Opinión

MORELIA
El Mesías
López Obrador ha asumido el papel de un Mesías, para quien su destino es redimir a México
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 31 de Mayo de 2006
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Este artículo no trata sobre la excelente composición de Friedrich Handel, obra maestra de finales del barroco y que junto con Música acuática son dos de
las obras inmortales de este compositor alemán. No, no se trata de eso, tampoco se trata sobre el «hijo del hombre», nombre hebreo para el liberador prometido a la humanidad, papel asumido por Jesús y otorgado a Él por los cristianos y que con el tiempo ha terminado por aplicarse, en un sentido amplio, a cualquier esperado liberador o redentor de un pueblo o país.
En el ya enrarecido proceso electoral, es frecuente observar que una parte de la prensa escrita y prácticamente en la totalidad de los foros cibernéticos anti-Peje se utiliza reiteradamente el calificativo de «mesiánico» para describir al señor López Obrador. Un día sí y otro también encontramos referencias a su carácter de iluminado y redentor de los pobres que valientemente se enfrenta a las «fuerzas del mal» (cómic defeño dixit). Hay que reconocer que el propio López O. ha abonado esta comedia con sus poco afortunadas declaraciones, desde su autocalificación de «rayo de esperanza» hasta la reveladora entrevista con López Dóriga donde se comparó poco menos que con Jesucristo. Sus serviles adoradores lo pueden negar, pero la grabación existe.
Los que lo conocen de cerca y de hace años, refieren que efectivamente el señor López Obrador está sincera y firmemente convencido de que juega un papel decisivo en la salvación de México y con esta idea se ha preparado mentalmente desde hace años. La idea es fija, absoluta y no admite posibilidad de error. Él está destinado a redimir a México, pues reencarna nada menos que a Benito Juárez y por lo tanto está autorizado a jugar con sus propias reglas, totalmente justificables dada la enorme importancia de su misión. Lo que para un ciudadano común es un obstáculo legal (un amparo) para él no representa sino la oportunidad de corregir un error. Él busca el bien supremo, el bien de la nación, y los caminos que el destino le ha marcado justifican eso y más. Eso explica su actual e intensa relación con los antiguos alfiles de su archienemigo el Innombrable, esos que operaron el megafraude del 88 que despojó al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de la Presidencia y que ahora son sus alabarderos principales: Camacho Solís, Marcelo Ebrard, Socorro Palacios, Arturo Núñez y Ricardo Monreal. Explica también su perversa alianza con individuos que han sido señalados como involucrados en los asesinatos de perredistas durante el sexenio salinista, como es el caso del indefendible Guadarrama Márquez. Se entiende así que exista una buena relación con ese siniestro espécimen de Chihuahua, acusado insistentemente de estar relacionado con las muertas de Ciudad Juárez.
En aras de su proyecto supremo justifica también el parricidio cometido con el ingeniero Cárdenas y el desplazamiento de una buena parte de la izquierda original, que con más candor que inteligencia ayudó a fundar el PRD, partido que ha sido secuestrado por su camarilla y que muy probablemente, con la ayuda de varios traidores del PRI, evolucione próximamente a un estadio superior que fusione lo más pragmático y cavernario de ambos partidos. Por lo pronto Bartlett llama a votar por López O.
Quien cierre los ojos a esta realidad e insista en ver sólo lo que le conviene, puede escudarse en el maquiavélico «el fin justifica los medios», y hasta es posible que desarrolle un orweliano «doblepensar» para justificar las aberraciones del señor López O. Pero salvo un cinismo extremo es inocultable que una buena parte del equipo cercano a este Mesías es potencialmente peligroso para el país. Estos son un abigarrado conjunto de oportunistas, demagogos, trapecistas políticos, individuos sin más ideología que el poder por el poder, líderes sindicales corruptos y una gran cantidad de resentidos sociales como los grupos Francisco Villa, los Panteras, algunos residuos del CGH, todos sin más idea que una largamente esperada venganza en contra de una sociedad que a su juicio les debe todo y los ha tratado muy mal. Para ellos su hora ha llegado, ahora es su turno de pasar la factura a los señoritingos, pirruris, maximilianos y chachalacas... Lo que ignoro es si pretendan una reedición de la «piñata» sandinista o simplemente ser colocados en un buen puesto pues al fin «les ha hecho justicia la revolución».
El panorama no es agradable. El Mesías puede ser fácilmente rebasado por una sociedad convencida de que el destino los señala como los elegidos, la «nueva clase» de Milovan Djilas. Pero nos falta un pequeño problema. ¿Quá van a hacer con los opositores? ¿O con los que simplemente les estorben?.... Reeditar juicios como los de La cabaña o episodios como La vendée ya no es posible en este siglo XXI. Pero sí es muy posible la creación de un Estado poderoso, vigilante y firmemente convencido de que actúa «por el bien de la causa». ¡Sieg Heil!
Cosa de pensar antes de emitir el voto.