Opinión

MORELIA
Cambio de placas, ¿por qué?
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 17 de Enero de 2007
A- A A+

«Sepan los vasallos de Su Majestad el Rey de España, que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir ni opinar sobre los altos asuntos del Gobierno».
Marqués de Croix, virrey de la Nueva España, 1767.

Es altamente improbable que exista persona alguna que, por su propio gusto y con una entusiasta convicción, esté dispuesta a pagar alegre
y espontáneamente la catarata de impuestos que las honorables autoridades deciden implementar para exaccionar a los ciudadanos de cualquier país. Esto pasa en Inglaterra, Alemania, Suecia y los Estados Unidos, países todos del Primer Mundo y en donde la tradición y cultura cívica de sus habitantes les permite investigar, supervisar y fiscalizar el destino final de sus impuestos. En el caso concreto de México, donde lo común durante los más de 70 años de dictadura priísta fue la opacidad informativa o de plano la nula posibilidad de, ya no digamos fiscalizar, sino simplemente saber en qué se gastaban nuestros impuestos, el pago de los mismos ha sido siempre visto como una imposición agresiva, como una torpe exacción o de plano como un robo como es el caso del ilegal cobro del impuesto a la «tenencia» de automóviles, cobro supuestamente transitorio pero que sigue vigente desde el sexenio del ilustre Díaz Ordaz. Como resultado de esto el mexicano ha sido y es terriblemente desconfiado a la hora de pagar impuestos, pues a pesar de la propaganda gubernamental el ciudadano común percibe que el destino de sus dineros no tiene aún la transparencia que debiera.
Viene a cuento esto por la reciente decisión del Ejecutivo estatal de solicitar un reemplacamiento al casi un millón de automóviles y camiones que existen en Michoacán. Solicitud atendida, comedida y puntualmente, por los honorables diputados locales que con las entendibles limitaciones de su lenguaje justifican y defienden esta medida.
Sin embargo la duda queda. ¿Por qué un segundo reemplacamiento en el mismo sexenio de este llamado «gobierno diferente» (?). Las explicaciones que da el ciudadano tesorero Humberto Suárez son realmente insultantes para cualquier persona de inteligencia media, al igual que las de su director de Ingresos. Dan la impresión de que tratan con niños de primaria o débiles mentales. El argumento de que no existe un padrón confiable y que se encuentran inmersos en la ignorancia e inoperancia a causa de los movimientos que diariamente se hacen por compraventa de automóviles, por la existencia de los autos chocolate que tranquilamente circulan sin que nadie los moleste, por los movimientos normales de cambios de residencia de los usuarios, por las bajas de las unidades efectuadas por diversas razones y que todo eso se solucionará mágicamente con el reemplacamiento es una mentira del tamaño del mundo. Estas autoridades son inoperantes y sobre todo están desfasados simplemente porque son ineficientes y torpes, y eso no se les va a quitar reemplacando carros. Ésa es la incómoda verdad.
Fuentes cercanas al Ejecutivo estatal afirman que con el fin de lograr la aprobación de las elecciones concurrentes por parte de los muy honorables diputados de los diversos partidos fue destinada y utilizada una partida más que millonaria. El resultado ya lo vimos, de poco o nada sirvió, pero el gasto se hizo, la economía de varios puede ser que haya mejorado bastante pero las elecciones no prosperaron. Ahora hay que reponer ese dinero. ¿Quién lo va a pagar? Fácil, los que tengan automóviles.
Conclusión: ¿Los diputados representan a sus votantes?, no, definitivamente no. ¿A los diputados les interesa la opinión de sus votantes?, para nada. ¿Tenemos un «gobierno diferente»?, eso usted lo decidirá próximamente a la hora de votar.