Opinión

MORELIA
Sesgo y mal periodismo
Ante el sesgo informativo es necesario consultar varios medios para poder forjarse una opinión
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 10 de Mayo de 2006
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¿Después de leer algún periódico, usted estimado lector, se queda con la sensación de que nos quieren «ver la cara» induciéndonos, muy inteligente-
mente, a pensar bien o mal de determinado asunto? ¿Tiene la sospecha que algunas cosas que nos dicen simplemente no «checan» con los datos que usted tiene?
Si es así, bienvenido a la triste realidad del sesgo en el periodismo.
Por definición, sesgo es torcer o alinear oblicuamente, desviando algo de su dirección original. Específicamente se aplica en periodismo para señalar la distorsión en las noticias.
Es un hecho que a pesar del ideal periodístico de la «objetividad», toda nota que se publica está influenciada por las preferencias e intereses de periodistas, analistas y editores. A esto se lo llama sesgo. Algunos periódicos lo manejan sutilmente, otros en forma burda, confiando en la fe y credulidad de sus lectores. Mal asunto, pero podemos convertirnos en mejores lectores si reconocemos las distintas clases de sesgo.
1. Sesgo por selección u omisión.
El peor de todos. Dentro de una historia dada, algunos detalles son ignorados y otros son matizados para dar a los lectores una opinión diferente sobre los eventos reportados. Ejemplo: Si durante el discurso un grupo importante de gente protesta, la reacción puede ser descrita como un alboroto hecho por «un puñado de disidentes». El sesgo por omisión es difícil de detectar. Sólo puede ser observado comparando los reportes de noticias de una gran variedad de fuentes. De aquí la importancia de jamás, JAMÁS, basarse en una sola fuente por confiable que nos parezca.
2. Sesgo a través de la ubicación.
Los lectores de diarios juzgan las historias de primera plana como más significativas que aquellas ubicadas al final. La ubicación de una historia, entonces, influye en lo que el espectador piensa sobre su importancia.
3. Sesgo a partir del encabezado.
Mucha gente lee sólo los encabezados de una noticia. Los títulos son la parte más leída de la publicación. Pueden presentar sesgos y prejuicios sutiles para inducir aprobación o condena.
4. Sesgos por medio de fotos, encabezados y ángulos de cámara.
Algunas imágenes favorecen a una persona, otras la hacen francamente detestable. Un diario puede elegir cualquier clase de foto para influir la opinión de acuerdo a su particular línea editorial. Mítines desangelados o apoteósicos nada más con variar la toma.
5. Sesgos a través del uso de nombres y títulos.
Los medios frecuentemente usan etiquetas y títulos para describir gente y eventos. Si una persona es descrita como «terrorista o «luchador por la libertad» es una clara indicación del sesgo editorial. En México tenemos el caso de un conocido diario de izquierda para el cual todos los asesinos de la ETA y los terroristas palestinos son «luchadores por la libertad». Los antiguos terroristas y secuestradores de la llamada guerra sucia de los 70 fueron posteriormente etiquetados como «luchadores sociales» y actualmente se encuentran a un paso de su beatificación.
6. Sesgo a través de estadísticas.
Para hacer que una marcha, un mitin parezca más importante los números pueden ser inflados. En estos casos vemos reflejado el sesgo editorial desde el mismo encabezado. El número de participantes reportado variará enormemente según la orientación política del medio que informa, generándose una verdadera guerra de cifras.
7. Sesgo por control de fuentes.
Para detectar sesgos, siempre considere «de dónde viene» la noticia. ¿Es la información suministrada por un periodista, un testigo, un policía, ejecutivos, o por funcionarios elegidos, por miembros expulsados o simples resentidos? Cada uno puede tener un sesgo particular.
8. Sesgo por elección de palabras y tono.
Mostrando el mismo tipo de sesgo que aparece en los encabezados, el uso de palabras positivas o negativas con una connotación particular puede influir al lector o espectador. Por ejemplo, los insultos expresados por López O. ante la menor contrariedad, su periódico vocero los califica como simples «excesos verbales».
Algunos malos periodistas, curándose en salud, afirman sentenciosamente que la «objetividad no existe», lugar común que constituye, como diría Kant, «el asilo de la ignorancia» o más bien de la arrogancia. Lo que no existe es la infalibilidad. La imparcialidad, en cambio, sí existe.
¿Qué hacer entonces? No existe una sola fuente libre de sesgo, pero evidentemente algunas son mucho más proclives al sesgo que otras. Si queremos que nuestra opinión tenga validez obligadamente debemos contrastar las noticias en diversos medios. Si sólo queremos temas de conversación para el café, sigamos con la costumbre de darle sólo un vistazo a los titulares de un solo periódico. Y si leemos sólo para confirmar nuestros prejuicios, pues leamos el Pravda mexicano.