Opinión

MORELIA
Nosotros los pobres
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 14 de Junio de 2006
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Se afirma, con un buen soporte documental tanto por Psicología como por Psiquiatría, que, «infancia es destino». Sin embargo, como todo en este mun
do, hay que tomar esta sentencia con las debidas reservas, ya que nada hay más peligroso que aceptar todo lo que leemos o escuchamos sólo porque nos parece bien o resulta acorde con nuestros esquemas mentales. Sin embargo, en el caso concreto de esta afirmación, hay que reconocer que ciertamente existen razones para considerarla como válida en una gran cantidad de situaciones.
Después de leer el completo y documentado ensayo escrito por el conocido historiador Enrique Krauze, publicado en la revista Letras Libres, en su número de junio del 2006, con el descriptivo título de El Mesías tropical, si somos honestos y prescindimos de anteojeras ideológicas, nos damos cuenta de que efectivamente existen datos para considerar como válido en este caso el aserto «infancia es destino».
Este ensayo ha causado un evidente y molesto escozor entre los acríticos palafreneros del señor López O. y a consecuencia de ello, sus obsecuentes amanuenses en los diversos medios que utilizan han intentado, sin mucho éxito, rebatirlo y descalificarlo. Esfuerzo inútil, el ensayo de Krauze es sólido, serio, documentado, escrito sin estridencias y definitivamente contundente. Se concluye: Existen muchos e inocultables datos para considerar la existencia de un perfil psicológico problemático (por decirlo suavemente) en el ciudadano López O. Esa personalidad, producto de su infancia y sus antecedentes, nos explica su muy personal manera de interpretar la justicia, la moral, la política, el poder y la democracia.
López O. no puede, ni quiere, escapar a su destino, debe cumplir la misión que el cielo le ha impuesto. Nada ni nadie puede ni debe obstaculizarlo, ninguna ley, persona o institución puede ni debe interponerse entre Él y su Destino (con mayúsculas). Por eso para él, verdadera reencarnación de Juárez, todos los sacrificios son válidos, todo atropello es justificable, así sea a la ley, a la congruencia, a la verdad, a la democracia, a la transparencia, a los compañeros de partido, a los antiguos jefes que ya le estorban. Todo, absolutamente todo está subordinado ante la suprema misión de salvar a la patria y redimir a los «pobres».
Este característico desempeño de una persona que se cree predestinada a una misión superior no es algo nuevo. Cualquiera que lea con detenimiento la historia podrá encontrar ejemplos similares. Uno de los últimos y más dolorosos se dio en el ascenso de un oscuro pintor austriaco, fuertemente politizado, intensamente motivado para recuperar la grandeza de su país, país que se encontraba empobrecido, humillado y saqueado por las potencias vecinas.
Este personaje se mostró decidido a redimir al pueblo arruinado y engañado por los industriales y el gran capital, en sus virulentos discursos proclamaba su intención de elevar el nivel de vida de los más desprotegidos y acusó repetidamente a determinados grupos de ser los responsables del mal estado de la nación. Se adueñó de un partido. Usó la mentira repetida hasta el cansancio para engañar a los ciudadanos. Logró, con su encendida oratoria llena de agresiones y descalificaciones, convencer hasta límites insospechados a la gran masa de su nación. Tuvo la astucia suficiente para engañar a viejos políticos que inicialmente lo veían con desconfianza (después los eliminó), supo ganarse a elementos clave del gran capital, convirtiéndolos en aliados de su proyecto de nación.
Este pintor era Adolfo Hittler, su partido era al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP por sus siglas en alemán), su periódico oficial fue el Volkischer Beobachter (Observador del Pueblo), su país era Alemania, el régimen que generó fue el III Reich y las consecuencias ya las conocemos.
Toda proporción guardada pero veamos las siguientes realidades: López O. ya se agenció un partido, ya tiene su periódico vocero, un diario en formato tabloide con las mismas características del Volkischer, ya realizó su propia «noche de los cuchillos largos» defenestrando antiguos aliados, tiene sus propios grupos de asalto (Sturm abteilung), Goebbels y sus mentiras repetidas mil veces campean en sus agresivos discursos llenos de adjetivos, tiene en Mandoki a su versión totonaca de Leni Riefenstahl, se niega a ver sus errores y reconocer sus mentiras, su proyecto es un compendio de demagogia y de remate es peligrosamente clasista.
Está visto que no aprendemos de la historia.