Opinión

MORELIA
Personalidades patológicas
«El sistema político mexicano no estaba, y la verdad hasta la fecha no está diseñado para detener la locura de un presidente»
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 4 de Enero de 2006
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Una de las razones por las cuales el caduco sistema PRI-gobierno no resultó lo mejor para un país como México fue la inocultable realidad de que la
enfermedad de un solo individuo, concretamente la locura de un presidente de la República, era suficiente para mandar a la ruina a todos. En ese sistema simplementesu poder no tenía contrapeso. Recordemos la anormal personalidad de Luis Echeverría y lo que nos costó su delirio mesiánico tercermundista. La marcada personalidad histriónica de López Portillo con su costosa frivolidad (para el país, no para él ni su familia). Frivolidad y arrogancia que lo mismo sirvió para hacer «general de división» a un delincuente como Durazo, que para encumbrar a cuanto favorito se le ocurrió, a él y a su señora. Más recientemente el costo que pagó México, en dinero y en sangre, por la personalidad limítrofe del señor Salinas. Actualmente la acusada personalidad bipolar de nuestro mandatario nos hace sufrir como ciudadanos de un país bananero cada que el señor abre la boca.
El sistema político mexicano no estaba, y la verdad hasta la fecha no está diseñado para detener la locura de un presidente. En las épocas doradas del priísmo tanto el Poder Legislativo como el Judicial eran simples marionetas sin valor alguno, los diputados y senadores eran sólo dóciles levantadedos sin voluntad propia ni vergüenza alguna.
Hasta donde tengo información, a la fecha ningún partido tiene mecanismo alguno para avalar o eliminar a un candidato potencialmente peligroso. Ya durante la campaña confiar y creer lo que nos dice en sus discursos es poco aconsejable, esos discursos están diseñados para presentar al lado agradable, lo que el candidato y sus asesores consideran que el auditorio desea oír. De ninguna manera es lo que en verdad piensan hacer si es que llegan al poder.
Ante esta situación sólo nos queda intentar analizar la personalidad de los candidatos y rastrear si alguno de ellos tiene algo que encaje dentro de lo que en psicología y psiquiatría se llama personalidad patológica. Por principio, definamos personalidad: Básicamente es el conjunto de características más o menos estables de la forma de ser de las personas, que les hace ser como son en sus pensamientos, sentimientos y comportamientos. Personalidad patológica: Persona que manifiesta patrones de comportamiento inadaptados, generalizados, persistentes y muy arraigados. Los rasgos inadaptados pueden ser de comportamiento, emocionales, cognoscitivos, perceptivos y psicodinámicos. Dentro de sus características está el ser egosintónicos (la persona se considera a sí misma como «normal»).
A continuación describo lo que tanto en el CIE 10 como en el DSM IV es considerado como personalidad paranoide o trastorno paranoide de personalidad:
Sus manifestaciones (criterio diagnostico) son: Desconfianza hacia los demás, la sospecha constante de que pretenden perjudicarles. Necesitan de forma exagerada sentirse autosuficientes y se conceden a sí mismos gran importancia. El sentido de realidad está distorsionado, de forma que cualquier detalle del ambiente, por nimio que sea, puede ser interpretado como amenazante o como la prueba que confirma sus sospechas. Son dados a ver conspiraciones y complots en todos lados y por ello permanecen en constante estado de alerta con el fin de controlar y detectar la más mínima señal de peligro. Cuando creen hallarla, reaccionan de forma rápida e incluso pueden contraatacar con violencia. Suelen ser rectos, honestos en su persona, se aferran a las normas y carecen de sentido del humor y de flexibilidad, mostrándose intransigentes, cuando no hostiles, ante todas aquellas personas cuyas actitudes no encajan con las suyas. Tienen un gran sentido combativo y tenaz, y en ocasiones se dejan llevar por el fanatismo.
La tendencia a considerarse muy importantes genera una actitud autorreferencial que les induce a sentirse ofendidos ante el más pequeño desaire; no olvidan, se suelen mostrar resentidos y rencorosos y jamás perdonan.
Carecen de verdaderos amigos y raramente explican sus cosas por temor a que la información pueda ser utilizada en contra suya (nada de transparencia en la información). En sus relaciones interpersonales son más bien fríos y se basan en la jerarquización; son sumisos ante los que consideran superiores; despóticos con los inferiores.
Hay notoria falta de autocrítica y en situaciones muy estresantes, estas personas pueden padecer episodios psicóticos de breve duración. Un aspecto interesante es que en ellos se combinan bastante los datos del llamado «trastorno narcisista de personalidad» y se asocia también frecuentemente con lo que Adorno y Col llamaron «personalidad autoritaria».
Sobra decir que un individuo con semejantes atributos sería una verdadera amenaza para la salud del país. Intolerante, intransigente, sólo su verdad existe, todos están equivocados menos él, todos orquestan un complot para destruirlo.
Una persona medianamente informada, pero necesariamente sin anteojeras ideológicas y con un juicio íntegro puede detectar a un candidato con estas características. Si no, ya lo dijo alguien, «pueblo que soporta a un tirano, lo merece».