Opinión

MORELIA
Repercusiones
El presidente y el Ejército
Es urgente que el Congreso de la Unión realice un análisis a fondo de lo que son y debieran ser las diferentes Fuerzas Armadas (PFP, Ejército, Marina), para evitar situaciones en las que ahora se encuentran las Fuerzas Armadas mexicanas
Samuel Maldonado B. Martes 19 de Diciembre de 2006
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El presidente de México, por mandato expreso del artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, tiene el mando indiscutible de las Fuerzas Armadas y, en consecuencia, puede «habilitar toda clase de puertos, establecer aduanas marítimas y fronterizas y designar su ubicación». ¡Sólo a petición expresa del Poder Judicial, puede auxiliar a este poder para que a su vez dé cumplimento a las sentencias y órdenes expedidas por los jueces, «cuando la voluntad de los particulares se resista a obedecer las leyes»!

Lo anterior con el objetivo de evitar que el titular del Poder Ejecutivo abuse del mandato que tiene sobre las Fuerzas Armadas y pueda, a voluntad propia, violar la autonomía de una entidad federativa. A su vez, ningún gobernante tiene la facultad de solicitar de motu proprio al jefe de las Fuerzas Armadas el uso de éstas, si no es a través de la propia autorización que reciba del Congreso de su estado.

Con las medidas anteriores, enmarcadas en el artículo ya referido de la Carta Magna, se procuraba evitar la utilización indebida del Ejército Nacional y de la Marina en actividades fuera de su competencia, como lo ha sido, por ejemplo, su inserción en la lucha constante contra el narcotráfico y el crimen organizado o colocando los retenes (ya vistos como una acción normal) en las carreteras de todo el país.

Nos queda claro que en tiempos de paz, las Fuerzas Armadas se subutilizan y prácticamente se han empleado en auxiliar a la población civil cuando ésta sufre de los embates de la naturaleza. También estamos conscientes que nuestro país no ha sido nunca una potencia militar y que estamos lejos de desear que lo sea; tampoco lo queremos ver violando las garantías constitucionales o en el ataque a los grupos sociales que pretenden reivindicar sus derechos a manifestarse públicamente como en el año de 1968, fecha en que se utilizaron arbitrariamente, de tal manera que esa intervención militar en contra de civiles le ha dado al Ejército un desprestigio mayor.

De ninguna manera, y menos en estos días en que los «cárteles de la droga» han emprendido una guerra interna que afecta a la sociedad en lo general, nos pronunciamos en contra de la intervención de las Fuerzas Armadas en esta lucha. ¡Sí! por el contrario, nos queda claro que dentro de éstas ha habido altos jefes involucrados en el narcotráfico, así como grandes funcionarios del Estado mexicano estrechamente ligados al desarrollo de este enorme e ilegal comercio.

Del Ejército Mexicano, no sabemos gran cosa y como lo cita Kate Doyle, directora del Proyecto México, del Nacional Security Archive, de Los Espantados Unidos: «El Ejército Mexicano es famoso por su hermetismo, su opacidad y su hostilidad al escrutinio público. Basta con preguntar a los que cubren la fuente militar».

Otra evaluación, que también sobre las Fuerzas Armadas realizara la Central Intelligence Agency del ya señalado Espantados Unidos entre los años de 1993 y 1994, no es satisfactoria para los mexicanos, pues nos describe un ejército heterogéneo y obsoleto, con falta de control logístico y mantenimiento técnico, con una centralización excesiva, alta corrupción y un entrenamiento inadecuado. Además, no cuenta con una oficina real de inteligencia militar, lo que ha provocado que elementos del Ejército estén ahora en el lado de los mafiosos. Si bien son fuerzas disciplinadas, tienen poco entrenamiento y son anticuadas, son capaces de reprimir un foco de insurgencia local, como lo demostró su exitosa campaña de contrainsurgencia en el estado de Guerrero, en 1974.

Cierto que con las características investigadas por el Pentágono, las Fuerzas Armadas no sirven para un combate (afortunadamente) con ningún país de América y en consecuencia, sus funciones principales debieran estar enfocadas a otros asuntos internos, por lo que me parece que es urgente que el Congreso de la Unión realice un análisis a fondo de lo que son y debieran ser las diferentes Fuerzas Armadas (PFP, Ejército, Marina), para evitar situaciones en las que ahora se encuentran las Fuerzas Armadas.

Será saludable para México que se evite la violación sistemática que se hace de la Constitución Política, que va siendo una indeseable constante del gobierno nacional, desde varios años antes.