Opinión

MORELIA
Cuando la ley estorba
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 30 de Mayo de 2007
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«Cuando la ley estorba» es el título de un interesante artículo del conocido abogado experto en asuntos laborales Néstor de Buen, publicado el 14 de mayo
del 2006 en La Jornada, en un inusual y aislado destello de objetividad. Artículo sólidamente argumentado, desnuda y exhibe en toda su crudeza la ausencia de respeto hacia las leyes por parte de las entonces autoridades perredistas del Distrito Federal. Analiza los pormenores y corrupciones del caso de la empresa Equipamientos Urbanos de México, más conocida como Eumex y la ilegal manera en que se comportaron los responsables de la justicia en el Distrito Federal.
Que la justicia es asignatura pendiente en México desde que era la Nueva España no es ninguna novedad. Que la corrupción en el aparato de justicia no la inventó el PRI es también muy cierto, pero también es cierto que en sus 70 años de existencia, el PRI elevó la corrupción a niveles estratosféricos. Corrupción que evidentemente no ha disminuido, al contrario, ahora, sobre todo en los gobiernos emanados de ese priísmo recargado, más conocido como PRD, ha llegado a niveles de refinamiento impensables hace unos años.
Quejas de corrupción hay en todos los estados, gobernados por el color que sea. Ninguno se escapa y los indicios de corrupción en el círculo cercano de la anterior pareja presidencial son ya inocultables. Aparte de incultos, medrosos y torpes resultaron no muy honestos y actuaron como tapadera de verdaderas corrupciones. Claro que no llegaron a los niveles de saqueo de Echeverría y López Portillo, pero es que estos señores dejaron poco que robar.
Las acusaciones de corrupción e ilegalidad abundan en las entidades gobernadas por el PRD, sobresaliendo, con mucho, el Distrito Federal, no porque los demás sean menos, sino porque en el Distrito Federal se maneja un gran presupuesto y es una caja de resonancia nacional.
Ahí también se concentran estructuras afines, algunas sindicales y otras de corte definitivamente porril y que siguiendo su tradición de origen clientelar priísta, ahora perredista, son usadas como estructuras de choque.
La tolerancia y la sensatez no son cualidades que distingan a muchos de los militantes del PRD. Inicialmente esgrimiendo la justificación de haber sido reprimidos en el sexenio de Salinas, ahora ya no ocupan justificación alguna. Simplemente si algo o alguien no es de su agrado se lanzan en su contra usando como carne de cañón a los «compañeros de viaje» de las agrupaciones sindicales afines como la irascible CNTE y sus golpeadores.
Esos grupos de supuestos inconformes sólo son mercenarios de la violencia, golpeadores y provocadores que por alguna canonjía lo mismo asaltan una facultad de la UNAM, una escuela del IPN, que alborotan frente a la Asamblea Legislativa, cierran la Bolsa de Valores, vandalizan sedes de partidos políticos o estructuras del ISSSTE, casas de gobierno o agreden a diputados o senadores considerados «incómodos».
Estos grupos, copias de los cuerpos de choque de las antiguas centrales obreras, en su actual versión reciclada por el PRD, fueron convertidos un verdaderas tropas Sturm Abteilung (versión totonaca) y todo indica que están vinculados a impresentables personajes como René Bejarano y Martí Batres, entre otros, y tienen en Fernández Noroña a su Ernst Röhm.
Es imposible negar que estos grupos, que se mueven entre la intolerancia y la ilegalidad, pueden actuar libremente, gritar, agredir, golpear, pintarrajear, romper vidrios, impedir el libre tránsito de las personas y causar el desorden que sea pues en las entidades manejadas por autoridades perredistas no habrá funcionario que, así sea en mínima escala, intente hacer cumplir la ley. Ellos disponen, en estas entidades, de una verdadera patente de corso. Quien pretenda hacer cumplir la ley es inmediatamente calificado de represor y gorila. Acostumbran actuar en hordas, su valentía está sustentada en el número, no en la razón y mucho menos en la ley. No han incendiado Palacio de Gobierno sólo porque no han querido, pues de querer nadie se los va a impedir.
Es la hora de que el PRD y sus gobernantes se definan. O actúa como un partido político que acepta y respeta el juego democrático o bien prefiere ser una organización de choque estructurada para imponer su voluntad por medio de la violencia. Tiene ya que decidir su rumbo: O van por el camino de la democracia iniciado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas o prefieren hundirse y alejarse de la sociedad siguiendo al ya irremediablemente dañado López Obrador y su corte de saltimbanquis.
El PRD no puede jugar a ser Jano, el mitológico dios de las dos caras. Como partido supuestamente institucional estuvo a punto de provocar en diciembre pasado una extremadamente grave crisis constitucional al intentar, a golpes, evitar la toma de posesión de Felipe Calderón como presidente, obedeciendo los delirios de López Obrador y amparándose en un fraude que sólo existió en la realidad alterna que maneja el Periódico Objetivo. No fue una amenaza menor. El PRD pretendió subvertir el orden constitucional. Si no pudo fue por una actuación sensata e institucional del PRI y la estrategia del Estado Mayor Presidencial.
Es tiempo de definiciones. ¿Sobrevivirá el PRD en Michoacán? Y si sobrevive, ¿cuál PRD será, el violento o el razonable? Ya lo veremos.