Opinión

MORELIA
¿El partido de la violencia?
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 19 de Abril de 2006
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No es novedad, por muchos años al PRD se le ha asociado con la violencia, justa o injusta, pero violencia al fin. Un poco de historia: partido sur-
gido por un desprendimiento de notables priístas que no lograron lo que se proponían dentro del PRI, y decidieron actuar por fuera de su partido presentando la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988, utilizando inicialmente al desprestigiado PARM y posteriormente apoyándose en un grupo de partidos pequeños, de diversos colores y tendencias, que integraron el llamado Frente Democrático Nacional. Esta elección resultó ser una de las más sucias y discutidas de la historia del México moderno, la «caída del sistema», orquestada por el tenebroso secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, y la aparición de múltiples resultados alterados, amén de costales de boletas quemadas, mancharon definitivamente la elección donde, a la de a fuerzas, nos impusieron a Salinas.
Fundado el PRD con los restos de varios partidos y agrupaciones de los llamados «de izquierda», conjuntamente con una gran cantidad de ex priístas y usando el registro de uno de ellos, que originalmente tenía como candidato a Heberto Castillo, el PRD se enfrentó a la ira de Salinas que nunca pudo digerir el trauma del 88. El partido, entonces, sufrió hostigamiento y ellos afirman haber perdido más de 400 militantes por asesinato o desaparición, tan sólo en el sexenio de Salinas.
Partido joven y mal cohesionado pronto sufrió una desgastante lucha interna, siendo un factor importante el tradicional sectarismo de las izquierdas, con su incapacidad para ponerse de acuerdo. Empeorando lo anterior se agrega que los nutridos cuadros de ex priístas llegados al PRD ingresaron con todos los vicios de su antiguo partido: formación de camarillas, tribus y grupos, dedicados fundamentalmente a golpearse entre sí antes que a trabajar por el bien del partido. Les interesa la «chamba» antes que los principios. En esta «izquierda» de nopal se encuentra desde gente muy sensata y preparada (pocos), oportunistas con ideología subastada al mejor postor (la mayoría), sectarios dogmáticos intransigentes (un montón), y un nutrido grupo de resentidos sociales.
Sobre todo en épocas electorales, el partido ha servido de refugio a priístas que en su momento no logran la nominación por el PRI, pero que días después los acoge el PRD, con lo cual se purifican de todo pecado y ¡listo! ya pueden ser candidatos a lo que sea. Ejemplos evidentes son Ricardo Monreal, ex gobernador de Zacatecas, Leonel Cota, ex de Baja California. En el mismo saco podemos meter a Marcelo Ebrard, Manuel Camacho, Socorro Díaz, Arturo Núñez, Alfonso Durazo, Vega Galina y un muy largo etcétera que incluye a la indefendible Irma Serrano, alias La Tigresa, como senadora por el PRD. Pero en lo que viene a ser el colmo de la incongruencia encontramos al señor Guadarrama Márquez; priísta «ultra» en su momento, operador en Michoacán en la nefasta época en que Colosio era el presidente del PRI nacional, culpable de los mayores desaseos electorales, acusado por muchos como responsable de la desaparición física de varios militantes del PRD. Este señor, junto con el trapecista cantante Francisco Javier (PAN, luego PRI y ahora PRD) son abanderados perredistas por Hidalgo.
Siendo este pragmatismo algo discutible, lo grave en el PRD no es tan sólo eso, sino que sirvió y sirve hasta la fecha como refugio de elementos conflictivos, resentidos sociales, proclives a la violencia, ayunos de la más elemental cultura política, procedentes de espectrales agrupaciones de «luchadores sociales» que otros más bien identifican como grupos de choque y promotores de la violencia, como los «panteras» los «Francisco Villa» y otros de similar calaña. También ha cobijado a los grupos más radicales y contestatarios de algunos sindicatos, como los de Luz y Fuerza, UNAM, IMSS, Magisterio y otros de menor tamaño pero similar beligerancia.
Pero como si hiciera falta y como última vuelta de tuerca para fijar la imagen de violencia del actual PRD, tenemos el discurso agresivo, intolerante y definitivamente fascista que utiliza el señor López en cuanto se «acelera» en sus mítines placeros. Ya le costó un buen número de votos, a pesar de no reconocerlo ni él ni su periódico vocero. Se lo han señalado sus asesores a nivel interno... pero no entiende. Para López, aceptar un error va en contra de su naturaleza, simplemente no puede.
Ni modo, ya lo dice el antiguo proverbio: «Los dioses ciegan a quien desean perder».