Opinión

MORELIA
Sindicatos y corrupción
En México el sindicalismo no goza de buen cartel, las personas perciben a los sindicatos como corruptos, ineficientes, casi siempre en componenda con el régimen
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 7 de Junio de 2006
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Iniciemos por lo más obvio, ¿qué es y para que se supone que sirve un sindicato? Una definición más o menos genérica sería la de una asociación de trabajadores
cuyo fin es mejorar las condiciones económicas y sociales de éstos y salvaguardar sus legítimos intereses. En este caso el sindicato representa los intereses de sus afiliados, negociando con el empresario los incrementos salariales y las condiciones laborales.
Los sindicatos aparecen fundamentalmente como una respuesta de los trabajadores ante los aspectos más negativos de la incipiente industrialización. Los primeros sindicatos se crearon en Europa occidental y en Estados Unidos a finales del siglo XVIII y principios del XIX, como reacción ante el desarrollo del capitalismo. Un dato curioso y que muchos profesionales del sindicalismo parecen olvidar. Los sindicatos autónomos, tal y como los conocemos, no existen ni se permiten en los países que teóricamente son los «paraísos del obrero», como es el caso de Cuba, Corea del Norte y China continental.
En México el sindicalismo no goza de buen cartel, las personas perciben a los sindicatos como corruptos, ineficientes, casi siempre en componenda con el régimen y con empresarios que se aprovechan del charrismo sindical o «sindicalismo blanco», ese que no representa a los trabajadores, sino los intereses del patrón.
Sigue siendo un asunto pendiente su transición hacia la democracia, las asambleas y votaciones «a mano alzada» son lo más antidemocrático que existe. El sindicalismo, con sus escasas excepciones, es un corporativo en beneficio de líderes corruptos, de tráfico de influencias, de dinero para los comités ejecutivos. ¡Ojo!, dinero no sujeto a fiscalización.
Actualmente muchos sindicatos, sobre todo los más grandes, esos que tienen los contratos colectivos más obesos, se han convertido en gestores de irresponsabilidades, defensores de una absurda división y especialización del trabajo que aporta toda clase de coartadas para defender a los impuntuales, a los ladrones, a los corruptos, a los inútiles y a los faltistas; y en el caso concreto del Sindicato del IMSS se ha llegado al absurdo de defender contra toda razón a notorios incompetentes que han cometido errores que derivaron en la muerte o la mutilación de un paciente, y ya ni hablar de defender a ladrones de material hospitalario. El buen trabajador la verdad poco requiere de intervenciones sindicales, si acaso para trámites administrativos de cláusulas que de todos modos son su derecho
Que muchos sindicatos no cumplen su función es una realidad. Veamos el siguiente caso: los trabajadores de la mina Pasta de Conchos temían que en su lugar de trabajo estuviera a punto de ocurrir un desastre. Durante meses se quejaron de un interruptor eléctrico principal defectuoso, de cables eléctricos en el suelo y una ventilación tan deficiente que sudaban hasta en invierno. Sin embargo, el representante sindical firmó un reporte del gobierno que consideraba que la mina era segura. Doce días más tarde, el 19 de febrero, una explosión arrasó el interior de la mina, matando a 65 hombres. Y como las desgracias no llegan solas, a esto siguió un completo catálogo de torpezas a cargo del incompetente gobierno federal.
¿Qué decir de los líderes sindicales? Resulta verdaderamente indignante constatar las difíciles condiciones de subsistencia de la mayoría de los trabajadores y observar la opulencia y el derroche que ostentan sus millonarios líderes. Resulta irritante corroborar cómo los lujos de estos líderes los pagan los trabajadores de base literalmente a precio de sangre, como sucede en la siderúrgica de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde centenares de obreros, con un entusiasmo digno de mejor causa han servido y sirven de barata y desechable carne de cañón para defender la fortuna y el poder de la cúpula sindical, esa élite integrada por los Napoleones, los Gamboa Pascoe, los Vega Galina, los Hernández Juárez, los Romero Deschamps, Aldana y similares. Un absurdo que en México es lo habitual: los obreros padeciendo hambres y sus líderes aumentando sus insultantes fortunas.
En estos tiempos estamos viendo un previsible reagrupamiento sindical, ¿qué buscan? Frente a un gobierno débil y timorato como el de Vicente Fox, y ante un escenario electoral en donde son muchas las posibilidades de una alternancia, los liderazgos obreros están en busca de un espacio político que les garantice su vigencia e impunidad a través del tiempo.
En el fondo, esa es su única razón. Por un lado envían un mensaje de fuerza al gobierno saliente, al que reprueban por su torpe intento de intervenir en la «autonomía» sindical, pero también lanzan un mensaje al que será el nuevo presidente, una advertencia de que no están solos ni desarticulados y no permitirán que el futuro gobierno intente tocar a uno de ellos.
Por eso pelean, no por sus agremiados, que les importan un comino, sino por poder y dinero, las más viejas de las razones.