Sábado 31 Julio de 2010
Batallas que valen la pena
Nohemí Vargas Anaya
Sábado 25 de Octubre de 2008 • Enviar nota    • Imprimir
Alejandro Calvillo es una de esas personas latosas que se le aparecen a una constantemente, como ese molesto y sabio grillo de Pinocho que para colmo, siempre tiene la razón. Es uno de esos tipos que han de tener bastante colmada a la Secretaría de Educación federal, porque se asoma en los lugares más inesperados con una necedad admirable. Es, lo que podríamos llamar, un verdadero ciudadano de la nueva era.

La información que produce a través de la organización no gubernamental que dirige, El Poder del Consumidor, habla de un trabajo sólido y valioso.

Mucho se han difundido los trágicos efectos de una alimentación pobre y la casi nula práctica de ejercicio físico. Nomás para refrescarnos la memoria, traemos a colación lo dicho por el IMSS, respecto a que el elevado consumo de alimentos chatarra entre niñas y niños ocasionará que dentro de 20 años, la expectativa de vida de la población se vea reducida de 75 a 50 años, ya que los malos hábitos alimenticios y la falta de actividad física en las escuelas ya producen aumento de obesidad o sobrepeso.

Pues bien. Ante el cúmulo de contraargumentos en torno a que el estudiantado no consumiría alimentos nutritivos, El Poder del Consumidor decidió implementar una estrategia en el marco del Día Mundial de la Alimentación, que partió de un plan piloto por demás interesante.

Ofreció a más de 200 alumnos de la Escuela Secundaria número 103 de la Ciudad de México, un desayuno nutritivo, económico, orgánico y solidario. No lo va usted a creer, pero cada ración costó menos de ocho pesos.

Calvillo manifestó que “con un solo cambio en la política educativa de México sería posible: combatir la epidemia de sobrepeso y obesidad en los niños; ofrecer alimentos económicos y orgánicos en las escuelas; contribuir al desarrollo de las comunidades rurales e indígenas de México; y recuperar parte de la rica dieta tradicional”.

¿Qué desayunaron? Una fruta, dos palanquetas de amaranto con cacahuate y un vaso de leche con chocolate. Las barras de amaranto fueron producidas por Quali, que agrupa a 180 familias de 80 pueblos de cultura popoloca, nahua, mixteca y de campesinos mestizos. Su producción es orgánica y fue reconocida recientemente con el Premio Nacional Agroalimentario 2008.

El chocolate fue elaborado por la organización maya Kay Kab, que produce cacao orgánico en la región del Soconusco, al sureste de Chiapas. La integran cinco grupos comunitarios que producen pinole, tazcalate, soyakab y chocolate en polvo.

La leche que tomaron los estudiantes fue la orgánica Prado Verde, que se elabora en la región zoque de Chiapas, procede de ganado de libre pastoreo que se alimenta de diversas variedades de pastos nativos de la región que crecen completamente libres de agroquímicos. El ganado es manejado sin el uso de hormonas stb (son las que se suministra a los animales para incrementar su producción y crecimiento corporal; al ser ingeridas por seres humanos, pueden trastornar el sistema endócrino). Se encuentra libre de transgénicos y posee el certificado orgánico internacional Bioagricert.

Por otro lado, y como parte de la misma estrategia, Calvillo organizó el Foro “Alimentos y obesidad en las escuelas del DF”. Una de las colaboraciones más interesantes fue la de Laura Irizarry Figueroa, del Instituto Nacional de Salud Pública, quien señaló que un equipo de especialistas estudió 26 escuelas del sur del Distrito Federal y encontraron que el alumnado tenía hasta cinco oportunidades para comer en la escuela, que los desayunos escolares eran altos en calorías, que no había bebederos de agua potable y que los estudiantes sólo tenían nueve minutos a la semana de actividad física vigorosa.

Con las autoridades escolares, aumentaron la disponibilidad de frutas y verduras, redujeron las oportunidades para comer, instalaron un garrafón de agua en cada salón, incrementaron la actividad física y desarrollaron un programa de educación nutricional. Así, el consumo de comida y bebidas chatarra se redujo a sólo 24 por ciento.

El pasado 15 de octubre, tanto El Poder del Consumidor como el Consejo Latinoamericano y del Caribe de Organizaciones de Consumidores (OCLAC, que agrupa a 31 asociaciones de consumidores de 16 países) presentaron una propuesta a las autoridades de la Secretaría de Salud de México y a la Organización Panamericana de la Salud para fomentar una alimentación saludable en las escuelas.

La propuesta incluye: a) impedir la venta de alimentos y bebidas chatarra, con alto contenido de azúcar, sal (sodio), grasas saturadas y trans (hidrogenadas); b) prohibir el expendio de bebidas para deportistas de alto rendimiento, por su elevado contenido de sales, así como aquellas adicionadas con cafeína, taurina, glocoronalactona o cualquier sustancia que actúe como estimulante, por sus efectos en el sistema nervioso.

C) Asegurar a la comunidad escolar el acceso gratuito a agua potable; d) ofrecer y promover el consumo de frutas, verduras y cereales integrales; y e) incorporar a la currícula escolar la educación alimentaria y nutricional.

En Michoacán, ha sido un avance la reforma al artículo 19 de Ley de Educación, que prohíbe la venta de productos y alimentos de bajo o nulo valor nutricional en escuelas o cooperativas. Además, el artículo 173 de la Ley de Salud establece que la Secretaría en la materia, en coordinación con la SEE y los padres de familia, se coordinarán para vigilar que los alimentos que se vendan en las cooperativas escolares sean de calidad, higiénicos y nutritivos para reducir los problemas de obesidad e inadecuada nutrición en los escolares.

No obstante, personas de todas las edades seguimos en riesgo mientras las tienditas y centros comerciales mantienen la venta de estos productos, alentada por la publicidad en los medios de comunicación. Y sobre ello también debe legislarse con todo el rigor que merecemos las y los consumidores. Esperemos que Alejandro Calvillo obtenga cada día más apoyo ciudadano. Es una lucha que vale la pena.
 
 
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