Opinión

MORELIA
López y su «izquierda»
Lo que representa López Obrador es ambición de poder, aderezada con intolerancia y manipulación
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 26 de Julio de 2006
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Etiquetar a un político, a su partido, a un intelectual o a un gobierno como «de izquierda» es una costumbre que, si se detiene uno a pensar, actual-
mente tiene ya poca justificación. Sólo a quienes le agraden los anacronismos pueden insistir en hablar de «izquierdas» o «derechas», pero deben saber que se refieren concretamente a la Asamblea Constituyente Francesa del 28 de agosto de 1789, relacionada con el veto real y más concretamente a la ubicación física de los votantes en las graderías. A la derecha los monárquicos, a la izquierda los republicanos.
Esta disposición espacial de los votantes posteriormente pasó a metaforizar el republicanismo revolucionario en el siglo XIX en Europa, y posteriormente a las fracciones obreristas. En la transición del siglo XIX al XX, su uso quedó ligado a los movimientos de carácter socialista y, a partir de marzo de 1919, cuando Lenin organiza la III Internacional, queda definitivamente ligado con la denominación y definición del comunismo.
Pero los cambios globales que se experimentaron durante los últimos 30 años, han llevado a una «crisis» de identidad de la izquierda: la lucha social se convirtió en lucha partidista y la lógica electoral se impuso ya que es mediante el voto que los ciudadanos eligen de entre las opciones posibles. Reconozcamos: ¿A quién representan los políticos actuales sino a sí mismos o, en el mejor de los casos, a los intereses de su grupo?
Actualmente decirse de izquierda o de derecha no significa nada. Sólo embrolla un horizonte político que vive en el anacronismo de sus léxicos legitimadores pues ya ni siquiera son palabras, sino cascajo vacío bajo el cual puede transitarse con engaños.
En lo personal nunca he tenido un buen concepto de la mayoría de los autollamados «izquierdistas», sean éstos políticos, simples simpatizantes o supuestos intelectuales. Salvo escasas excepciones, que puedo contar con los dedos de una mano, los supuestos izquierdistas que conozco vienen siendo solamente unos vulgares oportunistas, demagogos, políticos incultos y mediocres, «cartuchos quemados» representantes de un pasado que no volverá y aspirantes a intelectuales de medio pelo. Dentro del «sindicalismo» de izquierda tenemos a lo más cavernario del corporativismo sindical, que en nada desmerecen ante los más connotados charros sindicales.
Y si mi concepto de estos «izquierdistas» es pobre, el concepto que tengo de algunos de sus amanuenses es peor. Individuos con pesadas anteojeras ideológicas, muchos de ellos incultos o con un tenue barniz cultural, pero eso sí, bastante dogmáticos, incapaces de ejercer la más leve autocrítica, incapaces de verificar y contrastar los datos y opiniones que reciben de sus líderes y su periódico vocero, incapaces de reconocer cuando se equivocan, incapaces, en suma, de pensar por sí mismos.
Pero, ¿es López O. un exponente de la izquierda? Pues sólo que esta peculiar «izquierda» se caracterice por su incongruencia, ignorancia selectiva, amenazas, desprecio por la ley, insultos a las instituciones, y la intolerancia y la agresividad en contra de todos los que no piensan como él. La verdad revelada es lo que el Mesías López les comunique, lo que diga López no puede ser mentira, lo que diga López no puede ni debe ser puesto en duda.
En el «compló» contra López O. ya no sólo está Fox, el gran capital (Coparmex), Televisa, TV Azteca, el Innombrable, el Yunque y el Opus Dei. Ahora en su escrito de impugnación se agrega a Telefórmula, Sabritas, Angélica Vale, Maribel Guardia y de paso hasta el árbol de Jumex. Y ya instalado en el delirio paranoico López cambia de argumentos, ahora no es fraude cibernético, ya no hay algoritmos y todo esto que candorosamente se creyeron sus seguidores tendrán que borrarlo pues ha decidido que el fraude ha sido «a la antigüita», sin detenerse a razonar que al decir esta tontería está descalificando a todos sus representantes de casilla y de paso insultando a los ciudadanos que realizaron el conteo.
Concluyo: Lo que representa López O. no es ni remotamente lo que se consideró en algún momento como «izquierda». Es simplemente ambición de poder, aderezada con intolerancia, manipulación, el retorno a la política de Echeverría, el desprecio a la legalidad, a las instituciones y a todos los que no se arrodillen ante él, verdadera reencarnación de Juárez. Es incapaz de tolerar su derrota, «yo gané», repite como mantra. Y para lograr sus propósitos cuenta con el ciego e incondicional apoyo de un grupo (ni remotamente con la mayoría de los ciudadanos), caracterizado por su oportunismo, violencia, agresividad y resentimiento. Para ellos la hora de la venganza ha llegado. «Haz Patria, mata a Calderón», rezaba la pancarta de varios jóvenes que el anterior domingo aguardaban el paso de la marcha de Andrés López en Reforma, apoyados en la valentía que da el anonimato de las masas.
Sólo esperan la señal de su Mesías para reeditar a un Gavrilo Princip.