Opinión

MORELIA
La estrategia de la mentira
En la campaña del Sr. López O. y su coalición «Por el bien de todos» (?) se decidió, desde sus primeras semanas, la estrategia del engaño
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 16 de Agosto de 2006
A- A A+

Las razones que llevan a una persona normal a mentir son múltiples, pero esencialmente se circunscriben a dos grandes motivos: para evitar un castigo
o para obtener un beneficio ilícito. De estos dos grandes motivos se derivan múltiples variantes, pero esencialmente vienen siendo eso, simples variantes de un mismo motivo. Aclaro que estoy hablando de las razones para mentir que tiene una persona normal, pues un individuo con un determinado trastorno de personalidad puede mentir por compulsión, pues para él la mentira es su verdadera naturaleza.
Ahora bien, podemos, ciertamente, intentar justificar flagrantes mentiras que se adueñan de una buena parte de la sociedad si recordamos una aseveración, atribuida a Francis Bacon, «La mente humana, una vez que se ha formado alguna opinión, busca por todos lados elementos para apoyarla y desecha o desprecia, aunque los haya en gran número y peso cualquier hecho que apunte a lo contrario, con el objeto de mantener inviolable su verdad inicial». Esto podría justificar la propagación de una mentira... pero seguiría siendo una mentira.
En la campaña del Sr. López O. y su coalición «Por el bien de todos» (?) se decidió, desde sus primeras semanas, utilizar, firme y decididamente, la estrategia del engaño. Sabedores de la pobre cultura política de buena parte del electorado, subproducto de los 70 años de dictadura priísta, y confiados en la imperiosa necesidad de creer de todos los agraviados por el sistema, los responsables de la campaña y señaladamente el propio López O. optaron por la mentira y el descrédito de las instituciones.
La noche del 2 de julio, al conocerse los iniciales datos que preludiaban el ajustado triunfo de Felipe Calderón, un desencajado López O. anuncia su propia verdad: «Hay tres millones de votos que no aparecen». Primera gran mentira, el propio López y sus encargados de monitorear el PREP ya sabían que un gran numero de votos, con lo que técnicamente se llama «inconsistencias», habían sido derivados a un apartado especial, situación que era del conocimiento de sus ayudantes y sabía que el propio Horacio Duarte ya había consultado este apartado, en esas horas, en cuando menos 80 ocasiones usando la clave proporcionada al PRD.
Después afirmó contundentemente que había ganado por 500,000 votos. Nunca lo demostró. Nunca aparecieron esos votos. Y no se entiende por qué, para solucionar todas las dudas, sus colaboradores no presentan simplemente las actas que sumadas supuestamente le dan a López Obrador un triunfo por 500 mil votos en lugar de la derrota por 243 mil 934 votos que arrojan las actas que todos podemos consultar en la página de Internet del IFE.
Posteriormente se les ocurre denunciar que se había realizado un fraude generalizado mediante métodos cibernéticos, a través de la introducción de un supuesto algoritmo. Esta versión terminó en una vacilada y en el ridículo de quienes desde sus trincheras periodísticas y radiofónicas inventaron tal idiotez. Acto seguido, el buen López O. amanece con la idea de que el fraude no fue cibernético, sino «a la antigüita». Pero el recuento de votos ordenado por el Tribunal Electoral mostró que ni cibernético ni a la antigüita; simplemente no existió el supuesto fraude que alardeó el candidato perdedor.
Actualmente, López Obrador, con un tornillo extraviado y ya totalmente instalado en otra realidad, afirma y sostiene decididamente, con la fe de un fanático, que él es el Presidente de México, que él representa la esperanza de toda la población, sostiene, con la vehemencia de un iluminado, que él es el continuador de la lucha de Gandhi, Luther King y de Juárez. Y en un acto de sublime intolerancia que nos remite a la Guerra Fría de los 60, vocifera que es «moralmente inaceptable el triunfo de la derecha». Eso, en correcto español, significa que cualquiera que no votó por el «rayo de esperanza» emitió un voto inaceptable. (RIP por voto libre).
Pero esta estrategia del engaño y la mentira no ha sido mérito exclusivo del Sr. López. La verdad es que ha contando con la decidida participación de su incondicional periódico vocero, el Pravda mexicano, con ese esperpento literario semanal que arrastra por el lodo su antiguo prestigio y con algunos comentaristas radiofónicos. Ellos, voluntariamente han optado por la mentira, y ya sin ningún interés por la objetividad se dedican a sesgar o de plano a inventar fábulas cada vez más absurdas, pero que sus acríticos seguidores les creerán por la elemental razón de necesitar creer en algo.
Este digamos, primer círculo de inventores de mentiras electorales, cuenta con un grupo de amanuenses menores diseminados en varios medios, que impulsados más por sus fobias, sus resentimientos y su falta de investigación afirman sin ningún pudor la certeza de las fantasías obradoristas. Ellos no mienten, simplemente son ignorantes.
En fin. Ya falta poco.