Opinión

MORELIA
La izquierda y los exámenes
Evidentemente la academia no es ni será el fuerte de Andrés Manuel, como la cultura no lo es del señor Fox, ni de la «primera dama»
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 1 de Marzo de 2006
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Algo muy grave y muy malo deben tener los exámenes y las evaluaciones para que la autodenominada «izquierda», cuando menos la mexicana,
sea tan notoria y violentamente enemiga de su aplicación. Reflexionemos y hagamos memoria. Los movimientos estudiantiles, del nombre que sea, que pretenden el ingreso a equis universidad, de alumnos reprobados, fósiles y otros con notorias deficiencias cognoscitivas son abanderados y/o promovidos generalmente por grupos de choque ligados a la mal llamada izquierda. Las escuelas y estructuras académicas donde son criterios dominantes las corrientes «progresistas, revolucionarias, populares, socialistas, marxistas, leninistas, etcétera y más etcétera» no se distinguen por su alto nivel académico. Es ya ancestral el rechazo sistemático de las corrientes de tipo «magisterio democrático» a toda evaluación externa. Las excusas son múltiples, que no es justo, que no es el adecuado al entorno social, cultural y demográfico, que es un instrumento del imperialismo (?) con el fin de «desacreditar» la enseñanza «popular» y «revolucionaria» y otras tonterías que profieren y que dudo que ellos mismos se las crean (si se las creen sería más grave, significa que viven en otra realidad). Lo anterior da como resultado lo que diariamente vemos; consistentemente México ocupa los últimos lugares mundiales en lo referente a calidad de educación, y para mayor vergüenza nacional, somos de los últimos en comprensión de lectura. O sea el mexicano, que de por sí lee poco, no entiende lo que lee.
Lo anterior viene a cuento porque en fechas no tan recientes fue exhibido a nivel nacional el mortecino currículum académico del abanderado del partido de la autodenominada «izquierda» nacional, el PRD (si el ingeniero Heberto Castillo viera en qué paró el partido al que le heredó el registro pienso que no estaría muy contento). Resulta que el popular Peje nunca se destacó por su rendimiento escolar. La investigación sobre el desempeño del ciudadano López Obrador muestra que el candidato que quiere cambiar el modelo económico del país -Andrés Manuel López Obrador- reprobó esa materia en sus estudios universitarios. Según los historiales académicos que emite la UNAM, López Obrador tuvo 6.2 de promedio (de acuerdo a créditos obtenidos aún adeuda materias) cuando cursó Ciencias Políticas. En el historial académico del perredista se registra que ingresó a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en 1973. Pero catorce años después, en 1987, todavía estaba presentando exámenes extraordinarios para aprobar la materia de Seminario de Tesis I y II.
Con número de matrícula 7370246-5, López Obrador acumula siete materias no aprobadas: entre ellas precisamente Economía, que reprobó en dos semestres seguidos. Lo mismo ocurrió con Matemáticas y Estadística, donde no las aprobó ni en los exámenes extraordinarios. Ese análisis muestra que Andrés Manuel hizo su carrera en la misma forma que habla: a pausas. Tardó catorce años el señor en terminar una carrera que se cursa en cinco. En lenguaje coloquial, fue fósil de la UNAM. Reprobó materias con entusiasmo y varias las aprobó en exámenes extraordinarios merced a la conocida e infinita benevolencia de esa indulgente universidad.
Evidentemente la academia no es ni será el fuerte de Andrés Manuel, como la cultura no lo es del señor Fox, ni de la «primera dama» (Rabina Gran Tagore). Lo que preocupa a cualquiera que se ponga a pensar en ello es la amenazante combinación de una ignorancia supina con una gran obstinación y una enorme intolerancia, lamentables e inocultables características del abanderado perredista. ¿Cuál sería el resultado final en caso de obtener el poder que da la Presidencia en un sistema como el nuestro? Por lo pronto debemos agradecer que ya avisó que si las decisiones del Poder Judicial no son justas (a su muy particular manera de ver) no las va a acatar. La duda que salta es: ¿Cuál será el trato a los que no piensen como él? No quiero imaginarlo.