cuerpo entero, a la actual «izquierda» del secuestrado PRD.
Lástima de partido.