Jueves 21 Agosto de 2014
Educación y pensamiento crítico
Rafael Mendoza Castillo
Lunes 26 de Mayo de 2014 • Enviar nota    • Imprimir
Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Martín Heidegger: “Pensar no es hacer nada, pensar es la acción en su diálogo con el mundo”. Esta idea me recuerda a Paulo Freire cuando decía que “nadie educa a nadie, nadie se educa solo, los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo”. De esa forma se imbrican la realidad, la conciencia y la praxis constitutiva. Por eso la necesidad de pensar para tomar distancia de todo aquello que se ha detenido o cristalizado e identificar lo emergente, lo nuevo.

El avance vertiginoso de los cambios y acontecimientos, que en los últimos años se han presentado a nuestros ojos y conciencia, han provocado una nueva revisión en el modo de pensar y hacer en que los veníamos explicitando; así como la representación de la lógica y sentido en que se mueven dichos aconteceres. Estos cambios exigen, entonces, un nuevo replanteamiento de la relación que tradicionalmente nos permitía una comunicación: mediada (percepción, apreciación y acción) o directa, con las tendencias, procesos y estructuras sociales de nuestro tiempo.

Después de la posguerra pareciera que los modos y los supuestos para leer el mundo de lo social, dejaron de ser dos ópticas, en las que nos habían instalado los dos bloques hegemónicos de poder político mundial (socialismo real y capitalismo). En ese sentido, se abrieron otros horizontes que permitieron vislumbrar otros proyectos sustentados en culturas y políticas distintas. Como bien afirma Pablo González Casanova: “Obliga a replantear, en estos inicios del siglo XXI, una nueva cultura general y nuevas formas de cultura general, y nuevas formas de cultura especializada con intersecciones y campos acotados, que rompen las fronteras tradicionales del sistema educativo y de la investigación científica y humanística, así como el pensar y el hacer en el arte y la política”.

Con la desterritorialización de estos dos sentidos totalitarios, hacen su entrada otros escenarios diversos, que replantean el advenimiento de otros proyectos que se ubican en perspectivas que muchas veces son atrapadas en "ídolos" estudiados por Bacon. Que parecían alejados de las certezas lineales de la razón moderna. Nuevamente tocan a la puerta de esa modernidad capitalista y de regulación, otras perspectivas, con sus respectivos proyectos u opciones, más en el sentido de lo racional y emancipador, que también viene a alterar la forma en que interrogábamos y leíamos los hechos sociales, que eran atrapados por los bloques de poder.

Las dos formas de lectura y escritura en la que eran instalados los acontecimientos, pretendieron acostumbrarnos a una fraseología que enmarcaba lo social en una lógica unidimensional, en la que los individuos y los pueblos construían sus fines e ideales y sus acciones sociales. En nombre de esos discursos significantes (narrativas) se producían, por los efectos de "verdad" y de "poder", la paralización y el silenciamiento de los conflictos, de las crisis políticas y culturales que buscan un reencuentro con otra forma de vida, que anulara el confort de la vida simple que se le había impuesto.

Lo real histórico, lo real social, lo real político estaba siendo llenado por lo imaginario que producía las ilusiones de la "unidad", de la "certeza en el porvenir", de la "garantía del presente eterno", la "llegada del paraíso" y hoy el prianismo en el poder. Esas ilusiones fueron durante muchos años, ideas que congelaban las relaciones sociales, ya que llegaron a instalarse en la raíz misma de lo social. En este bloqueo del conflicto, jugó y juega un papel importante la racionalidad técnica o instrumental. Esta última impide transitar de las ilusiones a los intercambios simbólicos; lo que puede provocar la anomia de lo social y la muerte de la subjetividad humana.

El inmediatismo comunicativo publicitario (televisión, radio, etcétera), imprime la pulsión de muerte en cada cosa, porque logra poner inmediatamente a la cosa sobre el individuo desde su valor de uso y en tanto goce. Eros se somete a Thánatos, en tanto que éste es producido históricamente para someter a la pulsión vital (las guerras del prianismo). Todavía no nos negamos a escuchar el trabajo silencioso de la muerte en lo social.

Ambos sistemas sociales se fundaron en esa racionalidad instrumental (tragedia del socialismo) y llevaron a los sujetos a practicar la mentira y la disolución de los lazos familiares, vía acusación del disenso, del no, como ilusiones perversas y enemigas del status quo. Con la caída del muro (1989) surge, con nuevas ilusiones patológicas, el paradigma avasallador del neoliberalismo económico y guerrerista autodestructivo. Como bien dice Félix Guattari: “Esa voluntad de mentira, hacen que la mayoría de acontecimientos que nos presentan los noticieros televisivos a menudo son seudoacontecimientos”. Otro mundo es posible.

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