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Algo de música
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Del Festival de Música de Morelia III |
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Rogelio Macías Sánchez |
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Toda la semana pasada hubo acción en el XXI Festival de Música de Morelia (FMM), pero por razones de mi otro trabajo, del horario de los eventos o por no ser de mi onda, sólo estuve en los de jueves a domingo.
La noche del 19 de noviembre fue en el Templo de San Diego y estuvo a cargo de una porción del Ensamble Áureo, multinacional pero residente en México. Vinieron con una dotación instrumental poco común (arpa, viola y flauta) para la que no hay mucho repertorio; unas piezas las tocan los tres, otras sólo dos y otras sólo el arpa. Son buenos músicos aunque desangelados. Ofrecieron un programa interesante por lo novedoso de la combinación instrumental, los autores (Arnold Bax, Buxton Orr, Malcom Arnold, Debussy y Ángulo, todos modernos), y las obras. Pero lo único que me gustó, y mucho, fue la obra del mexicano Eduardo Angulo, moderna pero sin abusar, conservadora pero no anacrónica, y de un hermoso lirismo sugestivo y comunicador de la idea matriz de las Cuatro danzas sibilianas, cada una de las cuales representa a una musa: de la senectud, la madurez, la juventud y la niñez.
La noche del viernes 20 se dieron dos eventos simultáneos del FMM. Escogí el del Centro Cultural Clavijero: Machaca con Morgan Szymansky, apostándole a la modernidad y a la juventud. Morgan Szymansky es un guitarrista que nació en la Ciudad de México hace 30 años. Fue a terminar sus estudios de música en Escocia y allá se quedó. En el 2006 formó Machaca, que es un ensamble de pocos instrumentistas pero variados (guitarra, acordeón, violín, violonchelo, contrabajo y dos percusionistas. La violinista también canta). Tocan música moderna, microfonizada, en espacios abiertos y muchos arreglos, pues no hay música escrita para tal combinación. Piezas las tocan todos y otras, dos, tres o cuatro de ellos. Una real banda contemporánea. El viernes presentaron un programa largo, de muchos autores y sin gran lucimiento, excepto en cuatro piezas de Piazzolla. Se pregunta uno: ¿Qué sería de estas bandas sin Piazzolla? También me gustaron Bongo funy, obra propia de los percusionistas para ellos dos nada más, Marimba espiritual del japonés Minoru Miki, para los percusionistas también, y una pieza que hicieron esa tarde con los alumnos de percusiones del Conservatorio de las Rosas y que con ellos presentaron; sencilla pero muy linda y los alumnos, orgullosísimos.
El mediodía del sábado 21 de noviembre, nos apersonamos en la Sala Niños Cantores del Conservatorio de las Rosas, para estar en uno de los conciertos más esperados del festival, el que ofrecerían Tanya Anisimova, violonchelista, y Alexandr Pashkov, pianista. Los dos son rusos, pero han dejado su país. El concierto cumplió las expectativas de calidad, belleza y emotividad con interpretaciones magistrales, al violonchelo solo, de Tanya Anisimova en la Suite No. 4 de Bach y en una obra propia, Variaciones sobre el tema popular catalán Cançó del ocells. Pero lo mejor se dio en obras que tocaron los dos y la verdad es que no se cual escoger entre la Sonata para violonchelo y piano No. 1 de Brahms, los Aires gitanos de Pablo de Sarasate en transcripción de la propia Tanya o el Abendlied (Canción de la tarde) de Schumann, que ofrecieron como encore. Tanya nos quedó a deber alguna improvisación, que le resultan estupendas. Quizá no venía en ánimo.
El domingo 22 cerramos nuestra semana musical con un platillo fuerte del FMM, los seis Conciertos de Brandemburgo de Bach con la Capella Cervantina que dirige Horacio Franco y solistas invitados que tan magna obra requiere. Tales conciertos son seis y fueron presentados en 1721 al margrave de Brandemburgo como una muestra del trabajo de Bach y para solicitar empleo. El tal margrave era un patán que ni se dio la molestia de abrirlos y mucho menos de hacerlos ejecutar para escucharlos y un día se destinaron a papel de envoltura en una carnicería; un cliente se dio cuenta de lo que eran y los rescató, conservando para la posteridad una obra magnífica del barroco alemán. Son muy variados, en instrumentación, armonía y formato, pues eran un muestrario de las diferentes habilidades compositivas del autor.
Es poco frecuente que se presenten juntos en un solo concierto, como ahora ocurrió, y si el ánimo no está bien dispuesto o se espera demasiado de la velada o los músicos no están en su mejor noche, puede resultan en una experiencia tediosa, pues la música se vuelve muy predecible y siempre la misma, por lo menos como la tocaron esa noche; no se sentía un verdadero espíritu barroco, sonaba falso. Lo sentí mucho, pero ni modo.
Hasta la próxima.
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