Opinión

MORELIA
Migración Mex-EU
¿Natural e inevitable?
La migración no es inevitable; podría serlo si seguimos alimentando la exclusión y recreando un sociedad tan desigual, racista, discriminatoria e injusta, como la que fraudulentamente arrebató Calderón a los ciudadanos
Carlos Enrique Tapia Miércoles 2 de Mayo de 2007
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La afirmación de Calderón sobre la migración como un «fenómeno natural, inevitable» (La Jornada, 04/28/07), es ingenua, apocalíptica y mesiánica. Por
supuesto que el nomadismo y el sedentarismo son elementos culturales fundamentales de la sociedad humana, pero en su forma ideológica y cultural no pueden ser entendidos como «inevitables» o «naturales». Considerarlos así es hacer una apología de la migración, sin valorar sus implicaciones.
Por lo mismo, la migración no es un asunto personal, como cuando afirma que no «es su objetivo ni le da gusto enviar migrantes a Estados Unidos». Los gustos o disgustos nada tienen que ver con un fenómeno de carácter estructural, al que la administración panista, pasada y presente, está contribuyendo con especial ahínco cuando alienta el saqueo, la corrupción y la profundización de las desigualdades económicas y sociales.
La inevitabilidad de la migración internacional es un mito, así como lo es la supuesta relación unívoca entre migración y desarrollo, donde se pretende hacer creer que las remesas son la palanca del desarrollo de los países expulsores de migrantes. Ambos son parte de los mitos sobre los que la globalización se ha construido, ideológicamente y como proceso económico. Todos tienen como punto de partida y de llegada al mercado: la libre circulación de mercancías y capitales son festejadas, pero se ponen topes a la mano de obra.
Asimismo, Calderón, reunido con los integrantes del consejo consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, al afirmar la inevitabilidad de la migración, pidió a los congresistas estadounidenses realizar una reforma migratoria que políticamente le sirva para adosar más mentiras sobre la migración México-Estados Unidos. Ahí mismo, agradeció los supuestos votos que los migrantes mexicanos le prodigaron, pero buena parte de esos votos fue producto de la manipulación y el fraude.
Lo único inevitable en la vida es la muerte, hoy o mañana, joven o adulta, pero en cuanto a los procesos sociales, económicos, culturales y políticos, no existe la inevitabilidad. La incertidumbre permea la dinámica de nuestras sociedades en la globalización, pero este hecho empírico no convierte en inevitable la vida diaria de las personas, los colectivos, las sociedades. Nuestra presencia en este mundo por designio divino es una idea plausible y entra en el campo de la respetable fe de las personas, pero equivale a ignorar los miles de años de evolución natural, social, cultural, económica, política.
La migración no es inevitable; podría serlo si seguimos alimentando la exclusión y recreando un sociedad tan desigual, racista, discriminatoria e injusta, como la que fraudulentamente arrebató Calderón a los ciudadanos. No lo es, porque la migración no surge de la nada, sino social, cultural y económicamente se va construyendo. La migración se alimenta de la expectativa de una vida distinta, quizás mejor, pero con trabajo y oportunidades para crecer, fundar una familia y desarrollarse.
Apelar a la inevitabilidad de la migración es creer que el mercado es un ente real y que por sus artes regula las dinámicas de las sociedades. Las grandes migraciones están precedidas por situaciones locales y externas que las impulsan. En lo individual nace y crece la expectativa de acceder a una vida distinta, en tanto local, regional y nacionalmente se carece de empleo, prevalece la precariedad del trabajo, no existen oportunidades.
La dinámica de la economía y las políticas laborales estadounidenses han marcado los rumbos, tanto de la integración como de la migración mexicana a Estados Unidos, desde hace más de un siglo. De acuerdo con situaciones internas, el gobierno de ese país abre o cierra sus fronteras, promueve o desalienta la inmigración, acoge o expulsa a los migrantes. Después del 11 de septiembre de 2001, la emigración masiva de los mexicanos ha sido manejada como un hecho favorable al entorno económico, pero también como un fenómeno que supuestamente socava los valores y costumbres de la sociedad estadounidense.
Estos hechos dan cuenta de fenómenos y procesos sociales, económicos, culturales y políticos, no de designios divinos de inevitabilidad o de carácter natural. Es fácil trasladar las responsabilidades gubernamentales a la providencia, mientras la inseguridad, el desempleo, la precariedad laboral, la fuga de capital humano, las desigualdades en aumento, la conflictividad social y política, las violaciones a los derechos humanos, campean en un país que estructuralmente está en tensión.