Opinión

MORELIA
PRD: Identidad y cansancio
Carlos Enrique Tapia Martes 8 de Mayo de 2007
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Los apuntes que siguen son la reflexión de un observador del modo en que los políticos profesionales aprendieron a hacer política. Durante más de 70
años, el PRI tejió y construyó un régimen político cuyas formas culturales e ideológicas aún están vigentes: autoritarismo, clientelismo, corrupción, continuismo. Muchos de los actuales partidos y organizaciones políticas, a pesar de su postura opositora e ideología, añeja lucha por la democracia, le deben mucho a esa cultura.
El Partido de la Revolución Democrática (PRD) cumplió 18 años. Muchos politólogos afirman que arriba a la mayoría de edad con serios problemas: división interna, lejanía de los movimientos sociales, oportunismo, una rara mezcolanza izquierdista. Señalan que la falta de identidad es su más grave falta. Esta identidad se refiere, a grosso modo, a la manera en como los individuos se identifican grupalmente; describe las formas ideológicas y culturales compartidas por algunos grupos.
La historia del PRD oscila entre la alternativa, la represión, la lucha social, el ensimismamiento y la pérdida de brújula. Como heredero del Frente Democrático Nacional, formado por izquierdistas de cepa, ex priístas protagónicos, líderes sociales y políticos, luchadores callejeros, organizaciones clientelares y oportunistas de todo signo, no es casual su aparente pérdida de identidad, o por lo menos la falta de cohesión ideológica y política.
Actualmente este partido está más que definido por sus conflictos internos, particularmente los encabezados por las llamadas tribus, idea que no hace honor al término antropológico específico. En el caso del PRD parece referirse a grupos, grupúsculos y facciones que pelean por cierto protagonismo, alejamiento o acercamiento de líderes históricos o contestatarios, caudillismo, formas ideológicas ligadas al priísmo, y cercanía o distancia con el presupuesto público.
No creo ofender a los perredistas con tales afirmaciones y si a alguien le viene el saco, mil disculpas de antemano. El hecho, más allá de ofensas y dislates, es que los movimientos sociales y políticos de hoy, las expectativas de mucha gente por una patria diferente a la que los priístas ya nos habían acostumbrado y que los panistas están rehaciendo con creces y mayores y descarados agregados, no están orientadas y representadas por este partido de matices izquierdistas de nombre.
Mientras la izquierda «decente» se inclina ante el poder de facto, fraudulento, la izquierda «legítima» se diluye entre discursos y expectativas de miles de personas que todavía creen en que las cosas pueden ser diferentes. Asimismo, hay otra izquierda en el PRD que se mueve entre la complacencia, los cargos públicos y el presupuesto. Otros, no sé si los más o los menos, disfrutan de poner al mejor postor a sus huestes y clientelas políticas. Por último, muchos exhiben lo que durante años construyó el PRI: esas formas culturales e ideológicas conocidas de todos. Y ni hablar de lo que está pasando en Chiapas.
Las izquierdas perredistas no carecen de identidad. Desde mi punto de vista, como observador externo, carecen de ética y compromiso político con la sociedad, con las personas y movimientos sociales y políticos que dan hoy rumbo al país. El poder, el presupuesto, su priísmo, carencia de miras, conservadurismo, los han obnubilado. Estas izquierdas, que en un momento dado podrían encabezar las transformaciones a nivel local, regional y nacional, viven el inmediatismo de sus pleitos internos.
Algunas notas de la prensa local del 5 de mayo: «Hay que pasar de la intolerancia al entendimiento: Silvano». «No descarta Lázaro posible alianza entre el PRD y el PRI», y «Guerra ‘tribal’ en el PRD» (El Sol de Morelia); «El PRD celebra hoy 18 años de existencia», «Cristóbal Arias. El PRD, obligado a detener el avance de la derecha en la entidad», y «Llama Silvano Aureoles a devolver la confianza a la ciudadanía» (Cambio de Michoacán); «PRD a sus 18 urge identidad» y «Perredistas reparten culpas» (La Voz de Michoacán).
Estas notas hablan de los problemas internos que vive el PRD, sus expectativas locales para las próximas elecciones y sus faltas. El problema es que este partido espera que su salvación venga del exterior. Tal vez el libre mercado los ayude (laissez faire, laissez passe), pero no creo que sea un asunto de identidad, sino de ética y compromiso. Tampoco la culpa judeo-cristiana los ayudará a resolver sus conflictos. No sé si refundar sea la palabra, pero hay que andar y desandar el camino para cambiar.
Ahora bien, la izquierda mexicana ni empieza ni termina con las izquierdas perredistas. Los perredistas son un «tipo» de izquierda. Existe un amplio espectro izquierdista en México, muchos de quienes asumen alguna orientación ligada a la «izquierda» no militan en ningún partido de esta denominación. Han votado por estos partidos, pero se mantienen al margen porque las instancias partidistas no son confiables. El PRD, a mi entender, exhibe un terrible cansancio.