Opinión

MORELIA
La política, los medios y las mentiras
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 24 de Enero de 2007
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Recientemente el Instituto Federal Electoral (IFE) presentó públicamente las cifras finales relacionadas con los gastos de la contienda electoral mexicana,
habiéndose contabilizado la campaña completa, desde el 19 de enero hasta el 28 de junio del 2006. En este estudio, que consta de datos duros, sólidos, no meras apreciaciones ni detalles subjetivos, encontramos cifras muy interesantes que han puesto en un brete a más de dos personas que manejaron la campaña del ya devaluado López Obrador. Uno de los aspectos más relevantes es que desnuda, sin vuelta de hoja, la gran cantidad de mentiras de todos los colores y calibres, repetidas ad nauseam por sus voceros, sus alabarderos y sus despistados sirvientes, mediocres seguidores de J. Goebbels.
Uno de los argumentos favoritos que tienen los viudos (as) de López para justificar la derrota de su candidato es que el aparato del Estado, la oligarquía, los medios de comunicación y todas las malditas fuerzas de la reacción se confabularon para quitarles una victoria que sólo podía y debía ser de ellos, ya que como oportunamente nos informó el Sr. Peje «el triunfo de la reacción es imposible». Nos quieren vender la idea de que el PAN y su candidato usaron y gastaron enormidades en la campaña, que la campaña del PRD fue austera, que los medios «cercaron» y aislaron al candidato de la esperanza y del bien de todos. Eso dicen, pero ¿cuál es la realidad?
En este registro podemos ver que el candidato presidencial que más gastó en televisión fue Roberto Madrazo (295 millones de pesos), el segundo fue Andrés Manuel López Obrador (268 millones) y el tercero Felipe Calderón (127 millones). Esto quiere decir que el autoproclamado «presidente legítimo» gastó 2.1 veces más en televisión que Felipe Calderón
Calderón sólo compró 11 mil 904 spots en televisión, pero adquirió 106 mil 960 en radio, mientras que López Obrador (16 mil 316 spots en TV) compró únicamente 60 mil 410 spots en radio: 1.7 veces menos que Calderón. Es falso, pues, que la elección se haya ganado en la pantalla.
Si se suma el gasto en radio, televisión y prensa escrita de las campañas para presidente, senadores y diputados, el PAN totaliza 330.8 millones de pesos, la coalición «Por el bien de todos» (PRD, PT y Convergencia) 515 millones y la Alianza por México (PRI y Partido Verde) 519.7 millones. La afirmación perredista de que las elecciones se ganan a golpe de billetes en los medios no se sostiene. El que más gastó quedó en tercero. Ganó el que invirtió 1.55 veces menos que el segundo y 1.57 veces menos que el tercero.
Si a la prensa, radio y televisión se agrega lo invertido en anuncios espectaculares, salas de cine y páginas de Internet, López Obrador gastó 125.7 millones de pesos más que Calderón. Para mayor escarnio y vergüenza del candidato de la esperanza, por cada voto obtenido, López Obrador pagó 26 pesos en medios y propaganda. Calderón pagó 17.50.
López Obrador supo de su derrota desde la misma noche del 2 de julio, mintió en ese momento y siguió mintiendo los días siguientes, llegando al descaro de afirmar hace unas semanas: «Dieron un golpe de Estado electoral... incluidos los medios envilecidos que se han sumado a la oligarquía neofascista».
Para este señor sólo La Jornada, Rocha y Aristegui son «objetivos». Y a este respecto recuerdo las afirmaciones del recientemente desaparecido F. Revel en su libro El conocimiento inútil (Planeta, 1988), libro que ya el año de su publicación advertía que el siglo XXI será la época «en que la información constituirá el elemento central de la civilización». En su capítulo «La potencia adúltera», señala lapidariamente aquellos vicios, vacíos y pendientes de los que aún adolece una prensa que todavía hoy se resiste a asumir un papel pleno y saludable que contribuya a la correcta consolidación democrática.
Rescato dos afirmaciones de este capítulo: «Cuando un periodista invoca el derecho a informar, el derecho a la información se refiere a su propio derecho de presentar los hechos como a él le guste, casi nunca al derecho público a ser informado con exactitud y sinceridad». Otro: «El derecho al error sólo es admisible en la información si se puede establecer, ante todo, que el periodista ha hecho todo cuanto ha podido para descubrir la verdad, que no ha omitido nada de lo que sabía ni inventado nada de lo que no sabía. Y se puede indicar muy bien y muy claramente, en un artículo, el límite hasta donde se ha podido obtener una información sólida y más allá de la cual comienzan la incertidumbre y la conjetura».
En fin. Esperemos que al mejorar la cultura y la educación del mexicano, mejore a la par su periodismo, puede ser. Pero que los dogmáticos pejistas entiendan y razonen eso sí lo veo difícil.