Opinión

MORELIA
López, ¿un peligro?
Resulta triste para un grupo de fundadores del PRD, y para lo que sobra de la ya relegada izquierda que intentó con ese partido tener una alternativa democrática, comprobar que efectivamente el señor López ha secuestrado al partido
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 3 de Mayo de 2006
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Parte por la campaña negativa desarrollada por el PAN y el PRI, parte por los propios errores del señor López, pero indudablemente también
porlaexistencia de una sociedad que poco a poco aprende a ser más analítica, muchos ciudadanos ya perciben al abanderado perredista como una posible amenaza para el país. Quizá de momento no puedan integrar y enlistar, punto por punto, los motivos que los orillan a sentir como un peligro al «Mesías de Macuspana». Se quedan en la etapa del sentir, de lo intangible, de lo subjetivo. Concluyen que les da temor, ¿por qué?, quién sabe, pero la sensación la tienen.
Resulta triste para un grupo de fundadores del PRD, y para lo que sobra de la ya relegada izquierda que intentó con ese partido tener una alternativa democrática, comprobar, un día si y otro también, que efectivamente el señor López ha secuestrado al partido y cómo, progresivamente, éste se convierte en una estructura oportunista y dictatorial, muy diferente a lo que ellos planearon.
Dejemos de lado al hígado y razonemos con calma. Cuando un ingeniero nos muestra, con cálculos y gráficas en mano, la inviabilidad de una construcción, debemos aceptar ese hecho. Cuando un médico, con análisis y estudios histopatológicos nos confirma que el paciente tiene tal enfermedad, en ese momento ya no hay discusión, el paciente tiene eso, nos agrade o no.
En el caso de un político, si bien no existe un ultrasonido que nos muestre su grado de peligrosidad ni existe una tomografía que registre la severidad de una personalidad anormal o un análisis de sangre que cuantifique su necedad, sí existen diversos recursos para determinar cuándo una persona representa o no una amenaza para algo.
Concretamente en el caso del señor López, si analizamos desapasionada y cuidadosamente los datos disponibles, y haciendo a un lado los delirios exculpatorios de un «complot», que involucra a cualquiera que no piense como él, encontraremos antecedentes que nos obligan a considerarlo como un muy posible problema para la nación. ¿Cuáles?
Primero y lo más grave. Por su ahora ya inocultable personalidad, misma que lo hace mostrarse intolerante, autoritario, suspicaz y profundamente resentido, incapaz de aceptar que está equivocado aunque se le demuestre su error. Manda «al diablo» lo que no le agrada.
Por su desprecio a quienes no piensan como él, descalificándolos no con argumentos, sino con motes despectivos (pirruris, maximilianos, señoritingos, chachalacas, etcétera).
Por el equipo que lo rodea, integrado en gran parte por oportunistas, demagogos y políticos de tormentoso pasado. Favor de revisar las listas de candidatos y asesores.
Por carecer de palabra. Se «raja» cuando así le conviene.
Por transitar por el peligroso camino que lleva a la radicalización de la sociedad, habiendo sido, innegablemente, el iniciador del discurso de la vindicación, el resentimiento y la descalificación.
Por su simbiosis con las sentinas del periodismo escrito y radial. Periódicos facciosos, columnistas y editorialistas arrogantes y carentes de objetividad, maestros de la mentira, el sesgo y la calumnia, que destilan odio y rencor en cada editorial.
Por que si gana este señor, y nos endilga como censor a un tipo como Batres, Gómez o Arreola, irremediablemente deberemos irnos olvidando de criticar las acciones del, para entonces, sacrosanto gobierno.
Y por si faltara algo: Por ignorante.
Respetuosamente.