Opinión

MORELIA
Violación en Veracruz, las mentiras
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 25 de Abril de 2007
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En estos días pasados una noticia puso en el mapa político del país a un normalmente ignorado municipio de Veracruz. Se trata del pobre y poco comuni-
cado municipio de Zongolica, donde una humilde anciana, Ernestina Ascensión, tuvo a bien fallecer en circunstancias que dieron origen a toda una opereta que sería risible de no ser por las graves implicaciones que tiene y que afortunadamente ya se han exhibido.
Resulta que esta mujer, de más de 70 años, se encontraba en el campo, cuidando unas ovejas, y a decir de algunas versiones, ahí fue encontrada, caída, agonizando y afirmando haber sido violada por unos soldados. Llevada a un hospital falleció horas después. Posteriormente se realizó una necropsia por parte de las autoridades veracruzanas, mismas que afirmaron haber encontrado datos de una violación repetida, por vagina y recto, además de traumatismo craneoencefálico, lesiones y desgarros diversos, fracturas cervicales y perforación rectal. De paso se filtraron, a quien debían filtrarse, fotos del cadáver, sin especificar el momento y circunstancias en que se habían tomado.
Con semejantes datos no resulta difícil imaginar lo que siguió: una feroz campaña mediática orquestada por un segmento del PRD y ONGs patito, con el apoyo decidido y entusiasta de La Jornada y la revista Proceso, con aguerridos e indignados artículos donde se dan por buenas todas las afirmaciones de la ya para entonces verdadera novela de la violación, obviamente que en la versión de los indignados familiares y autoridades locales. ¿Los puntos de vista distintos? Esos no son necesarios o no les interesan. ¿Que la foto que publicó Proceso mostrando sangre escurriendo del cráneo de la anciana en realidad correspondía a un momento en el cual ya se había realizado la necropsia y por lo tanto la presencia de sangre en la plancha es lo normal? Eso no tenia por qué aclararse.
Atraído el caso a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, se analizó todo el procedimiento, se interrogó nuevamente a testigos, se confrontaron versiones, se revisaron documentos, estudios, análisis, datos, etcétera y como procede, se realizó una segunda necropsia, ésta si, con todos los recursos y con personal capacitado. Los resultados, ya definitivos, dados a conocer por el titular de la CNDH, José Luis Soberanes, cambian todo el panorama y muestran la perversa maquinación de un grupo de personas.
La anciana falleció por un sangrado de tubo digestivo alto, secundario a lesiones ulcerosas, en una paciente que concomitantemente cursaba con una neoplasia maligna en hígado. No existían datos de traumatismo craneoencefálico, ni las fracturas de vértebras cervicales, ni las lesiones y desgarros vaginales, no hubo perforación rectal ni existe constancia alguna de líquido seminal.
¿Por qué afirmaron que había fracturas cervicales? Pues resulta que a falta de rayos X los «peritos» de la procuraduría veracruzana exploraron con un dedo el cuello de la anciana y sintieron «como que crujía». Así diagnosticaron las fracturas cervicales. ¿Cómo explicaron la ausencia de líquidos y piezas decisivas para el estudio de necropsia? Pues que las guardaron en una hielera y «se echaron a perder». La perforación rectal y los desgarros fueron más fáciles, simplemente los inventaron.
Pero el colmo de la maldad de estos personajes fue el caso de las muestras vaginales supuestamente de la señora Ernestina. La visitadora de la CNDH, Susana Pedrosa, dijo que los cotonetes de muestreo de la indagatoria veracruzana corresponden a dos personas diferentes, en una hay sustancias propias de sustratos vaginales superficiales e intermedias que proceden de una mujer no mayor de 35 años, mientras que las células parabasales corresponden efectivamente a una mujer de la edad de la occisa.
¿Cómo puede saberse? Simplemente por la elemental razón de que las mujeres jóvenes muestran los efectos de estrógenos y progesterona en los estratos intermedios y superficiales vaginales hasta que llega la menopausia. Así el cuerpo de Ernestina (73 años al momento de su muerte) no producía estrógenos y progesterona, por lo que las muestras superficiales e intermedias que entregó la procuraduría veracruzana no pueden haber sido tomadas de su cuerpo. ¡Increíble! Tomar muestras de la vagina de una mujer joven con tal de incriminar al Ejército.
En resumen, ninguno de los datos, ni los relatos, ni los diagnósticos emitidos por las autoridades de Veracruz era correcto. Todo se inventó, todo fue un montaje, todo fue una farsa, apoyada por el PRD y sus voceros periodísticos. Y por si faltaba algo existe la declaración, ya certificada, del director del hospital y los cuatro médicos que atendieron a la paciente en su agonía y certifican que la paciente: «Fue traída por René Huerta, de una ONG, quien insistía ante los médicos que anotaran que la paciente fue violada por los soldados destacamentados en la localidad… No presentaba datos de haber sido violada ni por vía vaginal ni por vía anal… Las fracturas a nivel de parrilla costal fueron originadas por las maniobras de reanimación, al haber presentado paro cardiorrespiratorio, frecuente en personas de la tercera edad… No hubo fractura de cráneo ni de vértebras cervicales…».
Pero ¿por qué este criminal teatro? Posibilidades hay muchas: ¿Inculpar al Ejército y lograr que se retire de una zona marcada por el narcotráfico y la guerrilla? ¿Desacreditar al gobierno de Felipe Calderón? ¿Contribuir a la polarización entre el PRD y el Ejército? Posibilidades hay muchas, cuestión de tomar en cuenta la tradicional conducta torcida y la proclividad para mentir de una parte de la izquierda mexicana y sus voceros.