Opinión

MORELIA
La estupidez humana
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 8 de Noviembre de 2006
A- A A+

Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy tan seguro.
Albert Einstein

No hay manera de evitarlo, cualquier día de la semana, en cualquier lugar, al leer o escuchar las opiniones y declaraciones de prácticamente cual-
quier político, líder sindical, locutor radial o televisivo e incluso las de algún distinguido intelectual, no puedo menos que recordar y aceptar como ciertas las aseveraciones del humorista regiomontano, ya fallecido, Hermenegildo L. Torres, que en los iniciales 60, en un par de voluminosos discos de acetato disertaba sobre la gran cantidad de pendejos que existen en nuestro mundo, sobre las consecuencias de sus torpes actos, nos daba una muy completa clasificación de los mismos y terminaba proponiendo que de plano aceptáramos que pertenecíamos al abundante grupo de pendejos, ya que, según él, era más fácil aceptarlo que tratar de demostrar que no lo éramos. Para este fin había fundado un grupo, llamado Por la Unión de los Pendejos, PUP, y hasta enviaba credenciales a quien lo solicitara.
Hace poco tiempo, escuché una composición en voz de Facundo Cabral, «Los pendejos», obra aguda y de ácido humor como casi toda su producción. Entre otras cosas habla de su abuela y su difunto marido, transcribo textual: «estuvo casada con un coronel que era realmente un hombre valiente, sólo le tenia miedo a algo…. a los pendejos. Un día le pregunté por qué y me respondió: Porque son muchos y no hay forma de cubrir semejante frente. Y por temprano que te levantes a donde quiera que tú vayas, ya está lleno de pendejos, y son peligrosos porque al ser mayoría eligen hasta al presidente». Vaya que son peligrosos, simplemente aquí estuvimos a medio punto de arruinar fatalmente al país con un sexenio a cargo de un rencoroso, inculto y agresivo populista rodeado de una camarilla de voraces delincuentes procedentes del PRI, de los sótanos del PRD, de algunos sindicatos y del impresentable magisterio democrático. Un sexenio que nos hubiera catapultado, no a un futuro promisorio, sino a los negros abismos del echeverriato con su cauda de intolerancia, corrupción, clientelismo y mesianismo. Ahora bien, intente usted convencer a un fanático de López Obrador del peligro que representa este Mesías; imposible, primero convence a un tigre para volverse vegetariano o redime a un aguerrido testigo de Jehová. La realidad para ellos está en la Matrix reseñada en La Jornada, único diario «objetivo».
Es apasionante el estudio de la estupidez humana. El análisis de la tontería humana es tan antiguo como esta misma, entre sus precursores está Teofrasto de Ereso, autor de los Caracteres, colección de una treintena de prototipos humanos entre cuyos rasgos abundan los de necedad, acompañados de mezquindad y malicia, y a Luciano de Samosata, que escribió, entre otras obras, los Diálogos de los muertos, ejemplo de ingenio satírico.
Otro mas cercano fue Thomas Murner, clérigo de Estrasburgo, el cual escribió La conspiración de los necios y El gremio de los pillastres. Se centró en la sátira de los eclesiásticos y los ricos. Pero quizá el más conocido sea Erasmo de Rotterdam (Desiderius Erasmus 1466-1536) a quien se le atribuye cierta vecindad con este movimiento por su Moriae Encomium, mal traducido como Elogio de la locura, más bien es de la estulticia, donde no escaseaban los reproches contra las gentes de la Iglesia, aun cuando el autor se guardó de tomar partido en el conflicto del reformismo que había ya estallado en su época No le valió, pues terminó mal con los dos bandos.
Acompañante fiel de la estupidez es la ignorancia. Mal muy extendido en nuestros días y del que poco se habla, pues es precursora y promotora del irracional consumismo que tanto favorece y beneficia a tan pocas personas, empresas y partidos. Es asombroso el atrevimiento de las personas ignorantes, y es que callar es una virtud que debe aprenderse y muchas jamás lo logran.
¿Quién es un ignorante? Ignorante no es quien no sabe, sino quien no quiere saber. Es decir, quien puede saber y no quiere porque cree saber ya bastante. ¿Cómo demuestran su ignorancia? Sin estudiar medicina se automedican, sin estudiar derecho creen conocer mejor las leyes que muchos abogados, profetizan como el oráculo de Delfos, sin leer lo suficiente y sin investigar nada creen saber de política, deporte, ciencia y de cualquier cosa que se les pregunte. Son fieles lectores de revistas de chismes, horóscopos, entusiastas seguidores de pseudociencias, naturismo, flores de Bach y demás vaciladas que periódicamente aparecen.
No saben dialogar, pues creen que preguntar es de ignorantes, cuando, en realidad, es el primer paso para abandonar la ignorancia. No saben escuchar, sólo saben repetir una y otra vez como pericos los mismos argumentos que escucharon de otros igual de ignorantes que ellos y si consideran que es necesario gritar, lo hacen a la menor oportunidad, pues también creen que gana el que grita más fuerte.
Ya lo dice el historiador español Pedro Voltes: «La tontería no tiene época ni lugar, es universal e intemporal».