Opinión

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Autoritarismo y mentiras
Es lamentable la decisión de la CNDH y de la PGR en su afán por descalificar la decisión, tanto de la ALDF, como de la ciudadanía de la capital del país, sobre la despenalización del aborto
Carlos Enrique Tapia Miércoles 30 de Mayo de 2007
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El autoritarismo es un exceso del poder. Rechaza el consenso y favorece la irracionalidad y la ausencia de fundamentos en las decisiones. Prefigura un orden
social represivo y conculca la libertad de una parte de los miembros de la sociedad. La mentira es una falsedad sobre algún asunto. Ambos términos nos acompañan en la lectura de la realidad mexicana y latinoamericana actual.
Primero, es lamentable la decisión de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y de la Procuraduría General de la República (PGR) en su afán por descalificar la decisión, tanto de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal (ALDF), como de la ciudadanía de la capital del país, sobre la despenalización del aborto en las primeras doce semanas de gestación.
En dicha acción, por declarar inconstitucional la medida, se aprecian muchas mentiras y un exceso autoritario del poder público. Mienten los panistas, el fascismo ProVida y yunque, el mismo gobierno federal, al usar una institución cuyo fin es la defensa de los derechos humanos, para promover los intereses personales, de fe, creencias religiosas e ideológicas sobre un asunto de salud pública.
La ALDF no legalizó el aborto; tampoco el PRD. Se amplió la posibilidad de la interrupción del embarazo hasta cierto límite; más allá de este término, el aborto sigue siendo ilegal. Es una tremenda mentira la que promueven las religiones, los políticos panistas y los grupúsculos fascistas al respecto. Asimismo, se reconoció legalmente que las mujeres pueden tomar decisiones sobre su cuerpo y la reproducción en un momento dado.
Por su parte, la CNDH está promoviendo los intereses facciosos y fascistas de los grupos hoy en el poder. Si en meses pasados su actuación sobre asuntos tan delicados fueron cuestionados, como el caso de la muerte de la indígena de Zongolica, hoy se confirma que el presidente de ese organismo protege intereses gubernamentales, privados, religiosos, fascistas y facciosos, conculca la libertad de las personas y pervierte los objetivos de la instancia que insanamente dirige al sustentar su dicho en creencias y actos de fe.
El calderonismo, en su afán por imponer su fe y su visión fascistoide de la realidad, está usando instituciones como la CNDH y el aparato del Estado, como en el caso de la PGR. Así, además de usar recursos monetarios proporcionados por el gobierno estadounidense para espiar a los mexicanos, la camarilla que se adueñó fraudulentamente de la Presidencia mexicana y del poder público, promueve acciones autoritarias que favorecen la represión, el abuso del poder, la corrupción y el quebrantamiento de las libertades.
Un vistazo a Latinoamérica nos lleva a Venezuela, donde entre el poder económico y el político se escenifica una batalla más. No tiene razón Hugo Chávez al negar la renovación de la concesión a Radio Caracas Televisión (RCTV), porque es un acto profundamente autoritario, pero tampoco los dueños de esa empresa la tienen, pues no se ha distinguido por ser garante de la libertad de expresión. Dicha empresa colaboró en el golpe de Estado contra el presidente de Venezuela en 2002. Ahí están los datos, los documentos.
La libertad de expresión es un bien preciado y un derecho de los ciudadanos y las sociedades democráticas. Hugo Chávez ha estado impulsando en su país un remedo de socialismo que conculca libertades, abre paso a la represión y negación de otros sectores y ciudadanos a expresarse. Pero RCTV también ha estado haciendo lo mismo. El poder económico detrás de esta empresa ha buscando derrocar una expresión política.
En este sentido, quien crea que se viola la libertad de expresión y de imprenta al cerrar esta empresa venezolana, con 53 años de actividad, favorece el actuar de los grupos de poder económico que quieren situarse por encima del Estado. Este hecho es consecuencia parcial de las políticas estadounidenses promovidas por medio del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), instancias que han obligado a reducir funciones y atribuciones del Estado a favor de los grupos económicos locales.
Sin duda la decisión del Estado venezolano es un acto autoritario. En ciertas circunstancias puede ser preferible cierto exceso de los medios, pero en otras es claramente violatorio de la paz social. Como el caso de la llamada Ley Televisa, hoy a debate en la Suprema Corte de Justicia en nuestro país. En ningún momento los exabruptos de los jilgueros mediáticos, tanto de Televisa como de TV Azteca, así como de algunos medios impresos ligados a la corrupta Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), reflejan la libertad de expresión.
Lo que ha estado sucediendo en Venezuela tiene su parangón en México. A nombre de la libertad de expresión y de imprenta se ha promovido el miedo, el terrorismo de Estado y la fractura de la sociedad. Si nos acercáramos a los contenidos de la programación televisiva, tanto de RCTV de Venezuela como de las televisoras mexicanas, veríamos que cotidianamente promueven la violencia, la exclusión y el conformismo. Y la radio mexicana y michoacana no se queda atrás.
Defender a RTCV y la Ley Televisa, no es defender la libertad de expresión y de imprenta, es abonar al autoritarismo del poder económico y la violencia del mismo por imponer una visión sobre la realidad cargada de miedo y odio. Los jilgueros mediáticos, televisivos y radiofónicos, no se cansan de abonar al fascismo y el linchamiento, haciéndose cómplices del poder económico y político.
Fragmentos: Que la derrota del PAN en Yucatán es una secuela del foxismo. Sólo los ingenuos se la creen. El fracaso del panismo en la tierra del caminante evidencia la corrupción panista, el fraude electoral que llevó al poder a Calderón y un asomo manipulado del cansancio de la ciudadanía del panismo, el PRI reloaded; hecho que llegó muy pronto y que mal harían los políticos michoacanos en desdeñar en este año electoral.