Política

MORELIA
Escepticismo y pensamiento crítico
El escepticismo es la escuela que pregona el irrenunciable derecho a la duda, el derecho que toda persona tiene a no ser engañada, manipulada o dirigida con fines aviesos y ocultos
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 5 de Julio de 2006
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Con menos frecuencia que la deseable, las personas buscamos saber la razón del porqué ocurre una cosa determinada. Nos preguntamos cuál es la relación entre una experiencia
concreta y alguna otra experiencia. En muchas ocasiones dudamos de las diversas razones que se nos dan para explicar un fenómeno, algunos, incluso creemos en muy pocos hechos. Esta visión de la realidad es lo que se denomina escepticismo.
A pesar del avance tecnológico que la ciencia ha logrado, existe una gran desinformación sobre muchos aspectos del conocimiento humano y resulta evidente que un buen número de personas no consigue distinguir fácilmente entre una realidad posible y una realidad ficticia.
Esta dificultad en separar lo real de lo irreal permite la aparición y proliferación de personas o grupos organizados que fomentan la desinformación con el objetivo de obtener ventajas de algún tipo (generalmente monetarias, pero también políticas), y con este fin incentivan conscientemente la desinformación y la ignorancia.
Lamentablemente, la vida para una gran parte de la población es simplemente una sucesión de calamidades y penurias sin fin, cuyos orígenes (haciendo a un lado la carga genética) muchas veces vienen del propio ámbito y educación familiares, pasando por una deficiente (pésima) educación escolar, y finalizando en una sociedad no preparada para resolver problemas elementales e inmediatos. En este contexto, nada más natural que buscar una tabla de salvación en cualquier Mesías de discurso vindicativo que pretenda resolver nuestros problemas con respuestas y soluciones fáciles e inmediatas a problemas antiguos y complejos.
El escepticismo es la escuela que pregona el irrenunciable derecho a la duda, el derecho que toda persona tiene a no ser engañada, manipulada o dirigida con fines aviesos y ocultos. Un escéptico no acepta ninguna verdad establecida a priori, sino que la acepta al final de una larga cadena deductiva, o sea, cuando ya no hay argumentos que puedan invalidarla. Pero sabemos que hasta un 30 por ciento de la población mexicana recurre a curanderos cuando tiene algún problema de salud, 35 por ciento abdica de su juicio y le cree a un demagogo y un alarmante 50 por ciento tiene alguna creencia esotérica.
¿Es posible adivinar el futuro? ¿Visitan la Tierra seres de otros planetas? ¿Convivió el ser humano con los dinosaurios? ¿Está próximo el fin del mundo? ¿Ha demostrado la NASA que Jesucristo resucitó? ¿Es peligroso viajar por el Triángulo de las Bermudas? ¿Está el futuro escrito en las estrellas? ¿Existen las casas encantadas? ¿Se pueden doblar cucharas con el poder de la mente? ¿Es posible comunicarse con el mundo de los espíritus? ¿Dejó Dios escrito en La Biblia el pasado y el futuro de la humanidad? ¿Son las pirámides egipcias obra de seres venidos de otros mundos? ¿Se manifiestan los espíritus a través de la ouija?
Puede que nos parezcan verdaderamente estúpidas algunas de estas preguntas, pero muchas personas y más de alguno de nuestros vecinos responderían convencidos con un sí.
Innegablemente existe un analfabetismo científico funcional en una gran parte de la ciudadanía. El desconocimiento sobre aspectos fundamentales de la ciencia y la tecnología es impresionante. En diversas encuestas realizadas en los últimos decenios se muestra cómo la gente puede creer que el hombre convivió con los dinosaurios, cómo no entienden la estructura atómica de la materia. En el Eurobarómetro, una encuesta que se viene realizando desde hace quince años en Europa, se incluía en 2003 una pregunta para valorar el conocimiento de las tecnologías genéticas, un alarmante 70 por ciento de los encuestados decía que era correcta la afirmación: «Los tomates naturales no tienen genes, sólo los transgénicos los tienen».
La alta valoración del adjetivo «natural» es otra cara de la ignorancia científica. Parece que todo lo natural fuera intrínsecamente bueno (a pesar de que tan naturales son las bacterias como cualquier veneno que exista en la naturaleza).
El hecho de que mucha gente prefiera una «medicina natural» indica el desconocimiento y el prejuicio que establecemos; de hecho, una parte de los medicamentos convencionales tienen principios activos que son «naturales», pero el proceso industrial permite establecer la forma de aplicación y la dosis adecuada que lo hacen un tratamiento efectivo.
Remedio a esta tragedia cultural: buena educación en el hogar y buenos maestros en la escuela. O sea... no lo veremos en nuestra generación.
Add. No por esperado deja de ser lamentable y peligroso el juego de los que siembran dudas en el IFE. No deben prosperar, por el bien de los mexicanos.