Opinión

MORELIA
Delincuentes, políticos y cobardía
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 1 de Noviembre de 2006
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Los humanos no somos perfectos, eso ni quien lo dude, y entre los múltiples defectos y lacras que pueden tener los hombres, uno de los más desprecia-
bles y que más lastima a la sociedad es el representado por los delincuentes sexuales. Aquí en México tenemos varios sonados casos que actualmente se están procesando después de la denuncia de la periodista Lydia Cacho. El problema con este tipo de delincuencia es definitivamente grave, al grado que una de las naciones paradigmáticas del primer mundo, en tecnología y cultura, Francia, ha decidido apoyarse no tan sólo en leyes, sino en la investigación científica para atajar de raíz este problema.
Resulta que desde noviembre del 2005 el gobierno francés experimentó por vez primera la vía de la terapia química para intentar hacer frente a la inquietante espiral de delitos sexuales, que hoy representan el 22 por ciento de la población carcelaria, frente al cinco por ciento en 1980. La violación de menores afecta a tres de cuatro casos, y a menudo son reincidentes.
A partir de enero del 2006, 48 antiguos condenados participan con carácter voluntario durante un periodo de dos años en un estudio del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (Inserm) para verificar los efectos de sustancias antiandrógenas (bloqueadores de la hormona masculina testosterona) sobre individuos «cuyo comportamiento de agresión sexual no haya podido ser tratado eficazmente por vía psicoterapéutica o farmacológico».
El experimento avalado por el gobierno utilizará dos productos inhibitorios de la libido: el acetato de ciproterona y el leuprolide que actúan directamente contra las hormonas masculinas. Administradas por vía oral o subcutánea, ambas sustancias tienen la propiedad de impedir la secreción de la testosterona, que actúa sobre el deseo sexual y la capacidad de erección. Vale aclarar que este tratamiento es totalmente reversible, es decir, sólo funciona mientras se toma y que será acompañado de vigilancia clínica, biológica y psicoterapia.
Además de Francia, esta alternativa de tratamiento para este tipo de delincuentes ya se practica en Canadá, Dinamarca, Alemania y los Estados Unidos. Concretamente en California es obligatoria desde 1996 para los culpables de agresión sexual a niños.
¿Qué efectos tiene el bloqueo hormonal, o sea, la castración química en un hombre violento o hipersexuado? Simplemente reduce drásticamente el impulso sexual y la agresividad. Situación deseable en un delincuente confeso y que ya tiene una respetable lista de violaciones y asesinatos en su haber.
Pero resulta que en México, los mencionados leuprolide y ciproterona se usan desde hace años principalmente para el tratamiento del cáncer prostático, tumor maligno que tiene una relación absoluta con la testosterona. ¿Qué efecto tiene un bloqueo hormonal completo en un hombre? Pues que aparte de desaparecer el impulso sexual disminuyen los impulsos que caracterizan a un varón. La agresividad, el valor, el arrojo, el coraje y todo lo que distingue al macho de la hembra se ven notoriamente disminuidos. El ejemplo extremo es lo que representa un soberbio toro de lidia y lo que resulta después de castrarlo.
Me pregunta un conocido, ¿qué pasa si uno de nuestros altos políticos, alguno con obligación de decidir y con el poder legal para usar la legítima fuerza del estado, está recibiendo bloqueadores hormonales por una neoplasia prostática? Pues que enfrentado a esa posibilidad manifestará miedo y cobardía y lo disfrazará de «prudencia» y «diálogo».
El caso Oaxaca
Es evidente que cuando en un estado de derecho el Poder Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo solidariamente consienten y toleran que haya ciudadanos que sufran agresiones, vejaciones, y permanezcan en la más absoluta indefensión, a merced de una horda de criminales, no importa de qué partido o ideología, y toleran esa situación; cuando eso ocurre en un estado de derecho, los responsables de defender a las víctimas incurren en la más vil y despreciable de las cobardías.
El ejemplo lo tenemos en Oaxaca. Por donde se le quiera ver, resulta indignante para los ciudadanos que el presidente haya decidido la intervención de la fuerza pública sólo después de 160 días de disturbios, que dejaron como saldo la muerte de quince personas y que durante cinco meses convirtió al centro de la capital oaxaqueña en el territorio sin ley a merced de un grupo de parientes de los neanderthales.
En el colmo de la cobardía no importó la pérdida del ciclo escolar para cientos de miles de niños y jóvenes, se toleró el secuestro del Zócalo oaxaqueño, estaciones de radio y canales de televisión; se destruyó la economía de Oaxaca y el estado de derecho; se debió llegar a la ingobernabilidad y la inestabilidad política y social de esa entidad; y se debió convertir a Oaxaca en un foco de subversión en el que participan grupos vinculados con guerrillas como el EPR, para que el presidente Fox, muy tardíamente, decidiera el envío de la fuerza pública.
Ahora vendrán las estridencias y pataleos de la prensa panfletaria y facciosa (el Periódico Objetivo y una revista semanal) con sus obedientes y limitados amanuenses, sus dos locutores favoritos y demás apologistas de la violencia social. Todos previsibles.