Domingo 23 Noviembre de 2014
La realidad de la homofobia en México
Nohemí Vargas Anaya
Lunes 17 de Mayo de 2010 • Enviar nota    • Imprimir
Seamos personas honestas, y aceptemos que todas buscamos ser aceptadas, sea que nuestro círculo social pertenezca a la masa preponderante, o a los pequeños mundos que conformamos con otras personas que se sienten distintas, aunque en el fondo seamos todas iguales.

Esta ansiedad es particularmente característica en cuestiones de género. Seamos de la high society, punks, emos o de la izquierda pandrosa, las mujeres queremos parecer mujeres, y los hombres quieren verse como tales, y para ello buscamos que nuestros modos y atuendo se parezcan -o por lo menos contrasten lo menos posible- a quienes nos son iguales.

El esfuerzo realizado para conseguir tales efectos, a veces cansa. Nos gustaría que nos aceptaran tal cual somos, y pensamos que esta sociedad es cruel, porque difícilmente perdona aquello que se sale de los parámetros, pero curiosamente nosotras mismas nos convertimos en jueces, y entonces entramos en un círculo de sufrimiento porque sentimos que no damos el ancho, pero por otro lado criticamos implacablemente a todas y todos, al considerar que tampoco cubren las expectativas.

Si a esto agregamos al que ahora se ha convertido en el enorme detalle que implica tener una preferencia sexual distinta a lo socialmente aceptado, tenemos como resultado una cultura homofóbica que puede llegar a fatales consecuencias.

La semana pasada, la asociación civil Letra S dio a conocer los resultados preliminares del “Informe de crímenes de odio por homofobia en México 1995-2008”, que es un monitoreo de prensa, a partir del cual se revisaron 71 diarios locales y nacionales para identificar crímenes de odio contra varones homosexuales, lesbianas y personas transgénero, centrándose únicamente en homicidios.

Si nos vamos de lo general a lo particular, encontramos que México es el segundo país con mayor índice de crímenes por homofobia en América Latina, sólo superado por Brasil. La Ciudad de México es la entidad que reportó más homicidios de este tipo (143), ocupando los varones el primer lugar entre las víctimas (109) seguidos de travestis, transexuales o transgénero (29) y mujeres (5).

Y aquí tenemos la fabulosa noticia de que Michoacán, entidad machista por excelencia, ocupa el honroso segundo lugar del país con 77 registros de crímenes de odio por homofobia, habiendo analizado Cambio de Michoacán, El Sol de Morelia, El Vigía, La Opinión, La Voz de Michoacán y Provincia.

Destaca también que entidades como Zacatecas, Tlaxcala, San Luis Potosí, Campeche, Baja California Sur y Aguascalientes terminaron en ceros, aunque aquí valdría esperar los resultados definitivos y los pormenores en cada entidad para saber si efectivamente nadie murió en estas condiciones.

Respecto al periodo de análisis que abarca el estudio (trece años), 2005 fue el año en que se disparó la incidencia de estos asesinatos (104), y 1998 el de menos registros (19).

En lo que se refiere a las edades de las víctimas (que mayoritariamente fueron varones), encontramos que las de 21 a 30 años se ubicaron en primer lugar (109 casos), y que el arma blanca encabezó los métodos de asesinato (222 casos), seguida de golpes (116) y asfixia (101), entre otros.

Primordialmente, el lugar donde se cometió el crimen fue el domicilio de la víctima (283), pero también hubo tres casos en que la agresión se dio en la iglesia. Curioso.

De los 627 casos registrados por la prensa en estos trece años, sólo en 104 se inició averiguación previa, lo cual merece atención.

Finalmente, el informe preliminar detalla cada uno de los casos indicando las variables que ya mencionamos, además del nombre de la víctima y la fecha del homicidio.

Para el caso de Michoacán encontramos, por mencionar arbitrariamente sólo un par de casos, que Miguel Campos Chávez con edad no determinada, fue asesinado con arma blanca el 17 de enero de 1997 en Zitácuaro; o que Juan Martínez Castro, de 32 años, fue asesinado con arma blanca en un hotel de Morelia el 11 de marzo del 2000.

Este es el trágico contexto que adorna el decreto de institución del 17 de mayo como Día de la Tolerancia y el Respeto a las Preferencias, publicado ayer en el Diario Oficial de la Federación como iniciativa del actual presidente de la República.

Si bien el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) ha expresado su beneplácito, considerando esta decisión como “un avance en el combate contra la homofobia”, nosotras pensamos que el gobierno federal no sólo no está trabajando a favor de la tolerancia, sino que alienta lo contrario.

Todavía vivimos tiempos en lo que la condena se dirige a las personas que no se someten al orden establecido, en vez de dirigirla a la intolerancia como fenómeno que se vive desde la infancia, como ya nos hemos enterado por las cifras de discriminación en las primarias y secundarias del país.

Sólo el hecho de que este gobierno federal de la mano con la Iglesia católica se atrevan a generar todo un movimiento social y jurídico para criminalizar a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo, nos habla de que por más conocidos que tengan los tratados internacionales relativos al respeto a los derechos humanos, no están interesados en cumplirlos.

Por ello, resulta fundamental que la sociedad civil organizada haya decidido exigir sus derechos a través de campañas y actividades que datan de décadas atrás. Uno de los esfuerzos más sólidos puede ejemplificarse con este informe que difunde Letra S, pero es a nivel local, con el trabajo diario de las pequeñas organizaciones, y muy frecuentemente sin el apoyo oficial, como se pueden ir generando cambios reales.

Para el caso de Michoacán, destaca el trabajo que hace años realiza el Grupo de Facto Diversidad Sexual, que ha sabido emprender un trabajo doble, pensamos que de manera sustentada. Por un lado, con pequeñas actividades en distintos municipios donde promueven la prevención del VIH o el adecuado tratamiento para el Sida a través de obras de teatro, charlas y demás herramientas.

Por otro lado, a nivel público, porque no se han cansado de insistir de manera respetuosa en la importancia de sensibilizar a los ayuntamientos sobre la cultura de la tolerancia; de reglamentar sobre la discriminación de cualquier índole en establecimientos públicos o privados, o la formación de las y los servidores públicos en materia de derechos humanos, sancionando a todos aquellos que discriminen.

Trabajos como éste existen en toda la República, muy a pesar de nuestro actual gobierno federal de derecha que dice una cosa y hace otra. Y respecto a todas y todos los de a pie, ¿qué nos quita el hecho de que las personas homosexuales se quieran casar, se tomen de la mano, se besen en las calles o quieran adoptar? ¿No se supone que vivimos con temor todo el día por la violencia?

¿No será que en vez de hacernos de la vista gorda, en vez de hacernos a un ladito, deberíamos ponernos en sus zapatos y darnos cuenta de que todas y todos tenemos los mismos derechos, y que a nadie le gustaría ser una víctima de homicidio por causas de odio?



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