Opinión

MORELIA
Narcotráfico y medios de comunicación
Algunos medios asumen posturas de defensa al narco al criticar los operativos del Ejército Mexicano
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 16 de Mayo de 2007
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El poder corruptor del narcotráfico es enorme. Los márgenes de ganancia que deja el tráfico de drogas, naturales o sintéticas, son inimaginables para el co-
mún de los mortales. Y debe de ser así, para que tantas persones decidan literalmente venderse hasta sus últimas consecuencias con tal de obtener una parte en el enorme pastel de las ganancias ilícitas, sin que les importe el dolor y la ruina que ocasionan con sus acciones. Y todo esto voluntariamente, ya que ellos, sin presión alguna, han decidido libremente que ese será el mejor camino para acumular riquezas. ¿Que la expectativa de vida de un narcotraficante es corta? , pues ellos apuestan a que serán la excepción, y si acaso no es así, pues para eso se hizo el dinero, para gastarlo, y vivir con todos los lujos... mientras vivan.
El negocio es gigantesco, con múltiples ramas y tentáculos. Desde la siembra, cuidados, recolección, transporte, distribución, etcétera. Nada de pequeños inversionistas o aficionados. Todo está fuertemente estructurado, y los escalones se ganan y cuidan con criminal determinación. Un negocio de este calibre no se monta de la noche a la mañana, requiere de una gran cantidad de recursos humanos y materiales, contactos diversos, apoyos y padrinos en múltiples niveles, sobre todo en estructuras policiacas, desde los niveles más bajos, pasando por mandos medios hasta contactos clave con altos funcionarios. Se requieren abogados, jueces «a modo», industriales y comerciantes dispuestos a servir de tapadera, banqueros e inversionistas de elástica conciencia, políticos corruptos encumbrados y un largo etcétera. Y dentro de ese largo etcétera se encuentra en un importante lugar el tener una prensa a sueldo, editorialistas, periodistas y columnistas dispuestos a darle un matiz adecuado a las noticias relacionadas con el narco. Minimizar el problema, atribuir ejecuciones y ajustes entre carteles a otros actores, protestar, usando un nacionalismo epidérmico, contra la extradición a los Estados Unidos, callar o sesgar datos incómodos. Y si la lucha va en serio y si, como en los presentes días, el gobierno y el Ejército se involucran en acciones decididas, con resultados concretos, pues a desquitar el sueldo y a pegar el grito en el cielo para criticar y lamentar a ocho columnas el uso del Ejército en estas tareas. En sesudos editoriales se ponen a reclamar por la extrema «violencia» de los operativos, los injustificados «atropellos» a los derechos humanos. En inverosímiles editoriales hablan de la «desmesura» de las acciones que ejecuta el Ejército, del «desgaste» del mismo, llegan al absurdo de criticar que respondan al fuego que reciben con las armas que disponen y no «dialoguen» o busquen la manera de «invitar» a los agresores a que amablemente se rindan y entreguen las armas y concluyen, sabiamente, pidiendo que el Ejército regrese a sus cuarteles y que nuevamente la lucha contra el narcotráfico quede a cargo de la (ineficiente) policía local.
Colaborando activamente en la defensa del narco se encuentran varias ONGs «patito», satélites de un conocido partido político, que activamente promueven la opinión de que la lucha contra el narco no debe generar enfrentamientos, que no se debe molestar a los sospechosos, que deben de dejar las cosas como están, o de plano afirmando que la presencia del Ejército es una verdadera amenaza local. El caso de Zongolica es buen ejemplo.
No se ocupan dotes de Sherlock Holmes para sospechar cuáles son estas publicaciones, algunas son muy transparentes y desde sus primeras planas o su portada semanal puede uno intuir de qué lado están. Para estos columnistas y editorialistas todo lo que hace el Ejército está mal, todo lo que haga el Ejecutivo no sirve o está mal planeado. Los inocentes habitantes de determinada localidad sufren terriblemente bajo una implacable «ley marcial», y así, en diversos tonos e intensidades se dedican a sabotear y criticar la lucha contra el narco. Ciertamente muchos lo hacen de buena fe, otros por ingenuidad o ignorancia, otros por meras limitaciones cognitivas y muchos otros por llevarle la contraria al «espurio», pero algunos lo hacen con pleno conocimiento de causa, lo hacen sencillamente porque para eso están pagados.
¿Qué hacer?, evidentemente nunca vamos a encontrar un recibo de honorarios, foliado y con todos los requisitos fiscales, que muestren la relación entre un diario nacional o una revista política semanal con un cártel de la droga. Eso es candoroso, pero sí podemos analizar y comparar las diversas noticias desde un punto de vista racional, informado y sin prejuicios ni anteojeras ideológicas.
Eso sería lo ideal.

Add. El pasado lunes apareció un excelente artículo en este nuestro diario, con el titulo «Al maestro, sin cariño». Efectivamente, nada que festejar a los que han hundido y degradado la educación pública en Michoacán.