Opinión

MORELIA
El periodismo como propaganda
En la actualidad la oferta periodística se ha multiplicado, pero también ha evolucionado el sesgo usado para manipular las noticias y hacerlas útiles a la línea editorial de cada uno de los periódicos
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 12 de Abril de 2006
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No es ninguna novedad, la función de un periodista es informar, pero informar bien, objetivamente, sin tomar partido ni cargar los dados con datos
sesgados, incompletos, y mucho menos con información falsa.
Pero, ¿cómo anda el periodismo político en México? La verdad no muy bien, aunque si lo comparamos con el periodismo de los 60 a los 80 sí hay una verdadera mejoría. En esas épocas, en el esplendor del autoritarismo priísta, ejercer el oficio de periodismo político crítico era una profesión no muy agradable.
Actualmente, cualquiera que se tome la molestia (y el gasto) de leer diferentes periódicos publicados el mismo día, se dará cuenta de la diversidad de noticias que cada uno de ellos maneja, pero también corroborará la diferente manera que tienen de abordar una misma noticia. En la actualidad la oferta periodística se ha multiplicado, pero también ha evolucionado el sesgo usado para manipular las noticias y hacerlas útiles a la línea editorial de cada uno de los periódicos.
Pero, volvamos a la pregunta inicial ¿Qué tan confiable es el periodismo político en México?, ¿qué tan imparciales son los analistas, columnistas y periodistas de los diversos medios? ¿Cómo debe ser un periódico que intente ser confiable? The Times, venerable rotativo inglés, publicó un documento en el que aseguraba que «hacer un buen periódico es fácil’’. La receta para ello, según el Times, era muy simple: «Sólo hay que informar, percibir, planear, explorar, descubrir, investigar, buscar, calcular, desenredar, probar, analizar, edificar, comprobar antecedentes, buscar en las fuentes, evaluar, volver a verificar, sopesar, autentificar, sintetizar, perfilar, ponderar, apreciar, juzgar, reflexionar, testificar, avisar, explicar, desmitificar, clarificar, examinar, ilustrar, advertir, entrevistar, confirmar, corregir y finalmente publicar’’. Nada más.
Lamentablemente abundan en México periódicos sensacionalistas, plagados de basura tanto en sus editoriales como en sus columnas y hasta en sus anuncios. Y entre los orientados hacia aspectos políticos varios muestran un descarado sesgo partidista, alabando todo lo relacionado a sus filias y denostando, o de plano ridiculizando a sus adversarios, cuando faltan argumentos. Ejemplos clarísimos de este tipo de periodismo los tenemos en La Jornada y en La Crónica de Hoy, cada uno situado en un extremo del espectro político y ambos con una credibilidad discutible.
Para empeorar el panorama de la credibilidad aparece, el 28 de febrero de este año, un artículo del conocido periodista Carlos Ramírez, titulado «Las plumas de AMLO, engaño periodístico». Habla de los periodistas, analistas e «intelectuales» que militan de alguna manera en el PRD pero que, consistentemente, usan sus espacios periodísticos para criticar al PRI y al PAN, aunque sin señalar sus participaciones directas en las campañas del partido del sol azteca. Se trata, afirma Carlos Ramírez, de un engaño a los lectores que suponen posiciones críticas producto de la convicción. Pero no es así. Son plumas periodísticas ligadas orgánicamente al PRD.
La lista de plumas del PRD, o de plumíferos, como se les conocía a los que cumplían con esa nada grata tarea en el PRI, es amplia. Por ejemplo, está el periodista Ricardo Rocha, que no deja pasar semana sin criticar severamente en El Universal al presidente Vicente Fox o a los candidatos Roberto Madrazo y Felipe Calderón, pero lo hace como integrante de la campaña del candidato presidencial perredista. Es decir, Rocha, que voluntariamente renunció hace tiempo a la objetividad, puede hacer análisis de fondo, pero obligadamente hay que leerlo como un militante de la campaña del PRD. En el mismo caso se encuentran muchos de los caricaturistas que no dejan pasar oportunidad, no para criticar, sino ridiculizar, a Fox, a su esposa, a Madrazo o a Calderón. Sólo que se trata de caricaturistas, sobre todo los de La Jornada y El Universal, que han tenido y tienen militancia muy activa en el PRD. Sus trabajos deben ser vistos como parte de la virulenta campaña presidencial de López. En el mismo caso se encuentran, en mayor o menor grado los siguientes: La cronista del humor fallido Guadalupe Loaeza; Juan Villoro; el trapecista mayor Porfirio Muñoz Ledo; el filósofo del Pronasol Carlos Monsiváis; el hijo de su papá Juan Ramón de la Fuente; Enrique del Val; Gustavo Iruegas; Miguel Ángel Granados Chapa; Víctor Flores Olea; Enrique González Pedrero; Agustín Basave; René Drucker; Luis Mandoki; el inefable Federico Arreola, antiguo promotor de la reelección de Salinas; Manuel Camacho (otro trapecista); Rogelio Ramírez de la O y la muy predecible Elena Poniatowska.
Como podemos ver, estamos muy lejos del ideal periodístico que nos pide The Times.