Opinión

MORELIA
¿Día de la Libertad de Expresión?
La celebración del Día de la Libertad de Expresión tiene un origen oscuro, de humillación ante el poder presidencial
Arturo Herrera Cornejo Jueves 7 de Junio de 2007
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¿Por qué el 7 de junio sigue celebrándose en Michoacán el Día de la Libertad de Expresión? Hoy, habrá festejo en Casa de Gobierno; también en las princi-
pales ciudades de la entidad los presidentes municipales reunirán a los reporteros de sus regiones para agasajarlos. Justo es reconocer el esfuerzo de los comunicadores, pero hay una historia que se asocia con lo peor, una mancha de origen.
El 7 de junio de 1951, en la Ciudad de México, los directores de los principales diarios se reunieron en una comida con el presidente de la República, Miguel Alemán Valdez. El festejo nació a iniciativa del coronel José García Valseca, dueño de la cadena de «los Soles» para protagonizar desde entonces, cada año, un torneo de salamería. El único propósito del encuentro era dar las gracias al jefe del Ejecutivo nacional.
El festejo del 7 de junio se originó de un hecho bochornoso, la connivencia entre editores y gobierno. Eran tiempos en los que la prensa se encontraba totalmente sometida y se hacía de la vista gorda ante los abusos del poder. El presidente fue invitado a una comida de agradecimiento: «¡Gracias señor presidente por la forma tan rápida con que resolvió la escasez de papel!», dijo García Valseca, luego de que la orquesta Pedro García -que acompañó con sus notas a los cantantes Pedro Vargas y Toña La Negra- hizo una pausa para dar paso a los discursos en los que se reiteró una y otra vez el agradecimiento al presidente Alemán «por hacer posible el ejercicio de la libertad de prensa».
El menú que se sirvió en el Restaurante Grillón, de la Ciudad de México, abrió con hígado de ganso con jalea de champaña, huevos rellenos de caviar ruso, de platos fuertes langosta a la americana, arroz a la criolla, timaba de jamón de York a la florentina y pato en salsa de Curazao; de postre crepas de cajeta de almendras, todo regado con vinos Chablis 1946 y champaña Charles Heidseck.
Martín Luis Guzmán, director del semanario Tiempo, fue el encargado de redactar la invitación que se distribuyó a 128 directores de medios de la capital y de los estados, en la que se leía: «La prensa mexicana, integrada por todos los diarios, semanarios, y revistas serios y de carácter informativo, se halla en deuda con el presidente de la República, licenciado Miguel Alemán. Durante los cuatro años y medio ya transcurridos dentro de su periodo ha sido él constante y escrupuloso mantenedor de la libertad de prensa, así como la de pensamiento y palabra».
Al año siguiente, el coronel García Valseca bautizó al 7 de junio como el «día de la libertad de prensa» y, en un acto de genuflexión hacia el presidente, al hacer uso de la palabra dijo: «Proponemos hoy a la nación mexicana que este 7 de junio sea, año con año, de consagración de los periodistas al ideal de la libertad de prensa que usted, señor presidente, ha enaltecido con respeto, como parte fundamental de nuestra nacionalidad».
De ahí en adelante, cada año el 7 de junio fue el día de acción de gracias al presidente en turno, desde Alemán hasta Zedillo, por permitir el ejercicio de un derecho consagrado en la Constitución General de la República.
Miguel Alemán, el primer presidente homenajeado con este ritual, para nada fue respetuoso de la libertad de expresión.
Jorge Piñó Sandoval, uno de los pocos periodistas que se le salió del huacal al régimen en aquellos años, sufrió diversas agresiones, su publicación satírica Don Timorato mereció que en uno de sus informes de gobierno Alemán le dedicara estas palabras: «El respeto a las libertades ciudadanas es el mejor patrimonio de la Revolución. Algunos irresponsables han creído que cuando el gobierno presencia sin intervenir las extralimitaciones de esas libertades acusa debilidades en su función de dirigente. Mas esto no lo imposibilita para que, si las circunstancias lo requieren, por el bien de México, sea aplicado el mayor rigor de la ley para salvaguardar los intereses nacionales».
