Opinión

MORELIA
AMLO: Algunas consideraciones
Es imperioso que para la próxima elección tengamos la mayor información posible sobre los candidatos para tomar una correcta decisión
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 8 de Marzo de 2006
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Se dice, con bastante razón, que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Si la afirmación anterior nos ofende e indigesta, podemos enton-
ces recurrir al matiz que introduce el gran José Martí: «Pueblo que soporta un tirano, lo merece». Nosotros, los mexicanos, soportamos durante 70 años la justamente llamada «dictadura perfecta», sui géneris sistema político que nos ha dejado como indeseable herencia una extendida cultura de corrupción, un superficial nacionalismo de pacotilla, un desdén por la honestidad y una añoranza hacia un paternalismo castrante.
En el 2000 los mexicanos optamos por un cambio de partido, y como era hasta cierto punto previsible, con el señor Fox hemos vivido una auténtica y dolorosa «edad media», con todas sus tinieblas, pero ya con la real posibilidad de un cambio permanente en la cultura política nacional. Desapareció el nocivo presidencialismo que todo lo podía sin rendir cuentas a nadie, recordemos Tlatelolco, 10 de junio, la nacionalización y la desnacionalización de los bancos, las comaladas de archimillonarios que jamás rindieron ni rendirán cuentas de sus insultantes fortunas y el absoluto control de la dócil prensa. Eso ya se acabó, aunque algunos gobernadores no se han dado cuenta.
Es por lo tanto imperioso que para la próxima elección tengamos la mayor información posible sobre los candidatos para tomar una correcta decisión. Es evidente que un voto visceral, un voto mal argumentado o el llamado «voto duro», carente de juicio, no nos llevará a nada bueno.
Es también muy evidente que muy poco nos sirve para orientar nuestro sentido del voto el escuchar sus discursos de campaña y los catálogos de buenos deseos, llenos de generalidades, que nos endilgan los candidatos a la menor oportunidad. Lo que más nos puede servir es conocer la actuación que cada uno de ellos ha tenido, su anterior desempeño y evaluar la congruencia entre lo que dice y lo que hace.
A este respecto, el análisis del historial y antecedentes de uno de los punteros, el señor Andrés Manuel, debe ponernos seriamente a reflexionar. ¿Por qué? Recordemos algunos antecedentes, todos ampliamente documentados en la prensa nacional: Uno de los más conocidos, pero no el más grave, su ceguera selectiva para no ver la corrupción en que se movían sus principales alfiles, Bejarano, Ponce, Padierna, Ímaz y otros. Su decidida oposición para transparentar enormes gastos, como fue la asignación y costo real de los segundos pisos. Su incapacidad para atender argumentos contrarios, sean éstos del calibre y solidez que sean, como es el caso de su berrinchuda negativa a la aplicación del SUVA, berrinche que ha costado y costará mucho daño y dolor entre los afectados; eso no le importa, él no está de acuerdo y ya. Su manifiesto desprecio a los participantes en la gran marcha ciudadana contra la inseguridad, calificando despectivamente a sus promotores y sus integrantes, dando así una muestra de su insensibilidad y soberbia. La selectiva aplicación de la justicia cuando él y su partido tienen el poder, ejemplos, el caso del Sheraton María Isabel, la cafetería Starbucks de la Delegación Cuauhtémoc y el proceso de Carlos Ahumada, donde, descaradamente, han usado la ley como instrumento de presión y de venganza. Su simpatía, a través de sus alabarderos, con estructuras tales como la ETA, las FARC, el CGH y otros especímenes. Su afinidad personal y de sus principales siervos con esos destacados próceres de la democracia y los derechos humanos como son Fidel Castro y Hugo Chávez. Por la obvia manipulación que hace al gran segmento de inadaptados y resentidos, en cuyos oídos el discurso del odio y la venganza les suena como música celestial. Por el sesgo, la mentira y la hiel que destila página por página su periódico vocero. Por sus pésimos antecedentes académicos y lo que esto augura. Por su personalidad autoritaria y con rasgos francamente patológicos. Por su discurso decididamente polarizante, que busca enfrentar a los mexicanos entre sí, pobres vs ricos, buenos vs malos, patrones vs empleados, el pueblo vs los pirruris, los maximilianos y los señoritingos. Porque ya vivimos un sexenio pleno de demagogia, populismo y derroche como fue el sexenio de Luis Echeverría y el país ya no está en condiciones de soportar otro. Pero sobre todo porque México necesita un presidente, no un caudillo.