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¿Qué hago con ella? |
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Maripaz Christy Vera |
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Cuando usted desecha una pila, sí, esa que dejó de servir en su reloj, radio, juego, control remoto, ¿qué hace con ella? La mayoría de nosotros la tiramos al cesto de la basura y sumamos una más a las 36 mil toneladas que se tiran al año en nuestro país, además de agravar la contaminación del medio ambiente.
El Instituto Nacional de Ecología señala en un estudio que de 1960 a 2003 se liberaron en el país aproximadamente 635 mil toneladas de pilas, las cuales produjeron cerca de 190 mil toneladas de sustancias tóxicas.
La Ley General de la Prevención y Gestión de Residuos contempla a las pilas como parte de los productos que generan residuos tóxicos. Éstas son fabricadas con elementos químicos considerados como tóxicos. 30 por ciento de su contenido son materiales que causan daños a la salud y el medio ambiente. Sin embargo esta ley parece letra muerta a la hora que se dispone de las pilas usadas.
Por ello es necesario emprender campañas y programas que hagan conciencia en la gente sobre el daño que producen los elementos con los que son fabricadas. Una pila de mercurio puede contaminar 600 mil litros de agua; una de zinc-aire, doce mil litros; una de óxido de plata, catorce mil litros; una alcalina, 167 mil litros de agua, y una de carbón-zinc tres mil litros.
Se requiere un plan de manejo y la infraestructura necesaria para su disposición. Pero pocas entidades de la República tienen un sistema y un programa para disponer de las pilas. Una de ellas es el Distrito Federal, en donde desde hace dos años se han instalado contenedores para que la gente vaya y deje sus pilas usadas. Son 280 ubicaciones distribuidas en todas las delegaciones, en donde pueden depositarlas. Una vez que se junta un volumen suficiente es entregado a un centro de transferencia ubicada en el estado de Nuevo León para su manejo final.
En Uruapan, el mes pasado, autoridades del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio anunciaron un proyecto para la instalación de un centro de acopio de pilas alcalinas. De acuerdo a información publicada en La Opinión de Michoacán, Miguel Quevedo Ramos, auxiliar del Departamento de Educación Ambiental, explicó que con este centro de acopio se pretende hacer conciencia ciudadana para tener un buen desuso de las baterías. Sin embargo ni en la ciudad ni en la región se cuenta una planta tratadora o de disposición final, por ello las pilas recolectadas se entregarán a la Semarnat.
Este es un primer paso, sin embargo, poner un contenedor, por sí solo no va a cambiar un hábito de los consumidores. A la par habría que empezar una amplia campaña de difusión del impacto ambiental de los elementos con que se producen y los cambios que tienen al ser expuestas al fuego o a cielo abierto. Abrir varios depósitos para la recolección de pilas usadas en diferentes puntos de la ciudad; sensibilizar a los niños y jóvenes en las escuelas sobre el tema e involucrar a los habitantes de la localidad en la solución de este problema. Además esto puede propiciar una cultura de participación ciudadana que impulse no sólo a exigir soluciones sino ser parte misma de esas respuestas.
Hay muchísima razones para desear que esta campaña tenga éxito: lo que está en juego son los elementos que sustentan la vida del planeta en todas sus formas, incluida la humana. No podemos darnos el lujo de que fracase, por eso creo que todos debemos unirnos a esta cruzada. Cada uno en su ámbito de acción: los docentes en sus escuelas, los medios a través de sus emisiones escritas o electrónicas, los padres en sus hogares, los ministros religiosos de sus púlpitos, los políticos haciendo leyes y otros vigilando que se cumplan. Habrá que empezar muy intensamente por informar sobre el tema: la gente tiene poca información al respecto.
Y cuando decimos a todos, estamos incluyendo a los fabricantes de las mismas. Ellos deben compartir la responsabilidad. Si obtienen beneficios millonarios de la industria, es justo que se hagan cargo, junto con la sociedad, de los costos que implica deshacerse de los residuos peligrosos.
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