Opinión

MORELIA
Estado benefactor
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 21 de Febrero de 2007
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El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia, la prédica a la envidia. Su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.
Winston Churchill

A estas alturas del partido nunca me topado con una buena razón para tener algún respeto por la real o supuesta cultura de una buena parte de los autoconsi-
derados «pensadores» de izquierda, ya no digamos de un simple simpatizante o militante que bien a bien no sabe lo que realmente pretende el partido o facción a la cual está alineado.
Los viejos dogmas de la izquierda se resisten a morir, por eso encontramos casos de personas en apariencia sensatas y suponemos razonablemente documentadas, que se mantienen impermeables a la realidad, esa realidad que puntualmente se ha encargado de demoler todos y cada uno de los mitos de la doctrina marxista-leninista, esa que desde hace años se encuentra en el basurero de la historia.
En un libro reciente, Suecia después del modelo sueco (CADAL, 2005), cuyo autor es el chileno avecindado en Suecia, Mauricio Rojas, se analiza a profundidad qué fue lo que pasó con el modelo sueco, considerado mucho tiempo como paradigma de un Estado benefactor de corte socialista. En dicho libro estudia sus características, sus fallos y el motivo de su estrepitoso fracaso.
El modelo sueco de bienestar, que durante décadas fuera el rumbo a seguir por la izquierda no comunista, ha sido finiquitado. Fue para muchos el camino a seguir, con sus promesas de igualdad, pleno empleo y grandes beneficios sociales. El llamado «modelo escandinavo» de Estado de bienestar era idealizado por países de América Latina castigados por recurrentes crisis económicas y profundas desigualdades. Pero como lo atestigua la obra de Mauricio Rojas, ese modelo falló y ahora Suecia mira al futuro pensando como una auténtica sociedad abierta y apostando, incluso de manera radical como en el caso de la educación, por la descentralización de la administración pública, la privatización de las empresas estatales y la libre competencia en el sector privado.
Ciertamente en países pésimamente administrados como México, con sus grandes carencias y un estado permanente de frustración por la ineficiencia y la corrupción, existe la tentación de creer que puede haber una suerte de «varita mágica» que repentinamente nos dé todo lo que nos hace falta. Muchos desean creer que por medio de un «Estado benefactor», con un poderoso aparato redistributivo, tendremos lo que nuestra pésima economía no nos ha podido dar. Asegurar por decreto a cada uno de nosotros comida, buenas escuelas, hospitales de primera, universidades de excelencia, jubilaciones espléndidas. Todo por la voluntad de un político que haya encontrado el atajo mágico.
Pero eso no es posible, estas ilusiones sólo crean grandes expectativas y luego, al estrellarse con la implacable realidad vemos que no hay atajos mágicos, que si deseamos progresar será por medio del duro camino del esfuerzo empresarial y la creatividad industrial. Triste despertar de la trampa de la demagogia populista.
Ya no hay vuelta atrás al Estado benefactor del pasado. No era, como algunos quisieron creer la culminación del desarrollo humano. Como todo producto histórico terminó por hacerse incompatible con el desarrollo mismo de la sociedad que un día lo vio nacer y hoy pertenece al mundo de los recuerdos y de los mitos.
Cuando la socialdemocracia retornó al poder en 1994 no revirtió las reformas emprendidas por los liberales sino que desarrolló nuevos elementos de cambio. «Desde entonces el gobierno socialdemócrata sueco impulsó una larga serie de privatizaciones en el correo, ferrocarriles, viviendas, energía, etcétera, aplicó un estricto programa de saneamiento de las cuentas fiscales a través de la reducción del gasto público que bajó progresivamente del 70% en 1993 al 54% en 2001» se detalla en el libro.
El economista sueco Sven Rydentfelt, como muchos otros economistas, calcularon que la tasa de desempleo real en Suecia llegó a alcanzar en tiempos socialistas entre cuatro y cinco veces superior a la cifra oficial (en torno al cinco por ciento hoy en día) si se tiene en cuenta el desempleo encubierto mediante empleos fantasma y artificiales contabilizados por el Estado. La cuarta parte de las pequeñas y medianas empresas desaparecieron en una década. En el sistema médico estatizado, impersonal e inhumano, para una cirugía no urgente de vesícula biliar había que esperar tres años por término medio. Por ese motivo, el Premio Nobel Gunnar Myrdal, ideólogo del modelo sueco y patrocinador de la socialización de la medicina, decidió pasar a mejor vida en un hospital privado.
Ahora bien, hagamos por un momento a un lado el fácil antiamericanismo que nos implantan en nuestro deficiente sistema escolar y midamos los resultados, que en última instancia es lo que nos ocupa: Si la Unión Europea fuese un estado de Estados Unidos figuraría entre los más pobres. Todos los países europeos, salvo Luxemburgo, presentan un nivel de PIB per cápita muy detrás de estados como Nueva York, Nueva Jersey, Delaware o California. La Unión Europea en su conjunto sólo supera a Arkansas, Montana, Virginia Occidental y Mississippi, los cuatro estados más pobres del país norteamericano.
Si Bélgica fuera un estado de los Estados Unidos sería el sexto más pobre. Finlandia el quinto más pobre, empatado con el Reino Unido, Francia, Italia y Alemania. Dinamarca el décimo. Holanda en noveno. Suecia el séptimo. España y Portugal simplemente serían los más pobres.
La lección del socialismo en Suecia es doblemente valiosa, pues muestra ambas partes de la moneda, lo que debe hacerse y lo que no, al mostrar la quimera del admirado Estado benefactor que aún subsiste en tantas mentes que se resisten a pensar.

Add.
Leo en un periódico local: «Michoacán, último lugar nacional en educación». Evidentemente la culpa no es de los maestros, sino de la derecha, el Opus Dei, el Yunque, la Reacción, Wal Mart, la CIA, Bush y de paso también los marcianos; ¿culpa de nosotros?, imposible.