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HUETAMO
Mas allá de la leyenda dorada de los chaneques de Tierra Caliente
Les llaman los espíritus del agua y en Huetamo se cuentan por miles sus apariciones Se dice que no tienen sombra, ni sexo, pero les gusta la baraja, el alcohol y el fandango

Lunes 6 de Marzo de 2006
Redacción
Cambio de Michoacán


De la presencia de los mitológicos chaneques en México se encuentran antecedentes desde el siglo IX en la cultura maya, y enseguida se les relaciona en otros territorios como Oaxaca, Guerrero y Michoacán, donde se conserva hasta la fecha la firme creencia que los chaneques existen.

En especial, hablar de chaneques en Tierra Caliente es asunto cotidiano, de sobremesa, de cantina y de sacristía, ya que nadie niega que estos existen y por si fuera poco, todo mundo asegura haber tenido algún tipo de contacto con los llamados espíritus del agua, ya que por lo general habitan en los manantiales, arroyos y hasta en las norias y pozos artesianos se les ubica.

Los famosos chaneques, historias muy diferentes a la cultura del halloween, a historias de monstruos, de zombis y de muertos, ya que desde el punto de vista religioso, para el terracalentano común, se trataría más bien de niños pequeños que vagan por la tierra al no poder entrar al limbo, o al paraíso, y que para lograrlo deben robar la sombra o el espíritu a un niño pequeño.

Y desde ese punto de vista, la situación se convierte en todo un dilema entre la gente que cree y la que piensa que sólo se trata de una farsa, sin embargo, los miles de testimonios de huetamenses que afirman a pie juntillas que han visto a los chaneques aparecer en los cuatro puntos cardinales, nos ha llevado a considerar que se trata de algo más allá de lo meramente convencional.

En uno de los libros que legara el fallecido escritor Teobaldo González Palacios, nativo de Zirándaro, explica la diferencia entre lo que es un chaneque, un nagual o un hechicero.

En especial, explica que los anuales eran individuos tramposos que alardeaban tener poderes ocultos, que en lo particular se podían convertir en animales del monte, y que con esa facilidad podían meterse a las casas y cometer cuanta tropelía se les ocurría, como infamas, estupros y maleficios.

Los hechiceros, explicaba González, se suponía que eran mágicos embelesadores, quienes traficaban con sortilegios para traer la buena suerte para librarse de daños y peligros, pero por lo general se basaban en trucos y mentiras, y para ello usaban amuletos, talismanes, filtros y hasta bebedizos.

Y de los chaneques, el escritor zirandarense así los describía: «Seres con estaturas pigmeas, imaginación de los ignorantes que comulgan con esa aberrante creencia, de muy baja estatura, parecidos a los pequeños duendes que habitaban en las casas de la antigua Europa, entes que según las versiones de quienes los inventaban, similares a los enanitos de una miserable raza que habita en el Continente Africano; o semejantes a los diminutivos liliputienses , imaginados por Swift, en su obra Viajes de Gulliver.

Por lo demás, en los noches de Luna llena cuando los chiquillos de Huetamo le pedían al abuelo contar cuentos, no faltaba la historia de chaneques aparecidos en el arroyo de Ura, de Cutzio, Cahuaro o Pirinda, lo mismo en el ojo de agua de Chihuero, en Quenchendio, Chumbitaro y Urerio, y no se diga en las orillas del Balsas, donde se afirma que al cruzarlo en 1803 el Barón Humboltd, sin imaginarlo se enterará de este raro asunto.

Procedente de Acapulco a México, Humboldt arriba al Río Mezcala, hoy Balsas y lo trasladan en una canoa donde también viaja una señora, quien apenas entraron a la corriente metió la cabeza de su chamaco entre sus enaguas, a lo que el sabio alemán preguntó que por qué, y la mujer indiana sólo contestó que si lo miraban los chanequiuris estos se los llevarían, y Humboldt tomó nota de ese detalle.

En una encuesta de 10 personas, apenas dos titubearon en negar la existencia de los chaneques en Huetamo, y por el contrario, todos los restantes afirmaron haberlos visto, otros haber sido víctimas de sus bromas y jugueteos, y no faltó el que afirmara haber sido atacado por las diminutas criaturas que salen de las sombras de la tarde a saltar sobre las rocas de los arroyos.

En especial, una vivencia de quien esto escribe fue la entrevista que nos brindara en vida una famosa «saurina» de Huetamo, una vieja mujer que aceptó que grabaremos para Telecable una de sus mágicas curaciones y para nuestro asombro ensalmó a un chamaco de nueve años al que los chaneques le habían aventado arena a los ojos, y varios días después era victima de tremendas fiebres mientras que sus ojos parecían brazas ardientes.

Ramas de albahaca, claras de huevo, agua bendita, imágenes milagrosas y cánticos religiosos fueron el escenario que registraba la cámara, y al oído gritaba la desdentada anciana al chamaco adormecido que volviera, que no se fuera con los espíritus, y con bocanadas de humo terminaba la sesión, mientras que el camarógrafo estaba al borde del infarto, y por extraño que parezca, días después el niño estaba sanado.

Existen o no los chaneques, eso es cosa de investigar, pero en Huetamo es tan popular esa palabra, que aparece en cantinas, billares, tiendas, y además se habla de que les gusta jugar la baraja, beber mezcal y fumar cigarros de hoja, además de ser muy enamorados, cuestión que causa risa entre el populacho.


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