Opinión

MORELIA
Repercusiones
Ingenuidad o maniqueísmo
Samuel Maldonado B. Martes 12 de Junio de 2007
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Ingenuamente y metafóricamente, alguna vez siendo gobernador del Estado el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, le comenté la urgencia de que, en materia de
elecciones, se pudiera mandar una iniciativa de ley para legislar a efecto de que, como un imperativo de legibilidad, a los aspirantes a cualquier posición de elección constitucional, se les exigiera que supieran leer y escribir; es decir, que se buscase a los mejores perfiles, buscando principalmente que la sociedad supiera que con más y mejor calificación profesional, ya en el cumplimiento de sus responsabilidades de ente público, los resultados esperados fuesen los más productivos y eficientes, para beneficio de la sociedad en lo general y del país.
Desde luego, que la idea era esencialmente señalar que con más preparación de cualquier candidato, sería más fácil y más efectiva la búsqueda y solución a la múltiple problemática que se presenta en la administración pública y de gobierno.
Ciertamente de haberse legislado desde 1917 específicamente en esta idea, nunca hubiera sido posible, por ejemplo, que el general Lázaro Cárdenas hubiese llegado a la presidencia de La República.
Pasado el tiempo, se me ocurrió realizar una serie de encuestas con la participación de funcionarios federales, estatales, iniciativa privada, legisladores, colegios de profesionistas, etc., para conocer, dentro del estado, quienes eran los diez presidentes municipales que mejor venían trabajado y la sorpresa mayor fue que dentro de esta decena de funcionarios había gente del sector campesino, profesores de nivel básico y artesanos, concluyendo entonces que para ser buen funcionario, buen administrador público y buen legislador, se requería principalmente tener la mejor disposición para hacerlo y sí, de mucha sensibilidad política.
Y precisamente esa característica es la que nos falta con mayor frecuencia a los que estamos inmersos en la vida política nacional. No otra cosa han venido demostrando varios de los aspirantes que, lamentablemente, se han dedicado más que a ofertar su programa de trabajo, a denigrar a sus compañeros a sabiendas de que finalmente este tipo de campaña no da nunca resultados positivos, ni los aspirantes ganan más adeptos y si se perjudica la imagen del partido al que pertenecen y, como ejemplo cabe señalar que en las cuatro ocasiones anteriores en las que el PRD ha buscado la Presidencia de México, no la ha encontrado: la primera, por efecto del gran fraude electoral; la segunda (1994) debido a la intensísima campaña de denigración emprendida por el gobierno de Carlos Salinas en contra de CCS y del PRD; la tercera vez a causa del “voto útil” que terminó resultando inútil. Este voto impulsado por un grupo importante de intelectuales supuestamente de izquierda y por miembros relevantes del propio partido terminó apoyando a Vicente Fox e integrándose a su gabinete. La cuarta ocasión, por errores perredístas y por la soberbia al sentir que ya teníamos ganada la elección.
En virtud de esa experiencia negativa, no podemos permitir que en Michoacán se repita la misma historia de pérdidas y fracasos a nivel nacional; no solo no necesitamos de candidatos con el mejor perfil profesional, sino con gente de alta sensibilidad y de conducta moral, sino requerimos que los de menor perfil y posibilidades no terminen de perder la autoridad moral que poseen. Criticar al gobierno del Estado en lugar de difundir los logros que se han tenido, muestra una actitud regresiva y la debilidad de quien profesa la crítica.
Nos quejamos de que el PRD no avanza como quisiéramos y cuando somos gobierno, somos los primeros en atacarlo y en difamarlo. Sólo como dato, recuerdo que cuando ganamos la presidencia municipal de Morelia, que en su momento era la posición de gobierno más importante que tenía el PRD, supuestos militantes perredístas de izquierda, fueron los primeros en tomar arbitrariamente el Ayuntamiento de Morelia y en causar problemas de descrédito y de imagen pública. ¡Nunca más lo hemos vuelto a ganar, y ya han pasado 15 años!
Por eso, los aspirantes del PRD deben dejar a un lado esa absurda campaña de crítica atroz y grotesca, o los electores los castigaremos no votando por ellos. Es la única forma de que en lo sucesivo, quien tenga interés en participar como candidato de elección popular, realice una campaña prepositiva, con pleno respeto no únicamente a sus compañeros de partido sino a los de cualquier otro partido político y sobre todo, de respeto a la sociedad en lo general, piensen o no como nosotros.