Opinión

MORELIA
Mediocridad e incompetencia
La Universidad Michoacana atraviesa una severa crisis, originada principalmente por gente que se alberga en su seno
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 27 de Septiembre de 2006
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Como cada año, por estas fechas en la sufrida y decadente Universidad Michoacana puntualmente se reproducen las tomas, plantones, blo-
queos, amenazas, gritos, etcétera, por parte de beligerantes y agresivas estructuras pseudoestudiantiles de turbio origen y financiamiento sospechoso. ¿El motivo?, el de siempre, permitir el ingreso o el «pase automático» de incompetentes, mediocres, asnos y parásitos. Como cada año las «autoridades» universitarias juegan a que tienen capacidad y valor para enfrentar a estas hordas de vándalos y como cada año terminan por arrodillarse y quedar en ridículo ante la opinión de los observadores.
¿Cuál es razón del miedo de estas apocadas «autoridades» universitarias, del rector para abajo, para aceptar vivir esa humillación, año con año? ¿El sueldo?, puede ser, por dinero se llega a vender hasta la dignidad. ¿Son parte de un juego perverso de poderes? Puede ser, cuestión de analizar la evolución de cada grupo. ¿Afán de seguir en el presupuesto por incapacidad para sobrevivir en forma autónoma? También puede ser, una gran parte de ellos son absolutas nulidades profesionales y verdaderas mediocridades académicas. ¿Deseo de conservar una pequeña parcela de poder para extorsionar con dinero o sexo a alumnos, alumnas o suplentes que buscan trabajar? Muy probablemente.
El resultado final es el mismo, una universidad ya de por sí mediocre en imparable decadencia, lastrada por una gran cantidad de maestros calificados continuamente por la prensa como incompetentes, corruptos, que venden la aprobación de sus exámenes por una botella, por seis mil pesos o por acostarse con una alumna (o).
Ciertamente existen en la Universidad Michoacana buenos elementos, excelentes y dedicados maestros, varios de ellos altamente calificados, con un gran nivel académico, comprometidos con sus alumnos y que se duelen de la tragedia que se abate sobre la universidad desde hace muchos años. Lamentablemente son minoría y por sí solos no logran revertir la negativa influencia de los mediocres y corruptos personajes incrustados en puestos administrativos y sindicales.
¿Y las autoridades estatales y federales, esas encargadas de otorgar los dineros con que funciona la universidad? Esas no hacen ni harán nada. Lo que les interesa en mantener grupos de poder y de choque incrustados en la universidad para beneficio personal. Que la universidad esté cada año peor les vale, no les interesa, que el dinero con el que se alimenta a la corrupta estructura sea de nosotros, los que pagamos impuestos, menos les interesa. Y esto va para todos los partidos.
Francamente sólo mueve a risa ver que ante la inocultable mediocridad e incompetencia de una buena parte de los egresados de la universidad, algunos trasnochados y despistados parásitos de la misma sólo atinan a refugiarse en la añoranza de un pasado que ya no existe, en una grandeza que sólo es recuerdo y no quieren ni pueden aceptar que la realidad es otra y que ya nada sobra de la antigua importancia académica que alguna vez llegó a tener la universidad. Estos patéticos maestros no avanzan más allá de repetir como loros: «El alma mater de Hidalgo, de Ocampo», como si eso sirviera para remediar su pésima calidad.
¿Culpables? No hay que buscarlos en la Iglesia, la CIA, el Opus Dei, los Estados Unidos, el PAN o la iniciativa privada. Los culpables están en casa, en la propia universidad, en sus autoridades, sus maestros y en sus laxos criterios académicos y administrativos, en su corrupta estructura y en su falta de capacidad para cumplir los reglamentos.
¿Incómodo? Sí, pero ésa es la triste realidad.