Opinión

MORELIA
Por el mal de todos
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 22 de Noviembre de 2006
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No hay fecha que no se cumpla, y ¡por fin! este 20 de noviembre llegó el momento tan esperado por el segmento más primitivo de la pseudoiz-
quierda mexicana. Sí señores, llegó la hora «cuchi cuchi», la hora «ya vas que chutas», (Beto El Boticario dixit), la hora del show cómico-mágico-musical del año, o más bien, del decenio, y cual parodia de ese recordado programa de los ochentas La carabina de Ambrosio, El Mesías de Macuspana y sus devaluados palafreneros nos han regalado esa joya del humorismo involuntario, esa gema de la cursilería, la megalomanía y el desatino que fue la «toma de protesta» como presidente legítimo de la República mexicana, puesto al que fue designado por virtud de una asamblea de adocenados sirvientes y dóciles acarreados que lo mismo le habrían aplaudido si en vez de presidente se autonombra Zar de Mesoamérica o Gran Faraón del Altiplano.
López Obrador ya sin rastro alguno de sanidad mental ha optado por convertirse en «presidente» de una República «patito», de una nación que sólo existe en la imaginación de él y de algunos de sus más acríticos seguidores. Él y su nocivo grupo, apoyados por un grupo de seguidores, muchos menos de los que en su delirio existen, piensan de verdad que pueden contar con el apoyo de la mayoría de los mexicanos. Para López y sus fieles seguidores las últimas encuestas que muestran que el 80 por ciento de los ciudadanos está en contra de su pretendida presidencia legítima no significan nada, como tampoco les entra el dato de que en este momento la imagen que la gente tiene de AMLO haya pasado de una gran aceptación hace unos meses a ser considerado actualmente el político con la imagen más negativa, peor incluso que la que en su momento tuvo el mismísimo Madrazo. Recordemos que su «gabinete» y sus fieles seguidores junto con varios de sus amanuenses y el Periódico objetivo tienen como dogma que López ganó la elección, y ya sabemos que contra los dogmas no hay razonamiento que sirva.
El ridículo internacional y la mala imagen que López se ha ganado el día de ayer lo acompañará mucho tiempo. Pero eso no le importa, y la verdad a nosotros tampoco, el problema es que con una tramoya «patito» estilo El privilegio de mandar, en el fondo, lo que vimos el lunes en el Zócalo y lo que probablemente veamos el viernes 1 de diciembre en San Lázaro, es la venganza de un enfermo de presidencialismo que no reconoce límite, leyes ni democracia alguna, y que está dispuesto a que si no fue él el elegido, no lo será nadie. López Obrador y sus aliados están dispuestos a hacer lo que sea para estorbar, golpear y hacer fracasar al gobierno de Calderón. Con el delirio de que les robaron la elección AMLO y sus sirvientes se convertirán no tan sólo en los enemigos del gobierno de Calderón, sino en los enemigos de la incipiente democracia mexicana. Si el «legítimo» le apuesta a la ingobernabilidad y al caos, le estará apostando a la radicalización de los problemas nacionales, le estará apostando a la violencia y le estará apostando al fracaso de todos.
Ya lo menciona el influyente diario El País: «Si algo ha logrado López Obrador con su permanente y escasa consideración con las instituciones democráticas del Estado y con sus decisiones es el oprobio de poner en peligro la convivencia pacífica y la paz civil en esa gran nación. Tal encasillamiento no conduce (a AMLO) a ningún lado si no es a la insignificancia política, que irremisiblemente irá llegando con la defección en sus propias filas». Este comentario, previsiblemente, mereció la más indignada descalificación por parte del editorial del Periódico objetivo.
Más categórico, Vanguardia sentencia: «Sin el menor sentido del ridículo, López Obrador se autoproclamará presidente con el objetivo de provocar una crisis institucional», afirmó el rotativo de Barcelona. Agregó que «sin importarle despilfarrar el enorme capital político que ganó en las últimas elecciones», López Obrador asumirá este lunes «una presidencia de pacotilla». Será simplemente un «acto carnavalesco».
Costoso acto carnavalesco, costoso show con cargo al erario, y para remate nos avisan que cada integrante del gabinete legítimo recibirá un sueldo de 50 mil pesos mensuales. Más de un millón mensual nos costará esa puntada del Mesías.
Evidentemente los avisos tenían razón, López Obrador no sólo era un peligro para México, sino que, definitivamente es y sigue siendo un peligro para México.