Opinión

MORELIA
Otra sobre la Ley del ISSSTE
La nueva Ley del ISSSTE no es una panacea, pero es mucho mejor que el esquema anterior que llevaba directo a la ruina no sólo al ISSSTE, sino al país entero
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 9 de Mayo de 2007
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El Instituto de Servicios y Seguridad Social para los Trabajadores del Estado, más conocido como ISSSTE, agoniza desde hace años. Aunque la verdad
es que nunca gozó de mucha salud. Nacido como una respuesta del gobierno federal para atender una serie de necesidades de los trabajadores del Estado, en el ámbito de los servicios médicos, tiendas, velatorios y las pensiones, siempre se desempeñó entre la medianía y la insuficiencia. En los últimos años ha sido financieramente dependiente de las aportaciones del Estado en forma alarmantemente progresiva y sus graves quebrantos económicos son ya un problema nacional.
Desde el punto de vista médico, académico y asistencial el ISSSTE vivió sus mejores días en los iniciales 60, cuando el Hospital 20 de Noviembre, su mayor unidad, conjuntó un buen grupo de especialistas. Lamentablemente la huelga médica de esos años desmanteló varios de sus servicios y nunca se pudo recuperar. Posteriormente sus unidades, infiltradas por el espíritu indomable de la burocracia, se dedicaron a sobrellevar sus tareas sin mayor pena ni gloria. La verdad es que nunca pudo competir con el IMSS.
Estructura en quiebra, la recientemente aprobada Ley del ISSSTE intenta el rescate financiero del organismo, y por lo tanto de los 600 mil pensionados que tiene y de los más de dos millones y medio de trabajadores en activo. Rescate, no olvidemos, con cargo a nuestros impuestos.
Que el ISSSTE está en quiebra ni quien lo dude y el que diga lo contrario simplemente es un mentiroso. Los sistemas solidarios de pensión, en los que los trabajadores en activo financian las pensiones de los ya retirados, hace tiempo llegaron a su límite y han caído en la obsolescencia. Cuando se propusieron, nadie consideraba posible lo que actualmente pasa: la población vive más, pero se reproduce menos. Así, la pirámide poblacional ha cambiado y esto es algo que, nos guste o no, debemos entender.
Para los ilusos que piensan que todo es cuestión de imprimir más billetes, total, el «gobierno» puede hacerlo, a ellos, insisto, vale la pena recordarles que así fue como se arruinó el país, imprimiendo billetes en los catastróficos sexenios de Echeverría y López Portillo, sexenios populistas que hundieron al país. Para darnos una idea del problema que tiene el ISSSTE consideremos que, en promedio, para financiar a un pensionado se requieren catorce trabajadores en activo. Puesto que hoy tenemos 600 mil pensionados del ISSSTE, sería necesario que hubiese 8.4 millones de trabajadores, pero sólo hay 2.4 millones. ¿De dónde saldrán las otras plazas y las otras aportaciones? ¿Incrementando la obesa burocracia? ¿Imprimiendo alegremente más billetes? Evidentemente eso no se puede ni se debe hacer.
La reestructuración del sistema de pensiones del ISSSTE era inevitable, ya que se basaba en algo irreal pues para funcionar adecuadamente el sistema anterior requiere la existencia de una pirámide poblacional estable, que los pensionados mueran pronto y que siempre haya empleo.
Los sistemas individualizados de pensión no dependen de estas condiciones, sino sólo de la cantidad que aporte el trabajador mientras está en activo, un sistema individualizado de pensiones tiene menos riesgo para los trabajadores, porque no están sujetos a los cambios demográficos y económicos. Y para evitar que un trabajador con un salario bajo y poco tiempo de cotización pudiera quedar en situación grave al jubilarse, hay una pensión mínima garantizada, del doble de la que se garantiza en el IMSS.
Actualmente el señor López Obrador, presidente legítimo de México, está utilizando a sus vasallos, algunos cobran como senadores y diputados del PRD, para que conjuntamente con varios amanuenses, sobre todo del periódico objetivo se dediquen a propagar medias verdades, mentiras completas y datos sesgados con el fin de llevar agua a su molino, sin importarle lesionar la estabilidad de México. Aprovechando la credulidad y veneración que le profesan sus seguidores y el grupo de resentidos que siguen insistiendo en el inexistente fraude electoral, el mesías de Tabasco ha desatado una campaña de desinformación sobre la Ley del ISSSTE. Obrador y sus voceros actúan con gran dolo, pues saben que sus simpatizantes no son precisamente personas que se preocupen por leer, cruzar información y corroborar que sea cierto lo que editorializan y escriben los objetivos articulistas y lo que vociferan los deshonestos líderes sindicales. Para ellos la palabra del Peje es dogma de fe y cualquiera que diga lo contrario está equivocado, está vendido al «espurio» o es sobrino de Elba Esther.
Obviamente las marchas no se han hecho esperar. «Si Felipe tuviera, a su madre la vendiera», gritan a coro los obedientes borregos y siguen luego con otras idioteces, «El ISSSTE no se vende», gritan igualmente mientras que algún mullah rebuzna por el altavoz las mismas tonterías anticapitalistas de siempre.
La nueva Ley del ISSSTE no es una panacea, pero es mucho mejor que el esquema anterior que llevaba directo a la ruina no sólo al ISSSTE, sino al país entero. ¿Eso le importa a los seguidores del Peje y a los impresentables líderes del magisterio democrático? No, ni les importa ni les interesa. Ellos, profesionales de la protesta, sólo están para gritar, amenazar, marchar... y suspender clases (obviamente cobrando su sueldo íntegro, para eso tienen al gobierno diferente).