Opinión

MORELIA
Periodismo panfletario
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 29 de Noviembre de 2006
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Panfleto, según diversos diccionarios, es un escrito de naturaleza propagandística, y generalmente relacionado con la política. La Real Academia
Española lo define como libelo difamatorio o bien un opúsculo de carácter agresivo. Encarta sucintamente lo describe como un escrito político de carácter subversivo.
En México, después de una larga temporada de tinieblas, corrupción, subordinación e inoperancia, tenemos desde hace poco más de un par de sexenios un periodismo que podemos considerar de buena calidad. Ciertamente no en el cien por cien de los casos, de ninguna manera, pero sí una buena parte. Cambios que se dieron paulatinamente, con bastante trabajo y pagando un alto costo de amenazas, presiones, chantajes y en algunos casos llegando al asesinato. En este siglo XXI los jóvenes actuales no tienen ni idea de la basura periodística que padecimos en los 60, 70 y 80. Los años de mayor poder y «gloria» del priísmo.
Inicialmente el cambio se dio en noticieros radiales, para posteriormente, con lentitud, darse en el periodismo escrito. En cuanto a la apertura de la televisión comercial, si bien no es algo como para llevar a una exposición es, quiérase o no, definitivamente mucho más equilibrada y objetiva que en las afortunadamente rebasadas épocas del noticiero 24 Horas del inefable Jacobo. Los periódicos han evolucionado drásticamente a un estilo impensable en los 60 y quienes no lo hicieron simplemente desaparecieron como fue el caso del Nacional y Novedades. Otros como Excélsior y El Universal han sufrido un cambio más que radical para poder reposicionarse en el ya competido mundo periodístico mexicano.
Nuevos periódicos han surgido desde finales de los 80, el ya alicaído y mutante Unomasuno, La Jornada que vivió su mejor época en los iniciales 90, Reforma que junto con Milenio se han consolidado como una opción bastante profesional y razonablemente confiable. Monitor que no ha podido cuajar, La Crónica que nació con el estigma de diario «salinista» aunque poco a poco gana credibilidad. De los Soles no hay mayor cosa que hablar, bien pueden desaparecer y pocos notarían su ausencia.
La mayoría trata de balancear sus posiciones, con mayor o menor fortuna. Pero lamentablemente para el periodismo honesto existe un segmento del mismo que, sin temor a equivocarnos podemos calificarlo de «periodismo panfletario», aunque algunos usarían más bien la denominación de «periodismo faccioso». Este segmento de periodismo ha decidido, por así convenir a sus muy particulares intereses, abandonar todo intento de objetividad y sensatez para dedicarse por completo a la defensa de una causa, persona o posición política. Recurren a una defensa a ultranza, cerril, que no rara vez llega al insulto, la burla, al humorismo fallido, la mentira, a la descalificación, pero sobre todo al sesgo absoluto con la idea de engañar a sus lectores.
Periodismo que cuenta con el apoyo de los infaltables «compañeros de viaje» de la escritura, esos «opinadores» que candorosa y bienintencionadamente se tragan y procesan todas las insensateces que escuchan sólo porque concuerdan con sus más recónditas y personales filias y fobias.
Periodismo con un repugnante tufo de quintacolumna que por momentos resulta inocultable. Periodismo que recurre reiteradamente al argumento de «libertad de prensa», pero no para informar, sino para agredir, atacar, o de plano calumniar a quienes no piensan como ellos, únicos representantes y dueños de la Verdad. Periodismo que cierra los ojos ante la corrupción y contradicciones de sus correligionarios y patrocinadores, sean éstas del tamaño que sea. Periodismo que falsea, encubre, sesga, matiza, o de plano miente «por el bien de la causa».
¿Quiénes son estos exponentes del peor y más lamentable periodismo faccioso y panfletario? El lector ya los conoce: son los medios, básicamente un periódico, una revista semanal y un par de locutores que apostaron todo por un intolerante y agresivo populista que perdió las elecciones este 2 de julio y que ahora, cuando ha perdido todo rastro de sensatez y cordura, lo siguen apoyando, justificando, protegiendo y, claro, ni por equivocación han ejercido la más mínima autocrítica. Ni la van a ejercer, algunos por no convenir a sus intereses y otros simplemente porque viven en un mundo alterno, donde existen otros datos, otras cifras, otra realidad, donde hay fraudes que sólo ellos vieron, mundo en donde, emocionados, escriben con la fe de un recién converso.
Triste despertar cuando finalmente se den cuenta de que los han utilizado y engañado tantos años.
Add.- Escribí que la entronización de López Obrador me recordaba un popular show televisivo. Cierto, pero también, viendo las fotos del evento, me evocó, casi al detalle, la coronación de Jean-Bédel Bokassa, emperador del efímero Imperio Centroafricano a finales de los 70. Similar escenografía, similar trono, similar águila, similares súbditos.