Opinión

MORELIA
El SPUM después de la huelga
Todos los logros de la huelga del SPUM son resultado de la movilización de las bases y no de la conducción del movimiento por la dirigencia sindical, que a lo largo del movimiento se mostró errática, incluso derrotista, y sobre todo débil frente a la parte patronal
Eduardo Nava Hernández Jueves 8 de Marzo de 2007
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El pasado 23 de febrero, el Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana decidió concluir la huelga que había iniciado el día 12 del
mismo mes.
Toda huelga representa, desde luego, una importante experiencia colectiva para sus protagonistas (el sindicato), pero también, en un sentido más amplio, para el conjunto la clase trabajadora. Toda huelga constituye una aportación de un grupo de trabajadores al desarrollo de una lucha que es mucho más amplia y que en nuestros días va más allá de lo nacional para proyectarse en un plano incluso internacional. En este caso, los once días de la huelga sostenida recientemente por el Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana representaron, en diversos sentidos, una experiencia política renovadora para el sindicato y un importante viraje en la senda que éste había seguido desde hace largo tiempo. Como pocas movilizaciones en sus 30 años de existencia, la huelga de febrero permitió a los trabajadores académicos de la Universidad Michoacana recuperar la iniciativa y volver a utilizar sus instrumentos colectivos, el sindicato mismo y la huelga, para la reivindicación de su trabajo y del papel de éste en la sociedad.
Eso significa que los resultados de un movimiento no pueden medirse únicamente por el porcentaje de incremento salarial o en las prestaciones económicas. Ello se debe a que el primer resultado de la huelga es la conquista de la autonomía del sindicato y de los trabajadores frente a la injerencia de factores externos y la burocratización de la dirigencia. Tradicionalmente, las autoridades de la universidad han tenido como práctica la intervención en los asuntos sindicales con el fin de evitar el estallido de una huelga o de promover su levantamiento, lo que en este caso no operó; la mayoría de los agremiados consideró que era el momento de recuperar la independencia y de exigir con firmeza una respuesta satisfactoria a sus demandas: la reparación de las violaciones al contrato colectivo de trabajo, la revisión de unas 60 cláusulas del mismo y un incremento salarial que compensara la pérdida del poder adquisitivo. Probablemente el dato más relevante del conflicto, y de esa decisión de autonomía, haya sido el que en la votación del 15 de febrero -al recibirse los primeros ofrecimientos- un mayor número de trabajadores académicos votó por sostener la huelga que el que lo había hecho por estallarla unos días antes.
La expresión huelguística del SPUM se tuvo que mantener a pesar de la campaña de medios con la que se quería presentar a la huelga como una maniobra de ciertos universitarios que habían aspirado a ocupar la rectoría de la Universidad Michoacana y que ahora estarían pugnando por ocupar espacios en la nueva administración o por cuestionar la legalidad de ésta, factores con los que nunca tuvo que ver el movimiento laboral. La huelga tuvo que sobreponerse también a la persistencia del Comité Ejecutivo en oponerse al movimiento, primero, y levantarlo con mínimos resultados, después.
Finalmente, las bases decidieron por mayoría -con un tercio aún de los sindicalizados votando por mantener el movimiento- concluir la huelga tras recibir nuevos ofrecimientos económicos que en conjunto representan aproximadamente un siete por ciento más a sus percepciones. La dirigencia sindical firmó con la autoridad universitaria una minuta en la que da por reparadas las violaciones al contrato colectivo y se alcanzó la modificación de algunas cláusulas del mismo, entre ellas la derogación de la transitoria décimo cuarta, que fue firmada hace algunos años a espaldas de la base trabajadora y que el sindicato consideraba riesgosa pues lo hacía corresponsable de la gestión de recursos para el sostenimiento de las pensiones jubilatorias. En este último punto, según el convenio firmado por Ernesto Núñez, «la Universidad aceptó la derogación de la cláusula décima cuarta transitoria del contrato colectivo vigente, condicionando esta derogación a la celebración de un convenio en el que se establezca la disposición de la organización gremial para que la Universidad gestione todo tipo de apoyos económicos federales y estatales que permitan afrontar lo concerniente al sistema de jubilaciones y pensiones de la institución». EL CEG convirtió así en pírrica la victoria de los sindicalizados en la defensa de su régimen de jubilaciones.
