Opinión

MORELIA
El imposible diálogo
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 30 de Agosto de 2006
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Es de sentido común resolver un problema por la vía del diálogo y no por la vía de los macanazos. Cualquier persona sensata sabe que intentar resolver un
conflicto usando la fuerza sin diálogo casi siempre lleva a empeorar los resentimientos. Cierto, sólo que hay un pequeño problema: para que el diálogo tenga alguna posibilidad de éxito debe acompañarse de información suficiente, completa y comprobable para convencer a la otra parte de que determinada posición es la más adecuada. Evidentemente esto surte efecto siempre y cuando la contraparte esté dispuesta a escuchar, valorar, razonar, ponderar y aceptar razonamientos en contra. Pero si de entrada una de las partes se niega tajantemente a reconocer la simple posibilidad de que pudiera estar equivocada, porque tiene la certeza dogmática de poseer la verdad o por una criminal estrategia, entonces el diálogo fatalmente estará condenado al fracaso.
A este respecto vale la pena recordar algunas afirmaciones hechas por personas ligadas al movimiento lopezobradorista y de valorar en nuestro fuero interno si podemos esperar sensatez en ellos.
Jaime Martínez Veloz (trapecista político): «Al peligro se le extermina, no se concilia con él. En la defensa del voto de la izquierda va también la supervivencia ante la guerra de clases desatada por el embrión fascista representado por el candidato de la ultraderecha. ¡Aquí no se raja nadie!».
Luis Javier Garrido («intelectual» de izquierda): «La guerra sucia es causal suficiente para anular el proceso...»; «una operación monstruosa de fraude...»; «2006 no es l988, y hoy amplios sectores no están dispuestos a dejarse pisotear, a que se negocien sus votos y a que se les ordene desmovilizarse». «El régimen debe atenerse a las consecuencias de esta provocación criminal que está haciendo contra el pueblo al violarle sus derechos fundamentales».
Antonio Soto (paradigmático legislador del PRD): «Vamos con todo contra Fox».
AMLO (rayito de esperanza): «Vamos a ver cómo nos toca». «No tenemos ningún respeto por las instituciones».
Hemos escuchado también en múltiples entrevistas radiales y televisivas emplear argumentos muy parecidos o incluso más radicales a personajes centrales del circulo obradorista, me refiero concretamente a Fernández Noroña, Claudia Sheinbaum, Cota Montaño, Ricardo Monreal y Manuel Camacho. Para ellos la derrota de López es algo que simplemente no se puede admitir.
No lo entienden ni quieren entender, pero los motivos de la derrota de López Obrador no están en las irregularidades que desean creer, sino en sus errores como gobernante del Distrito Federal y como candidato a la Presidencia. Están en su desprecio a millones de mexicanos que se manifestaron contra la violencia y a quienes llamó «pirrurris»; están en su terquedad de no reconocer a colaboradores corruptos; están en su soberbia cuando calló al presidente de la República y le llamó «chachalaca»; están en su ofensa a empresarios honestos por generalizar que ninguno paga impuestos.
Otras razones de su derrota están en que es un demócrata a conveniencia. «Hoy los medios tienen mayor apertura», dijo López Obrador en televisión, mientras él le cerraba espacios a periodistas que podían cuestionarlo a fondo. Le ocurrió a Sergio Sarmiento. Ocurrió con Adriana Pérez Cañedo, quien el miércoles 28 de junio, en su noticiario nocturno de Canal 11 dijo: «Solicitamos una entrevista con Andrés Manuel López Obrador y nunca nos respondió», y acompaña sus palabras con una imagen de César Yáñez, jefe de Prensa del candidato, recibiendo por escrito la propuesta y haciendo un gesto despectivo. Entrevistas cómodas sí, con su sirviente Rocha también, entrevistas que lo puedan exhibir, no.
Durante la campaña el PAN se esforzó por presentar a AMLO como un peligro para México y él contradijo siempre esos argumentos; hoy existen muchos millones de personas que tienen la certeza de que AMLO efectivamente es un peligro para México. Sus propuestas fuera de lugar, acusaciones sin pruebas, amenazas de escenarios peores a futuro. Sólo hay que verlo en sus mítines; un discurso lleno de advertencias, ademanes amenazantes, el dedo flamígero, el puño cerrado, la mirada perdida en un horizonte lejano. Su gesto da cuenta de un estado emocional de ira e impotencia reprimida.
Ahora que el señor López se ha rodeado de fanáticos y no de seguidores, ¿cómo piensa contener el odio? ¿Ese odio y resentimiento de sus seguidores hacia el segmento que ganó, hacia el gobierno, hacia los ricos, hacia la clase media, hacia los que no son ricos pero quieren serlo, hacia los 200 mil «hijos de puta» (así les dicen) que les «robaron» en las urnas la «esperanza»?
Su discurso es bastante eficaz en personas que carecen de la información mínima, cultural, política, económica, histórica, pero absolutamente ineficaz para cualquiera que tenga juicio y una adecuada información. Él y su periódico vocero aprovechan muy bien el hecho de que el PRD tiene capacidad de movilizar a los estratos sociales más desinformados y organizarlos precisamente para causar inestabilidad social, esto da la falsa imagen de que son muchos los que lo apoyan.
Ahora, cuando su esperpéntica Convención Nacional Democrática, que ni es nacional, ni es democrática, consume su farsa y lo proclame «presidente de la República», López habrá terminado de remachar el último clavo a su ataúd político. Afortunadamente en la misma caja irán los irresponsables que lo acompañen.
Qué pena por los auténticos perredistas.