Viernes 28 Noviembre de 2014
Girando la pirinola
Programa gubernamental de estufas de leña en el ojo del huracán
Miércoles 4 de Agosto de 2010 • Enviar nota    • Imprimir
El pasado 29 de julio de 2010 la Red Mexicana de Bioenergía (Rembio)*, con sede en Morelia, emitió un pronunciamiento que critica seriamente el Programa Nacional de Estufas Ahorradoras de Leña, que implementa el gobierno federal. En el documento dirigido al titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), se documenta la situación que guarda dicho programa y los grandes impactos negativos que está generando y podría generar en el futuro. La Rembio recomienda que de manera inmediata se lleve a cabo una evaluación de la operación del programa y se genere “…una Norma Oficial Mexicana y un ente regulador que asegure que las estufas adquiridas por las instituciones y organizaciones cumplan con requisitos mínimos de funcionamiento y aceptación”.

Para contextualizar al lector le informamos que en México más de 20 millones de habitantes usan leña para cocinar y hay al menos cinco millones de familias que tienen a este combustible como su principal energético para la cocina. Con el programa mencionado el gobierno federal pretende, de aquí al 2012, cubrir el diez por ciento de la demanda objetivo estufas de leña que se requieren en el país, es decir 500 mil familias. Todo ello con una inversión aproximada de mil millones de pesos. El gobierno se comprometió a instalar 100 mil estufas por año y ha promovido ampliamente la iniciativa como uno de los mecanismos para mitigar el cambio climático en el país.

En su pronunciamiento la Rembio celebra que el programa esté en marcha, pero con el transcurso de los hechos llama la atención del propio presidente de la República, de las autoridades involucradas y de la opinión pública sobre graves errores, omisiones y estrategias que se están implementando.

En primer lugar critica que la Sedesol ha hecho caso omiso a las recomendaciones de organizaciones e instituciones académicas con experiencia y reconocimiento internacional en el tema de estufas eficientes, las cuales plantearon que: “Para asegurar que las 500 mil estufas del programa sean utilizadas cotidianamente por las familias rurales y brinden los beneficios sociales y ambientales para los que fueron diseñadas”, debería considerarse lo siguiente: “a) Difundir solamente estufas cuyo diseño haya sido probado en campo previamente, b) Que sean eficientes, robustas, seguras y durables; c) Desarrollar un programa de sensibilización y capacitación para los usuarios; e) Dar un seguimiento y monitoreo constante para conocer los resultados y evaluar el programa”.

La crítica se fundamenta en que el programa ha licitado 126 mil 596 estufas siguiendo un modelo de operación que no es adecuado. Algunos otros argumentos resaltados por Rembio son: “I) Algunos de los proveedores que han licitado estufas no tienen experiencia en el diseño, elaboración, evaluación y mucho menos en la difusión e implementación de este tipo de tecnologías; II) Las estufas se entregan en bodegas de Diconsa de donde se trasladan a las localidades, ni el proveedor ni Sedesol entregan e instalan las estufas; lo están haciendo ONG locales que no conocen la tecnología, no tienen responsabilidad sobre la misma y tampoco tienen experiencia en el tema; III) Los usuarios no tienen la menor posibilidad de decidir el tipo de estufa que les gusta y cubra sus necesidades de cocinado: en la mayoría de los casos se les está imponiendo un modelo de estufa que no cumple sus expectativas”.

Pero quizá el llamado de atención más importante del pronunciamiento de Rembio es que el programa no dista de ser una acción asistencialista, donde se regalan las estufas en busca de instalar el mayor número de dispositivos posibles sin considerar criterios mínimos de funcionamiento, adaptación y aceptación. Por un lado, tecnología que no funciona provoca desconfianza y desinterés de los usuarios: existe el riesgo que esas familias queden peor de como estaban y lo que es seguro, sin ningún interés en seguir participando en programas de esta naturaleza; por otro, ante el fracaso, “los beneficiarios” ya no serían sujetos de atención en el entendido que el programa ya pasó por su comunidad; sin un programa de seguimiento (evaluación y monitoreo) no se sabría cuántas estufas están funcionando y si se usan cotidianamente, no pudiendo demostrar la mitigación de gases de efecto invernadero.

En este sentido y de una manera muy responsable la Rembio se pregunta: ¿Si vale la pena tener un gasto de recursos públicos por mil millones de pesos a pesar de que la gran mayoría de las estufas instaladas no se usen y por lo tanto no generen beneficios?

La irresponsabilidad del gobierno no sólo perjudicará a las instituciones que seriamente han trabajado en la difusión, investigación y diseminación de estufas eficientes de leña a través de enfoques participativos. Afectará directamente a los usuarios porque se les está entregando una estufa que no sirve o que no podrán resolver los problemas una vez que se les presente, abandonando su uso. Pero también nos afecta a todos, el dinero dilapidado proviene de los impuestos que pagamos.

El gobierno federal sigue su estrategia de gobernar con publicidad, con muchas palabras y pocos hechos. Los severos críticos del populismo no pueden con la responsabilidad que asumieron como gobernantes. Pero ojo, esta vez con las estufas, los principales afectados son las familias más pobres del país, aquellos que viven en condiciones de gran marginalidad y que para vivir dependen permanente y cotidianamente de la leña.

girando@gira.org.mx



*La Red Mexicana de Bioenergía (Rembio) es una organización orientada a la promoción del uso sustentable de la bioenergía que agrupa y representa a 150 miembros, entre los cuales se cuentan los principales expertos en uso de leña y biomasa de México.



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