Opinión

MORELIA
Telebasura
Urge regular y reglamentar el contenido televisivo, para que desaparezca el fenómeno conocido como telebasura
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 11 de Enero de 2006
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«Televisión basura es una expresión que se utiliza para designar a un cierto tipo de programas en los cuales sequiere subrayar
su mala calidad, no ya meramente técnica o de forma, sino de contenido o de fondo, entendiendo por mala calidad de contenido su chabacanería, su vulgaridad, su morbo, a veces incluso su obscenidad o su carácter pornográfico».
Con este inequívoco comentario inicia su estudio el escritor Gustavo Bueno, en su libro Telebasura y democracia. Sobradamente ahora, pero la verdad es que desde hace muchos años, resulta un texto oportuno para el análisis y la crítica del deterioro de las televisoras mexicanas, que desde hace tiempo dedican una muy buena parte de su programación a degradar a sus audiencias con producciones de muy discutible calidad, tanto en los canales abiertos, como en sus canales de paga privados, explotando el morbo, exaltando la estulticia y promoviendo el deterioro cultural.
Abundando en la descripción: Se denomina «telebasura» a una forma de hacer televisión caracterizada por explotar la vulgaridad, el sensacionalismo y el escándalo como puntos de atracción de la audiencia, por los asuntos que aborda, por los personajes que exhibe y, sobre todo, por el enfoque distorsionado al que recurre para tratar dichos asuntos y personajes. Como si lo anterior fuera poco agreguemos una gran cantidad de conductores(as) ignaros y vociferantes, orgullosos de su estolidez.
Los promotores de la telebasura saben del bajo nivel cultural de la teleaudiencia, su escaso nivel de crítica, su pobre nivel educativo y su enorme credulidad y, en su búsqueda de un «mínimo común denominador» capaz de aglutinar grandes masas de ignorantes espectadores ante la pantalla chica, utilizan cualquier tema de interés humano, político o social como mera excusa para desplegar lo que consideran elementos básicos de atracción de la audiencia: sexo, violencia, sensiblería, humor grueso y superstición.
Bajo una apariencia hipócrita de preocupación y denuncia, los programas de telebasura se solazan con el sufrimiento; con la muestra más sórdida de la condición humana; con la exhibición gratuita de sentimientos y comportamientos íntimos, con inmisericordes primeros planos mostrando todo el dolor causado. Son programas en cuyos contenidos figuran reclamos diseñados para atraer audiencias a cualquier precio, aun a costa de ofrecer informaciones tergiversadas o inventadas.
Pero la «telebasura» no únicamente la encontramos en los llamados talk shows y demás programas que hurgan en la basura de las vidas de los protagonistas del espectáculo y artistas de medio pelo, también la encontramos en programas pretendidamente cómicos y hasta en los noticieros más serios. Los escándalos, sus corrupciones, la promiscuidad sexual, el harén (como el caso de Andrade-Trevi), en fin, todo lo que mueva a escándalo y que destaque por su inmoralidad, sus desviaciones, su drogadicción, sus crímenes, es llevado a la televisión y la empresa televisiva que presente mayores excesos y humillaciones en la pantalla es la que obtiene mayor rating.
Este tipo de televisión tiene una dualidad: el voyeurismo de quien lo presencia y el exhibicionismo de quien lo practica. Su lógica es atraer a las audiencias, los medios a utilizar, su calidad y moralidad no importan, importa elevar el rating. El chiste es hacer público lo privado, llegando hasta extremos escatológicos.
Con estos programas los únicos ganadores son las televisoras y sus patrocinadores. Podría concluirse que si la telebasura es un reflejo de la decadencia social y valorativa, también es producto de un sistema mediático sustentado en la vulgaridad, la ausencia de controles adecuados y la ganancia a cualquier costo.
Como si lo anterior fuera poco, podemos observar que progresivamente aumentan los anuncios publicitarios de múltiples pseudociencias como el tarot, la astrología, la numerología, líneas de «psíquicos» y basuras similares y como se anuncian, sin traba alguna, ese robo en despoblado que son los llamados «productos milagro», la situación constituye un verdadero insulto a la inteligencia.
¿Qué hacer ante esta deplorable situación? Urge regular y reglamentar adecuadamente el contenido televisivo. ¿Posibilidades de que esto se solucione con nuestros actuales diputados?, un redondo cero, absolutamente ninguna. Habrá que esperar una nueva comalada de estos especímenes y rezar para que resulten menos torpes.