Opinión

MORELIA
¿Cuándo se jodió Michoacán?
Alejandro Vázquez Cárdenas Viernes 16 de Febrero de 2007
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¿Cuándo se jodió Perú?, se pregunta Zavalita al inicio de la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en la catedral. Frase que se ha hecho famosa y que en la citada nove-
la da origen a una «conversación madre», entre el periodista Zavalita y un antiguo chofer y guardaespaldas de su padre, a quien ha encontrado de casualidad en la perrera adonde ha ido a rescatar a su animal. Dura varias horas, y es «madre» porque de ella surgen otras conversaciones, otros diálogos, que corresponden a distintos momentos de las vidas de Zavalita y del guardaespaldas, y que van reconstruyendo, de manera fragmentada y como en un contrapunto, la vida del Perú durante los ocho años de la dictadura de Odría.
Con muy poco esfuerzo podemos extrapolar diversas situaciones del Perú de Manuel Odría al México del priísmo, sobre todo en los aspectos de antidemocracia, fraudes, corrupción e impunidad de los poderosos. Pero lo más triste es que tampoco nos costará mucho trabajo extrapolar algunas situaciones de ese Perú jodido, con el pobre desempeño del gobierno perredista que hemos padecido en este sufrido y atrasado Michoacán. Gobierno que desplazó al agotado y desprestigiado priísmo local y que inició bajo grandes expectativas, anunciándose profusamente como «un gobierno diferente».
¿Cambiamos en Michoacán?, la verdad no, a menos que tomemos como modelo de cambio el propuesto por Lampedusa en El gatopardo (hay que cambiar para que nada cambie). Seguimos con un sistema caduco, ineficiente, inoperante, corrupto, mentiroso, simulador, y de pilón ahora tenemos un mayor número de parásitos «favoritos» sexenales que en épocas anteriores. Campea la improvisación, el inmediatismo, el miedo, mucho miedo, tanto o más que el caso de Vicente Fox, hay parálisis administrativa, la ausencia de autocrítica es absoluta, la impotencia para controlar a los agitadores no tiene parangón, ni remontándose a la época Mendoza Pardo, no hay visión de largo plazo, no hay capacidad para ejercer la autoridad, en este sexenio ostentarse como de «izquierda» es casi una patente de impunidad para cualquier agresivo grupúsculo, continúan el amiguismo, los compadrazgos, los negocios entre «cuates», todo, todo, es lo mismo.
Ahora viene el relevo. En el Partido de la Revolución «Democrática» la lucha por las candidaturas va en serio. Para suceder al menor de la dinastía de los Cárdenas ya están apuntados personajes muy conocidos en el ámbito político michoacano. Todos ellos se consideran capaces y con méritos suficientes (¡faltaba más!). Todos dispuestos a sacrificarse por el estado. Pero no todos tienen la misma oportunidad. Varios de ellos tienen una imagen bastante dañada y francamente irrecuperable, otros más que simpatía generan un saludable temor y cuando menos uno de ellos provoca una franca repulsión por sus turbios antecedentes y el recuerdo de sus pasadas actitudes, y por si faltaba algo el favorito del titular, el apagado secretario, tiene como principal característica su inocultable grisura y una tibieza a toda prueba.
No tengo una bola de cristal para adivinar el nombre del próximo candidato del PRD, pero en las presentes circunstancias no se ocupan mayores dotes de adivino para saber que es difícil que repita su triunfo en Michoacán esa entidad tan heterogénea, conflictiva y tan poco representativa de lo que debería ser un auténtico partido de izquierda, que es el PRD en su versión actual.