Martes 29 Julio de 2014
Opinión
La teoría del campo biológico de A. Gurwitsch
Ariosto Aguilar Mandujano
Viernes 14 de Mayo de 2010 • Enviar nota    • Imprimir
Michael Lipkind

El trabajo teórico central de Alexander Gurwitsch fue el desarrollo del concepto del campo biológico, que primero él introdujo en la biología como una noción de “campo” que había pertenecido previamente al vocabulario de la física. En su comunicación de 1912, “Herencia como un proceso de realización”, la noción de campo se asoció con la concepción de la co-sujeción elementos a un factor morfogenético, tan opuesto a una concepción alternativa, considerando la morfogénesis tal como un resultado de interacciones entre los elementos. La concepción de campo de Gurwitsch comprendió desarrollos sucesivos, desde los primeros modelos abstractos que describen fenómenos morfogenéticos simples, a la teoría general del campo biológico vectorial tratando con todos los niveles de organización del organismo vivo (morfológico, celular y molecular).

Antecedente histórico

En torno al siglo XX, cuando Gurwitsch empezó a trabajar en el problema total de la ontogénesis, y diversos y nuevos desarrollos en biología llevaron influencias claves en la formación de sus conceptos biológicos. El primero fue el redescubrimiento de las leyes básicas de la genética formal descubiertas por Gregor Mendel en 1864, y el segundo, los experimentos cruciales en embriología desarrollados independientemente por Wilhem Roux (1850-1924) y Hans Driesh. Los estudios iniciados por Roux condujeron al establecimiento de una nueva rama de la biología de desarrollo. La mecánica de desarrollo que floreció y que culminó en los famosos experimentos por Hans Spemann dio como resultado en los descubrimientos de la “inducción embrional”, la capacidad inductiva de una parte particular de un embrión trasplantado encima de otro para determinar el destino morfónico del tejido local que lo rodea. Los experimentos desarrollados por Driesch en la regulación armónica en el embrión, fue el refuerzo del establecimiento de una concepción vitalística claramente expresadas.

Cualquier teoría de desarrollo o herencia, no importa qué tan complicado fuera, en ese tiempo, estaba basada en uno de los dos principios conceptivos teóricos, preformismo o epigénesis -que había dominado las mentes de los biólogos desde los principios de la biología científica, en ocasiones sirviendo como principios supremos. Las raíces del preformismo se pueden remontar a Hipócrates, mientras que la idea del epigénesis procede de Aristóteles.

De conformidad a la estructura lógica de preformismo, el cigoto (célula del huevo fertilizado) contiene todos los prerrequisitos potenciales para el desarrollo de un organismo futuro, con todos sus parentescos originales, rasgos y propiedades. Evidentemente, el concepto original de preformismo consideraba la cadena completa de eventos que constituyen el desarrollo del embrión a ser “predestinado” por estos prerrequisitos potenciales. Sin embargo, esta original definición del principio del preformismo permitió un camino a un concepto modificado sobre la idea que toda la complejidad observada del organismo, puede ser reducida a separar rasgos independientes que se pueden proyectar a lo estrictamente determinadas; separa entidades contenidas en el cigoto. Estas entidades son responsables para todos los rasgos de especies específicas reales. Utilizando el vocabulario contemporáneo uno puede definir tales entidades como genes y de conformidad a la genética clásica mendeliana se puede considerar como una forma pura de esta clase de preformismo.

Así como en el preformismo embriológico clásico, el cigoto se presenta como un acertijo (un mosaico) de distribución espacial de las entidades dentro de él, con cada entidad responsable para una cierta parte morfoanatómica del organismo futuro. Por esto, el desarrollo del embrión es una evolución de estas entidades preformadas y predeterminadas. En consecuencia, hay conexiones inequívocas y rígidas entre cada entidad y la parte correspondiente del embrión. De ahí que cada etapa ontogénica puede reducirse por proyección, a través de la cadena de todas las etapas previas, a la etapa inicial que es el mismo cigoto.

La epigénesis, en su forma inicial, era una alternativa al preformismo. De conformidad a su lógica, cualquier etapa momentánea de un desarrollo del embrión se puede deducir a partir solamente de una etapa primaria inmediata, pero no a partir de una de las etapas primarias. Por tanto, contrario al preformismo, ninguna etapa del desarrollo del embrión tiene un prerrequisito directo y unívoco en el cigoto. El cigoto tiene el prerrequisito solamente para el primer acto del desarrollo total. De manera similar, cualquier etapa de la cadena total del desarrollo solamente es un prerrequisito real para la etapa inmediata.

La doctrina de la mecánica de desarrollo la fundó Wilhem Roux, junto con el método “analítico causal” en la embriología, en 1895, de conformidad en la que el embrión se compara a un artilugio mecánico complicado. Para entender cómo trabaja, uno debería saber cómo está constituido ya que una parte actúa sobre la otra durante el desarrollo. En otras palabras, uno debería conocer la localización de las causas de desarrollo. A este respecto, el problema principal es saber si la causa del desarrollo de una cierta parte del embrión está localizada en esta parte o necesita la influencia de otra parte, o del medio externo (diferenciación inducida). Un enfoque para resolver este problema es cambiar el medio local, aislar esta parte, combinarlo con otro, o cambiar el medio ambiente externo, teniendo en mente revelar las conexiones causales.

El problema general de la embriología, de acuerdo a Roux, es la formación de la heterogeneidad visible de algo invisible, la tarea de la investigación principal es revelar las conexiones causales entre estos dos estados: heterogeneidad invisible-cambios visibles, como la naturaleza de esta heterogeneidad invisible, si está predeterminada (preformismo) o aparece de nuevo (epigénesis), Roux mismo dudó mientras otros seguidores del método causal-analítico, tal como W. His y R. Lancaster, adoptaron el preformismo.

(Continuará…).

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