Opinión

MORELIA
Revel y Oriana, el adiós
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 25 de Octubre de 2006
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Hace tiempo escribí que cuando muere un gran hombre (o mujer) inevitablemente nos queda, aparte de una sensación de vacío, la incómoda
percepción de que a partir de ese momento algo faltará por siempre en nuestro mundo. Quiero entonces, a manera de un mínimo reconocimiento, hablar hoy sobre dos personajes que para muchos de nosotros fueron piezas claves para entender y valorar buena parte de nuestra civilización occidental. Me refiero a Jean Francois Revel y a Oriana Fallaci, fallecidos en abril y septiembre de este 2006. Ambos europeos, él francés y ella italiana, él un distinguido filósofo, académico, escritor, editor y periodista, y ella brillante entrevistadora y excelente escritora.
Revel, nacido en Marsella en 1924 y llamado en realidad Jean-Francois Ricard, estudió en Lyon y en 1943 entró en la elitista Escuela Normal Superior, donde se especializó en Filosofía. Tras la guerra, en la que se implicó en la resistencia contra la ocupación nazi de Francia, fue nombrado profesor de Filosofía primero en la ciudad de Tlemcen, en Argelia (entonces colonia francesa) y luego en el Instituto Francés de México y en la Facultad de Letras de Florencia, en Italia.
De vuelta a Francia, trabajó como profesor en Lille y París hasta que abandonó la universidad en 1963. Como escritor, varias de sus obras fueron galardonadas, entre ellas la titulada en español Cómo terminan las democracias, que obtuvo los premios Aujourd’hui 1983 y Konrad Adenauer 1986, y la contundente obra El conocimiento inútil (1988), distinguida con los galardones Chateaubriand y Jean-Jacques Rousseau.
Polemista brillante, dueño de un saber enciclopédico y de una prosa tersa y lapidaria, en sus escritos todos los grandes iconos y santones de aquellos años quedaban bastante despintados al denunciar el oscurantismo gratuito, pretencioso y tramposo del lenguaje en que se expresaba buena parte de los filósofos de moda (de Lacan a Heidegger, de Sartre a Lévy-Strauss).
Toda su vida fue un republicano ateo, severo censor del espíritu dogmático de todas las iglesias y en especial la católica, defensor del laicismo y del racionalismo. Pero el grueso de sus duras críticas se dirigía a esa izquierda enemistada con la cultura democrática, la sometida al dogmatismo marxista o maoísta, intolerante e incapaz de toda autocrítica, y a la proliferación de una literatura política supuestamente progresista hecha de mentiras, lugares comunes y retórica hueca. La tentación totalitaria (1976), Cómo terminan las democracias (1983) y sobre todo El conocimiento inútil (1988) provocaron feroces polémicas y sirvieron para mostrar que un pensador liberal podía, si tenía el talento, la cultura y la valentía de un Revel, encarnar el verdadero espíritu inconforme, valiente e inteligente en estos tiempos de abdicación moral de la izquierda.
Su último gran ensayo, publicado en 2002 y también traducido al español, de nuevo abordó un tema polémico (la animadversión por Estados Unidos) con ironía y a la contra de la mayor parte de los intelectuales franceses: La obsesión antiamericana: dinámica, causas e incongruencias. Libro de contenido y argumentos sólidos como pocos. Simplemente no da lugar a equivocaciones.
Oriana Fallaci, conocida en México más por su incidente en la masacre de Tlatelolco en 1968, cuando resultó herida mientras cubría los detalles del mitin. Nació el 29 de junio de 1930 en Florencia, Italia. Abandonó la Facultad de Medicina para dedicarse al periodismo. Se caracterizó por mostrar, tanto en sus obras como en sus artículos un estilo muy personal que raya en la provocación y se sitúa siempre en la más plena controversia. Reconocida sobre todo por sus entrevistas a personajes como Henry Kissinger, de quienes obtuvo declaraciones polémicas. Su estilo frontal enfureció a varios de sus entrevistados, como el ayatola Jomeini, Gaddafi o Leopoldo Galtieri. Oriana Fallaci, para sus trabajos, partía de la hipótesis de que en una entrevista lo que cuenta no son las preguntas sino las respuestas: «Si una persona tiene talento, se le puede preguntar la cosa más trivial del mundo: siempre responderá de modo brillante y profundo. Si una persona es mediocre, se le puede plantear la pregunta más inteligente del mundo: responderá siempre de manera mediocre».
Fue corresponsal en Vietnam y en la Guerra del Golfo. Colaboró con numerosas publicaciones y escribió varios libros, entre los que destacan: Entrevista con la historia (1974); Carta a un niño que no nació (1975); Un hombre (1976) e Inshallah (1992). En 2003 salió a la venta en Italia, La fuerza de la razón. En la obra acusa a la Iglesia Católica de ser demasiado débil ante el mundo musulmán, y a Europa de venderse al Islam «como una prostituta». Dos años antes, su ensayo La rabia y el orgullo provocó acusaciones de que incitaba al odio contra los musulmanes. Con esta obra rompió un silencio de diez años, y lo hace tomando como punto de partida el atentado que la mañana del 11 de septiembre de 2001 destruyó las Torres Gemelas y redujo a cenizas a miles de personas.
Nunca se doblegó, sostuvo con pasión y argumentos sus puntos de vista. Desafió y criticó la cobardía y lo «políticamente correcto» de varios jefes de Estado europeos y se ganó la enemistad eterna de todos los agresivos e incultos fanáticos del Islam.
A los dos, gracias por sus aportaciones.