Opinión

Freud y Lacan, el fraude
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 28 de Marzo de 2007
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Hace algunos días, leyendo los artículos del único periódico objetivo (Peje dixit), en su complemento de Michoacán, me encontré un interesante escrito que, imagino, pretendía ilustrarnos sobre la depresión, patología ampliamente estudiada por la medicina moderna sobre todo desde el avance de la neurofisiología.

Saltaba a la vista que la persona que pergeñó dicho artículo poco a nada tiene que ver con la medicina; su artículo estaba compuesto de lugares comunes, citas bibliográficas fallidas, apreciaciones subjetivas, resentimiento en contra de las transnacionales, desprecio a los usuarios de determinados medicamentos y una serie de parrafadas psicológicas, mal hilvanadas y peor sustentadas.

Es, en definitiva, un artículo digno del periódico objetivo, sesgado, deficientemente documentado y condimentado con un desprecio mal disimulado en contra de las autoridades, en este caso médicas, y de quienes tengan la desgracia de padecer esa terrible enfermedad que es la depresión.

Dicho artículo cita, como si tuvieran valor científico, las opiniones de reconocidos farsantes como el señor S. Freud y señaladamente J. Lacan, uno de los mayores embaucadores que ha dado el mundo de la medicina.

La lectura de este artículo me ha hecho recordar la tragedia que ha significado para una parte de la sociedad el éxito que en su momento tuvieron esas fantasías producto de la imaginación de Sigmund Freud y que, afortunadamente para la humanidad y la medicina, han caído ya en el descrédito y se encuentran en el sitio de donde nunca debieron haber salido, las pseudociencias, junto con sus hermanos, la astrología y la quiromancia.

Como cualquier investigador serio lo sabe, las tesis fundamentales del psicoanálisis carecen de toda base científica, pero Freud poseía ambición, talento literario y una gran imaginación. Acuñaba neologismos y creaba lemas con facilidad hasta el punto de incorporar a su lengua palabras y expresiones nuevas: el inconsciente, el ego y el superego, el complejo de Edipo, la sublimación, la psicología profunda, etcétera.

La diferencia entre la entelequia de Freud y el trabajo de un científico es absoluta. Para el científico, la búsqueda de la verdad y la crítica constructiva es fundamental. Nada es más valioso para el científico que ver sus teorías debatidas y criticadas por sus pares. Si las críticas son infundadas, sabe que sus teorías sobrevivirán. Si están bien fundamentadas, entonces sabe que deberá cambiar sus teorías, o incluso abandonarlas. La crítica es vital para la ciencia, pero el psicoanalista se ha opuesto siempre a cualquier forma de crítica. La reacción más corriente ha consistido en acusar al crítico de «resistencias» psicodinámicas, procedentes de complejos de Edipo no resueltos y otros disparates; pero esto no es una réplica. Los puntos deben ser juzgados en términos de su relevancia fáctica y de su consistencia lógica. El uso del argumento ad hominem como réplica a la crítica es el último recurso de los que no pueden responder con hechos.

Todo en el psicoanálisis es falso, pero entre todas sus escuelas la más ridícula es la de Lacan. No hay nada, pero absolutamente nada que se pueda rescatar de las tonterías que dicen los lacanianos.

Lacan es básicamente una combinación de Freud y Saussure. Para Saussure, un lingüista suizo de principios de siglo, las palabras están constituidas por un significante y un significado. El significante es el sonido, el conjunto de fonemas que constituyen a una palabra. Mientras que el significado es la representación psíquica del objeto mencionado. Para Saussure todo lo que se debía conocer para aprender un idioma era un diccionario, él no se preocupaba por las estructuras de las palabras cuando son combinadas en oraciones. Lacan hace una modificación a las teorías de Saussure. Para Lacan no hay significados, un significante no se refiere a nada en particular, un significante es lo que es, no porque tenga un significado sino por lo que no es, se define por una relación negativa (así hablan los lacanianos). Como los significados no significan nada en particular, están constantemente cambiando, forman cadenas cambiantes de la misma forma que se forman las oraciones según Lacan y es esto lo que constituye nuestro inconsciente.

Lacan, dueño de significantes sin significado escribió una vez: «Así, calculando esa significación según el álgebra que utilizamos, a saber: S (significante) sobre s (significado) = S (el enunciado). Con S=1, tenemos s = Raíz Cuadrada de menos 1. Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el lugar del goce. No en cuanto él mismo, ni siquiera en cuanto a imagen, sino en cuanto parte faltante de la imagen deseada: por eso es igualable a Raíz Cuadrada de menos 1». Medalla de oro a quien descifre a la primera este galimatías.

Y qué dice el buen Lacan sobre la curación de un paciente: «La curación, en definitiva, se realiza por medio de la restitución de las cadenas asociativas que sostienen los símbolos hasta el acceso a la verdad del inconsciente, a los significantes elementales que por metáfora y metonimia se habían propulsado a la consciencia. La curación es la reintegración en el hilo normal del discurso de una palabra, la palabra plena, que no había podido decirse más que deformada». Segunda medalla de oro al que traduzca esto.

Para terminar recordemos algo. En relación con estas teorías freudianas, el psicólogo alemán H. Ebbinghaus, que fue el único en introducir el estudio experimental de la memoria en este campo, afirmó: «Lo que es nuevo en estas teorías no es verdad, y lo que es verdad no es nuevo». Este es el epitafio perfecto, no sólo de las teorías de Freud sobre el inconsciente, sino de toda su obra.