Piñó Sandoval fundó en el sexenio alemanista también una publicación seria: Presente «con un escaso puñado de periodistas libres -escribió en su primer número- que viene a hacer periodismo independiente, al servicio del México honrado en lucha franca contra el bandidaje, la simulación, el desenfreno, infiltrado en todos sus sectores». Sólo le permitieron la salida de 29 números; PIPSA, la empresa estatal que monopolizaba el papel, se lo negó; Piñó tuvo que meter papel finlandés y su revista subió de precio: eso no bastó, entonces le mandaron pistoleros y las instalaciones de Presente fueron destruidas. De este atentado contra la libertad de prensa la noticia circuló de boca en boca, ningún medio se atrevió a publicar nada.
Semanas después Piñó Sandoval cayó de manera misteriosa del segundo piso de un edificio en el centro de la capital del país, entonces decidió dejar de publicar Presente y exiliarse en Argentina, pudo volver a México hasta 1957. Mientras, se seguía festejando el 7 de junio como el «día de la libertad de expresión».
José Pagés Llergo, director de Hoy, tuvo que salir, también en el sexenio alemanista, de esa publicación luego de que a su mesa de director llegó una foto de la pareja formada por Carlos Girón y su esposa Beatriz Alemán Velasco, hija del presidente, en un cabaret de París; al yerno del presidente se le iban los ojos al contemplar a una bailarina con el torso desnudo mientras ella hacía gestos de disgusto. Quisieron impedirle a Pagés la publicación de esa foto. El periodista renunció para fundar la revista Siempre.
Pagés Llergo ya había sufrido el embate del poder, en 1937 tenía un semanario llamado Rotofoto, de muy breve existencia, luego de que publicó una foto del presidente Lázaro Cárdenas en calzoncillos, simpatizantes del mandatario le armaron una huelga y le destruyeron los talleres. A comunicarle lo que había pasado llegó René Capistrán Garza y le dijo:
-¡Pepe, ya le partieron la jeta a Rotofoto!
«Pues qué bueno que se la partieron a Rotofoto y no a nosotros», le respondió con absoluta tranquilidad Pagés.
El 7 de junio se instituyó en homenaje primero al mandatario que prohijó el charrismo sindical y se preservó para rendir pleitesía a los presidentes que lo sucedieron. En su libro Prensa vendida, Rafael Rodríguez Castañeda sintetiza lo que fue esta fecha a lo largo de los sexenios:
Miguel Alemán.- Gracias Señor Presidente.
Adolfo Ruiz Cortines.- A sus órdenes, Señor Presidente.
Adolfo López Mateos.- Cómo usted diga, Señor Presidente.
Gustavo Díaz Ordaz.- Hasta la ignominia, Señor Presidente.
Luis Echeverría.- Estamos con usted, Señor Presidente.
José López Portillo.- Bravo, Señor Presidente.
Miguel de la Madrid.- Nos aguantamos, Señor Presidente.
Carlos Salinas de Gortari.- Nos modernizamos, Señor Presidente.
Hasta el sexenio de Zedillo el Día de la Libertad de Prensa fue un acto de servilismo al presidente, que se replicaba en los estados con los gobernadores.
El 3 de mayo ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Día Internacional de la Libertad de Expresión; en esa fecha que ha sido adoptada ya incluso por México, se entregan los premios nacionales de periodismo.
En Michoacán el único «argumento» ha sido que esa fecha coincide con el día de los albañiles, como si el oficio de los trabajadores de la construcción fuera denigrante y la coincidencia del festejo ofensiva, ello sin observar los oscuros orígenes de la celebración del 7 de junio.