Opinión

MORELIA
UNAM: mitos y realidades
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 20 de Diciembre de 2006
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Con motivo de la presentación del presupuesto para 2007 y el adelanto que en los medios se dio sobre un eventual recorte a la partida presupuestal de las
universidades se ha desatado una discusión sobre la pertinencia o no de semejantes recortes, discusión empeorada por las nada diplomáticas afirmaciones de un diputado panista al cuestionar la calidad académica de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Nadie en sus cabales puede poner en duda la urgente necesidad de superar el rezago educativo en que se encuentra sumergido México. Todos coincidimos en la conveniencia de aumentar el porcentaje del Producto Interno Bruto que se destina a la educación. Nadie cuestiona la inconveniencia de depender tecnológicamente en forma abrumadora de los Estados Unidos, Europa occidental y Japón. Y todos lamentamos el enorme costo de esta dependencia. En fin, todos deseamos una educación de calidad, tener egresados académicamente de excelencia y competitivos a nivel mundial, tener la mejor tecnología de punta y de pilón todo lo anterior gratis.
Hasta ahí todo bien, no hay desacuerdos. El problema se presenta cuando se llega a los incómodos ¿cómo y con qué? En ese momento desaparecen los acuerdos y las coincidencias.
En México, debemos recordar, existió una universidad antes, mucho antes que en los Estados Unidos. La Real y Pontificia Universidad de México fue fundada en 1551 cuando Harvard, la actual universidad número uno en la clasificación mundial, ni siquiera existía en el mapa pues fue fundada en 1636 y reconocida como universidad sólo hasta 1780.
¿Por qué terminamos en el sótano de la educación mundial y la tecnología? Buena pregunta cuya respuesta rebasa con mucho la extensión de este escrito. ¿Por qué países devastados hasta la ruina absoluta, con pérdidas millonarias en vidas humanas y en bienes materiales, como es el caso de la Alemania de la postguerra y el Japón postbombardeo atómico, actualmente son, junto con los Estados Unidos los países que marchan a la cabeza de la educación y la tecnología? Otra buena pregunta.
Una gran cantidad de políticos, periodistas, comunicadores y otros que tienen el mismo defecto de repetir lo que oyen sin investigar nada gritan y se envanecen con el anuncio de un periódico inglés, The Times, que coloca a la UNAM en el lugar número 74 en una escala mundial, resultando ser la mejor calificada de toda Hispanoamérica, por arriba de las de España, Argentina y Brasil y de paso mejor que la de Moscú.
Estos candorosos especímenes no se preocuparon por investigar los criterios de calificación que usaron para medir la calidad de las universidades; piensan en su ingenuidad que eso traduce una excelencia en los egresados de las diversas carreras que se cursan en la UNAM. Craso error. La calificación se ha dado analizando la productividad en las áreas de investigación, la cantidad y calidad de los artículos publicados en revistas internacionales reconocidas, el grado académico de los investigadores de carrera y los docentes y la administración de la misma universidad. De ninguna manera estos datos se extrapolan a cada uno de los egresados. Absurdo.
Pero, ¿por qué tiene este volumen de investigación la UNAM?, ¿por qué concentra ella sola la mitad de toda la investigación de México? Aquí sí la respuesta es fácil, simplemente es una herencia del centralismo que padecemos desde la Nueva España. Resulta que, para bien o para mal, a algunos se les ocurrió asignar a la esfera de influencia de la UNAM (y de su poco transparente presupuesto) la totalidad de los diversos institutos de investigación, obviamente con sus correspondientes nóminas y gastos. Institutos que en otros países están descentralizados. Así resulta que caen bajo la competencia de la UNAM desde el Instituto de Astronomía hasta el de Neurobiología que está en Juriquilla, pasando por los institutos de Biología, Ecología, Ciencias Nucleares, Geología, etcétera, etcétera. Resultado de esto: el grueso de la investigación queda asignada a la UNAM y por lo tanto sujeta a los caprichos de su gobierno. Y también a sus paros, ya que cuando se dio la huelga de casi un año en el sexenio de Zedillo, los procesos de investigación de las áreas de biología se fueron a la basura por imposibilidad física de seguir laborando.
¿En qué lugar quedaría la UNAM si, como pasa en otros países, los institutos de investigación se manejaran como entidades independientes? Simplemente se desplomaría la calificación de esta universidad hasta su nivel real.
La UNAM no es ni mejor ni peor que el promedio de las universidades públicas de México, no es todo lo malo que se dice de ella, pero tampoco todo lo bueno. Comparte vicios y virtudes como todas. Que pretendan engañarnos diciendo que ese lugar 74 a nivel mundial se traduce en la eficiencia terminal de los egresados es simplemente criminal.
La UNAM tradicionalmente ha sido una entidad explotada por toda clase de oportunistas políticos, sindicalistas, académicos mediocres y porros diversos. La explotan, la paran y la demeritan. La UNAM, con su cauda de parásitos y fósiles, pases automáticos, sus laxos criterios de permanencia y titulación, merece mejor destino. La enorme dignidad con la que algunos verdaderos maestros, investigadores y alumnos sostienen su espíritu, se halla cada vez más acorralada y disminuida por esta utilización política. Cerrar los ojos a la realidad, por incómoda que sea, y negarse a ejercer la autocrítica no conduce a nada bueno.