Opinión

MORELIA
Señales ominosas
La desatinada y errática respuesta del limitado canciller Derbez en el caso Sheraton sólo ha servido para mostrar la ausencia de una política exterior coherente
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 15 de Febrero de 2006
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Los diccionarios definen la palabra «ominoso» como azaroso, de mal agüero, abominable, amenazante. Y la verdad no se me ocurre ninguna otra pala-
bra para describir la impresión que me deja ese fenómeno encabezado por Andrés Manuel López Obrador al frente de sus obsecuentes seguidores en el PRD.
El reciente sainete del Hotel María Isabel Sheraton y los cubanos expulsados del mismo ha servido para exhibir varios aspectos incómodos de nuestra realidad. Evidentemente el mencionado hotel, aún siendo parte de una empresa afincada en los Estados Unidos, la Starwood Hotels & Resort Worldwide, no tenía ni debía acatar ninguna indicación generada en su país, que contraviniera leyes mexicanas. El principio de extraterritorialidad de las leyes estadounidenses es absolutamente inadmisible, pero la decisión de la firma Starwood tampoco viola la soberanía mexicana, entendida ésta como la capacidad de un Estado para tomar sus decisiones en forma autónoma e independiente. Expulsar a los cubanos fue una exigencia de Washington a Starwood, no de Washington al gobierno de nuestro país. Pero esto tampoco es un asunto entre particulares, puesto que la acción de Starwood sí viola varias leyes mexicanas. El Hotel Sheraton María Isabel puede ser juzgado en tribunales mexicanos con plena libertad por haber violentado, para empezar, la Cláusula Calvo, que es una jurisprudencia mexicana del derecho internacional donde «los extranjeros que adquieren bienes, de cualquier naturaleza en la República Mexicana, aceptan por ese mismo hecho considerarse como nacionales respecto de dichos bienes y no invocar la protección de su gobierno».
La desatinada y errática respuesta del limitado canciller Derbez sólo ha servido para mostrar, una vez más, la ausencia de una política exterior coherente o regida por la inteligencia. Pero esto ya no nos extraña. Lo que llama la atención es la actuación del Gobierno del Distrito Federal, vía la Delegación Cuauhtémoc, por medio de su jefa delegacional, la perredista Victoria Jaramillo (esa misma del clan Bejarano-Padierna). Resulta que esta señora descubrió súbitamente por obra y gracia de oportunas «quejas vecinales» que el Hotel María Isabel Sheraton no tenía un menú en braille en sus restaurantes, que dos de sus bares carecían de la licencia respectiva y no contaban con copias certificadas y a la vista de determinados permisos, que el estacionamiento tenía cajones insuficientes y que existía una construcción no autorizada en una superficie de tres mil metros cuadrados. Atendiendo esas «quejas», ordenó ipso facto una investigación y para que no existan dudas de quién manda en el Distrito Federal sentenció a priori que en tres semanas clausurará el inmueble. Eso es velocidad.
Evidentemente la impresión que deja es que estamos frente, no a un intento de aplicación de la ley, sino de una venganza, Resulta cuando menos sospechoso que las autoridades perredistas súbitamente se encuentren con estas irregularidades en un establecimiento que ha estado operando sin problemas desde hace casi medio siglo. O las autoridades de la delegación no han hecho su trabajo desde hace décadas -incluyendo los nueve años de administraciones perredistas-, y han permitido que funcione un hotel que viola tantos reglamentos o estamos viendo simplemente una vulgar venganza.
Lo ominoso del asunto aparece cuando recordamos la peculiar historia de las decisiones del señor López Obrador al frente del Gobierno del Distrito Federal. En un listado incompleto tenemos 1.- La gran resistencia a la implementación y funcionamiento de la Ley de Transparencia en el Distrito Federal, que hasta la fecha sigue sin funcionar adecuadamente. 2.- La absoluta resistencia a la aplicación del SUVA en el Distrito Federal en franco desacato al articulo 66 de la Ley de Transporte del DF. Todo porque al señor no le parece. 3.- La fascista actuación de los alabarderos de AMLO para estorbar el trabajo del juez español Baltasar Garzón, que investigaba a presuntos terroristas etarras en el Distrito Federal. 4.- La ya innegable persecución por motivos políticos a Carlos Ahumada, personaje que cada que gana un juicio, el gobierno perredista le agrega otro con tal de mantenerlo en la cárcel. Lo anterior contrasta con el trato dado al señor Bejarano, al cual se le arregló todo para su presta liberación. 5.- La violenta y majadera posición adoptada por AMLO frente a la «marcha en contra de la violencia», insultando y descalificando a sus participantes. 6.- El indiscriminado uso de acarreados en los mítines de este señor. 6.- La impresionante declaración (por cínica) del vocero oficial de AMLO, Fernández Noroña, afirmando que tienen incrustados en la estructura del candidato panista a varios espías que oportunamente reportan toda información al PRD. Declaración tan insensata que el mismo Fernández Noroña intentó desactivar afirmando que era una «broma».
¿Qué indican las acciones anteriores? Nada bueno, es sencillamente el esbozo de un proyecto totalitario, de corte fascista, proclive a la venganza y profundamente intolerante.
Las promesas de bienestar a los pobres son palabras, lo que vale son los hechos, y éstos son en verdad ominosos.