Opinión

La Universidad Michoacana en huelga
Eduardo Nava Hernández Sábado 17 de Febrero de 2007
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Este lunes 19 de febrero, por decisión de la gran mayoría de los académicos pertenecientes al Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana esta casa de estudios estará cumpliendo una semana en huelga, en demanda de que sean reparadas múltiples violaciones cometidas al contrato colectivo de trabajo durante la gestión de Jaime Hernández Díaz, la revisión del clausulado de ese mismo documento y un incremento satisfactorio al tabulador de salarios. Si bien en los años 2000 y 2001 las asambleas seccionales votaron por la huelga, ésta no estalló en aquellas ocasiones gracias a una maniobra del secretario general y el Consejo General para impedirlo, de manera que hace ya trece años que el SPUM no hacía uso de su derecho a suspender las labores para reclamar mejoras en sus retribuciones y condiciones de trabajo.

En esta ocasión, para que se diera la huelga se conjuntaron diversos factores, pero entre ellos destacadamente la percepción del deterioro salarial por el nuevo proceso inflacionario desatado desde inicios del presente año, la insatisfacción con un nuevo gobierno federal que a muy poco de instalado ha demostrado que no está dispuesto a cumplir con lo que fueran sus promesas de campaña, y con la desatención a las demandas sindicales en el periodo de prehuelga tanto por la nueva administración universitaria como por el Comité Ejecutivo General. Al votar por la huelga, los maestros nicolaitas quisieron manifestar su descontento; pero también refrendar su esperanza en que, por alguna vía (si no el gobierno federal, el estatal o la Rectoría), sus demandas sean atendidas.

Entre las violaciones destacan las cometidas en las escuelas preparatorias y facultades como la de Química, donde las contrataciones al margen de la legalidad están en el orden del día, muchas veces para beneficiar a los directores, sus familiares y sus adeptos, o bien como imposiciones externas -es decir, violatorias de la autonomía de la institución para seleccionar a su personal académico- por las dependencias del gobierno federal. También se reclama el pago de diversas prestaciones y de exámenes extraordinarios, o arbitrarios cambios de adscripción de algunos trabajadores. Destaca la demanda de pago íntegro del aguinaldo, que ha sido mal calculado por la universidad para escamotear un pequeño gran fondo a los trabajadores.

Entre las demandas más sentidas para la revisión contractual se encuentra la de la desaparición de la cláusula que corresponsabiliza al sindicato a gestionar junto con la universidad un fondo de jubilaciones, lo que representa ya una amenaza al sistema vigente, así como la incorporación de nuevas prestaciones que mejoren el ingreso de los trabajadores, como es el caso de la llamada ayuda sindical y el pago de una despensa mensual. También se reclaman incrementos a los fondos de préstamos y de retiro, y el incremento a las prestaciones económicas en general.

En cuanto al salario, los profesores aspiran, como ha ocurrido en los años más recientes, a lograr incrementos superiores a lo que miserablemente ofrece la política del gobierno federal a través de la Secretaría de Hacienda y la de Educación Pública, con mayor razón ante el claro rebase de las expectativas de inflación en el presente año por la cascada de alzas a los bienes de consumo básico que se ha precipitado sobre la economía popular.

La huelga en la Universidad Michoacana, pues, no es sólo existente y legítima sino también justificada. Otra cosa es que, inevitablemente, por la concurrencia de los tiempos, se hayan sobrepuesto al conflicto laboral el cuestionamiento a la legalidad de la nueva rectora y el activismo político, muy minoritario, de quienes resultaron perdedores en la reciente lucha por la Rectoría -denodada como nunca antes-, y que ahora aspiran a ocupar posiciones de alto nivel en la administración universitaria. No más de dos de los llamados ex aspirantes muestran capacidad de incidir tenuemente en las decisiones sindicales, pero ninguno de ellos por separado ni como conjunto la suficiente para definir el curso del movimiento sindical.

La dirigencia sindical, por su parte, con su secretario general capitalista, que no tiene casi nada en común con la mayoría de los trabajadores a los que representa y que se atrevió a declarar ante su consejo de huelga que no había que movilizarse junto con otros sindicatos porque éstos pertenecen «a otra clase» (es decir, a la trabajadora, y no a la de los empresarios en la que él se ubica), se siente rebasada por la base magisterial e intenta justificar su fluctuante actitud de desmovilización sindical y de impúdica militancia contra una huelga que no logró impedir, aparentando que el movimiento se ha politizado y que éste trasluce el interés de los políticos-académicos derrotados en la pugna por la Rectoría.

La huelga real, en cambio, tiene su sustento en las escuelas preparatorias, donde los programas de estímulos no llegan y las promociones son una excepción, y donde los directores se enseñorean como pequeños sátrapas sin que ningún rector se haya atrevido a tocarlos, cancelando a muchos docentes sus posibilidades de mejoría; en la recurrencia incontenible de las violaciones para favorecer a los preferidos de los caciques académico-administrativos y sindicales o a los lineamientos de la política federal, y en las incontables arbitrariedades de la tesorería universitaria que en el último periodo fue una auténtica pesadilla para la institución.

El gobierno estatal ha adelantado la posibilidad de un nuevo ofrecimiento económico que hasta el momento de redactar este artículo no se ha concretado, pero que podría llegar oportunamente para impedir el estallido de la huelga de los empleados administrativos. El SPUM, por ahora, ha demostrado que mantiene un amplio núcleo crítico y refractario a la domesticación y que, después de años de inmovilidad, puede levantar la cabeza por sus reivindicaciones laborales y defenderlas de autoridades en cuya designación ellos no son tomados en cuenta y que no han asumido compromisos claros con el sector laboral ni con la democratización de la institución. Por ahora, estamos ante una huelga de desencanto y de confianza; de desencanto con las incumplidas pero no olvidadas promesas de alguien que no ha mucho vino a afirmar que a Michoacán le iría muy pero muy bien; y de confianza en que aun en condiciones de adversidad la fuerza de los trabajadores se puede hacer presente para mejorar en algo las cosas.