Todos los logros de la huelga son resultado de la movilización de las bases y no de la conducción del movimiento por la dirigencia sindical, que a lo largo del movimiento se mostró errática, incluso derrotista, y sobre todo débil frente a la parte patronal.
Quedaron pendientes, sin embargo, demandas ampliamente sentidas por la base sindical; la principal de ellas, el logro de nuevas prestaciones (el llamado apoyo sindical y vales de despensa) que, aplicadas de manera general a los trabajadores académicos de las diferentes categorías, beneficiara proporcionalmente más a quienes ocupan los niveles más bajos del tabulador. Esta petición adquiere más relevancia por cuanto la mayor parte de los trabajadores se encuentran marginados del sistema de estímulos -destinado sólo al 30 por ciento de los trabajadores de tiempo completo- del que ahora han quedado excluidos todos los profesores que no tengan, al menos, un título de maestría. Eso significa que, para la inmensa mayoría de los académicos, un 75 u 80 por ciento de ellos, el salario establecido en el tabulador representa el único ingreso posible en la universidad.
La minuta de violaciones dejó en realidad pendientes a varias de ellas, como las del pago del aguinaldo, que en la UMSNH no se ha hecho conforme a lo establecido en los artículos 84 y 87 de la Ley Federal del Trabajo, es decir, tomando en cuenta todas las prestaciones integradas en la remuneración salarial a los trabajadores académicos. Sobre este punto, ni siquiera se acordó entre la parte sindical y la patronal el arbitraje que diversas secciones sindicales proponían para zanjar el tema, y la declaración del secretario general Núñez de que se logró terminar de revisar la totalidad de las violaciones al contrato colectivo de trabajo no es sino la claudicación expresa a recuperar esa parte de la remuneración de los trabajadores.
Igualmente, las violaciones en dependencias como Ingeniería Química, el Instituto de Investigaciones sobre los Recursos Naturales (Inirena), y otras, quedaron en una situación de virtual ambigüedad, como se reconoce en el convenio firmado al respecto: «Para resolver los puntos pendientes en esta materia, las partes convinieron en proceder de inmediato al análisis y definición [...] La representación sindical dio lectura a relación de casos pendientes de analizar y resolver a la fecha, siendo los que serán abordados en la próxima reunión de la mesa especial de violaciones». Es decir, las violaciones no quedaron subsanadas sino que fueron remitidas a otra instancia para continuar su análisis. La sección de Contaduría y Administración consideró los logros como sólo medianos; otras, como la Escuela de Enfermería, Nivel Técnico, denunciaron como falso que estuvieran resueltas todas las violaciones.
Apenas firmado el convenio que suprimía la cláusula décimo cuarta, el secretario general Ernesto Núñez Aguilar, ansioso por entregar las prestaciones contractuales, declaró a la prensa que «el SPUM está abierto a recibir las opiniones y los proyectos que se hagan sobre jubilaciones y pensiones, a fin de lograr un convenio común entre autoridades y sindicato», es decir, según él -pero no para el Consejo General de Representantes que diseña el proyecto de revisión contractual- para volver a revolcar la gata e involucrar al sindicato en la temática de las pensiones.
La terminación de la huelga universitaria y la firma del nuevo contrato colectivo de trabajo marcan también los tiempos del sindicato. El pasado Congreso General de Representantes, efectuado en el mes de octubre pasado, tuvo entre sus acuerdos la realización de un congreso extraordinario en los meses de marzo o abril del presente año, que seguramente discutirá con mucha atención los resultados de la recién concluida revisión contractual y, por ende, de la huelga. La huelga modificó, sí, el ánimo colectivo de los trabajadores y les permitió desde un inicio recuperar la confianza en su organización. Seguramente, ello dará un nuevo impulso a las tareas del periodo por venir.