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Opinión
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Ramón Llull, educador |
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Ariosto Aguilar Mandujano |
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La vida de Ramón Llull (1232-1315) se desarrolla en uno de los periodos más ricos del pensamiento occidental. Aunque el siglo XIII representa el auge de la escolástica, también representa el de las escuelas cabalísticas provenzales y catalanes, es el siglo de las luchas heréticas y el de los debates teológicos en el cual se presentan las intrigas políticas, inquietudes guerreras y grandes tratados filosóficos; de ideología en conflicto y de contradicciones. Constituye el comienzo del pensamiento precientífico y de sobrevivencia de materias mágicas como la alquimia y astrología. El personaje histórico que integra todas éstas sería suficiente a Ramón Llull o Lulio.
A Ramón Llull se le considera como el iniciador de la literatura catalana, por su estilo y por su obra monumental. Supo combinar sus viajes por el Continente Europeo, Asiático y Africano con la producción de su abundante obra literaria.
En una cruzada individual en la conversión de los moros africanos y luego de observar el fracaso de los métodos de conquista bélica, Llull elaboró un nuevo método, el de la persuasión. Estaba convencido de que la obra misionera de África tendría éxito si se acompañaba de una exposición racional de las verdades de la fe cristiana. Se dedicó a escribir una nueva filosofía partiendo de argumentos lógicos según el tema que se propusiera.
El método lógico que inventó consistía en la disposición de tablas y círculos concéntricos que le permitan combinar los distintos principios y conceptos para obtener las deducciones correctas, al cual le llamó arte combinatorio.
Lo interesante y sorprendente en su empeño para realizarlo, es que el estudio lo inició cuando cumplía los 40 años, con el aprendizaje de latín, árabe, hebreo, filosofía, historia y teología, en los que invirtió varios años. Su Arte Magna pudo ser valorada hasta el Renacimiento, siendo sus admiradores Giordano Bruno, Leibniz, Nicolás de Cusa, Descartes y en muchos casos sus seguidores.
Su Libro del orden de caballería tuvo gran influencia sobre el concepto de lo caballeresco durante el reinado de Isabel de Inglaterra.
Su amplia y variada temática fue estudiada por la investigadora Frances A. Yates en las perspectivas filosóficas, teológica, política y literaria.
En la lectura de los trabajos de Frances Yates se manifiesta originalidad y su anticonformismo, como son las discusiones con Duns Escoto en la Sorbona, con el Papa de Roma, sus tres viajes a África para enseñar el Evangelio y sus enfrentamientos en plazas públicas con defensores del Islamismo.
El proceso de conversión de Llull y de abandono de la vida libertina fue desarrollado lentamente, mismo que puede disfrutarse en la lectura del libro Las raíces y las armas, de la distinguida escritora Angelina Muñiz- Hubermann, Editorial del fondo de Cultura Económica, México, 2002.
A partir de su conversión, del abandono de los quehaceres mundanos y con la influencia de Ramón de Peñafort, gran maestro de la orden de los Dominicos, dedicó nueve años de su vida al aprendizaje de gramática, latín, árabe, hebreo, filosofía y teología. Todo ello le proporcionó mayor ventaja sobre los escolásticos contemporáneos.
En su obra Árbol de la ciencia, responde al intento de clasificar todo el conocimiento humano bajo un plan unificado. Esta importante obra, junto a los diferentes tratados de Llull sobre cosmología, física, derecho, medicina, lógica, psicología, astronomía, geometría, viene a ser la preparación para su obra final, Ars generalis ultima de 1308.
Por este tiempo Llull ya había olvidado el propósito original del Ars Magna, sobre la conversión de los infieles y los siglos después Leibniz consideró al pensador mallorquín como la llave de todo el conocimiento, por la amplitud de las materias que toca. Por intentar descifrar el alfabeto del mundo, ser capaz de leer en el gran libro de la naturaleza, los signos grabados, descubrir la plena correspondencia entre las formas originarias y la cadena de las razones humanas.
Construyó sus sistemas sobre los esquemas elementales de la naturaleza, combinados con los esquemas divinos formados por las dignidades, o atributos divinos, tal como giraban en las ruedas combinatorias. Es decir, el arte luliano es siempre un arte combinatorio. No es estático, sino que mueve constantemente los conceptos de que trata en combinaciones variadas.
En el siglo XIII, Llull y su arte ofrecen un canal por el cual corre otra tradición a lo largo de la época escolástica, el platonismo medieval, particularmente en las formas que provienen de Scotus Erigena, en las que hay similitud con los modos de pensamiento cebalísticos. El propio Llull fue influido por la cábala que se desarrolló en España al mismo tiempo que su arte. El arte se entiende de mejor manera si se le toma como una forma medieval de cábala cristiana.
Los nuevos enfoques mostraban el arte como un método a la vez científico y místico, y que presentaba muchas afinidades con la cábala. Las influencias del pensamiento árabe sobre la visión de Llull se conocían hacía mucho tiempo y habían sido estudiadas por los eruditos.
Llull valoraba principalmente su arte por sus posibilidades misioneras. Creía que un arte basado en principios que reconocían las tres grandes religiones, cristianismo, judaísmo e islamismo, ofrecían argumentos infalibles para la conversión de todos al cristianismo. Esta meta apasionadamente misionera fue suprema en la vida y en la obra de Llull, en fuerza motriz que está detrás de la incesante promoción de su arte. El arte siguió extendiéndose y proliferando como método, como tentativa de un pensamiento metódico que utiliza diagramas y anotaciones con letras.
La revolución de que Llull no sólo abrevo en la tradición neoplatónica general sino que también en la versión mística del neoplatonismo de Erigena, explica ampliamente la atracción que ejerció en pensadores del Renacimiento con hermetismo y cabalismo.
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